lunes, 6 de agosto de 2012

Desvarío


The NightmareJohann Heinrich Füssli,  Goethemuseum, Frankfurt. 1782

Desvarío
Entre desvaríos tiene una visión reveladora y empieza a estimularse ingiriendo y alimentándose con pétalos de flor de loto; de esta manera consigue dormir y descansar. Se despierta y entonces confirma la realidad de su vida; ¡se mortifica y la escarnece la soledad!
Vuelve al sueño y en sus derivas y castigos se “estampa” en el cuerpo las cenizas del Ausente, las mezcla con las dulces jaleas del recuerdo. Literalmente se viste con ellas; de la cabeza a los pies se extiende por todo el cuerpo aquel sudario de dolor, placer y deseo; ¡así queda uncida en un acto de purificación! Primero se embadurna con aceites perfumados y después se rocía con los restos incinerados del amante  así lo hace mientras canturrea una plegaria. Entre caricias y gestos voluptuosos canta. Con calma mueve las manos hasta quedar cubierta del rocío de la muerte. ¡Queda blanqueada como un actor del teatro nŌ! Para dar más énfasis a su actuación camina lentamente, se mueve sigilosa y reproduce los gestos y alaridos de su sombra. Entonces se despierta y exclama…

-Es mi vestido de novia!-
Con tus cenizas
Alimento mi alma
Toda la noche

 Allí, tendida en el lecho e inmersa en la pesadilla como nos presenta el cuadro de Johann Heinrich Füssli, queda rendida, entregada y vencida. Así, una y otra vez entra y sale por la puerta de la ilusión, actúa a capricho por la ventana de asombro y por ella entra furtiva en el sueño de sus propios deseos. Es una realidad que Lucía reconstruye incesantemente, día tras día la replica en su mente; siempre la misma historia con matices diferentes. Los relatos se suceden pero las situaciones son parecidas con los mismos estados de ánimo; así cuenta los meses, los años... así desea consumir el tiempo prestado y vestir la vigilia de su vida.
De súbito despierta y comenta a gritos; ¡sin abrir la boca lo dice todo…!

-El pasado ya no existe, es el espejo del tiempo que se replica en la mente, sólo en el pensamiento me encuentro con él y junto a él soy el verso activo de la pasión frustrada.
¡Amor! en mi memoria duermes y junto a ti recupero el sosiego por un instante.-

Vuelve al sueño, se desplaza en un estado de duermevela y deja aletargado cada fragmento del cuerpo; ¡ya se ha hecho cansancio permanente! Un estado insoportable le nubla los sentidos, la deja postrada, desfallecida en la depresión y la agonía; ella cede ante el languidez del alma, lentamente se aleja del impulso vital y se desploma sensual en el lecho. El poder de las sombras están sometiendo su voluntad; ya no opone resistencia y la desgana vencedora fluye en su cuerpo. Entonces, una visión terrible aparece en su mente, se ilumina toda la escena y aparece él, magnifico y exultante de vida. En aquel instante se abre la ventana del asombro, el viento retira las cortinas y entra un caballo desbocado por aquel hueco oscuro; ¡mármol de luz espectral que lo distingue todo! Absorto me observa, iluminado como un topacio, desde dentro del relato mira sin verme. Ya fuera de la fábula me contempla con reverberaciones fluorescentes y los ojos espantados.


Con que sigilo
Me abres las entrañas
Luz de íncubo

Entonces se revela el enigma del sueño, el Ausente se transforma en un íncubo, tiene orejas puntiagudas, cuerpo de mono y una sonrisa maliciosa en el rostro. Se posa sobre ella y el cuerpo de Lucía se deviene en su muñeco. Al otro lado de la cama una mesita de noche presenta los elixires del diablo, objetos delicados de la pasión y el engaño. Sin preámbulo alguno, la toma de un impulso, la posee en el sueño y la picotea como un palillo lo hace con una aceituna. La saborea dulcemente, la voltea en la boca como una golosina y con los dientes le propina mordiscos chiquititos. Con su falo ardiente se abre camino entre aquellas carnes asustadas; ¡ellas ceden, se abren solas como sus llagas!

Dulce pócima
Me inyecta tu pene
De turmalina

Dormida, desmayada, aterrada, anhelante, deseosa y jadeante, en un segundo se contempla literalmente atravesada, traspasada por el eje del mundo. Se contempla asustada y lasciva, con sensaciones indefinibles. La vulva se contrae y se dilata sola y un pequeño temblor la alerta en un momento de espanto. Un surco zigzagueante corre hacia arriba, una lombriz penetra hacia su centro como una semilla diabólica. En el duermevela no le queda más remedio que exclamar …

-¡Quizá me he quedado en cinta, hacía tiempo que lo buscábamos!-

Se despierta sudorosa: ha sido una pesadilla y quiere evadirse de lo que ha soñado, huir de todos incluido de los paisajes que presenta su mente. Entonces se tapa los oídos para no escuchar a nadie y sólo sentir el lejano rumor del mar. Decide coserse los labios con los tendones que le dio el amante de arrayanes, sellarlos para mantenerlos siempre en el silencio. Desearía lacrar la boca para que por ella no salga ni una palabra de lo que ha soñado; piensa que ha sido una traición intolerable de su mente oscura.

-¡Nada de lo que ha pasado esta noche ha de trascender!-

Lucía es confiada y sin pensarlo mucho, va y me lo cuenta…

-¡Qué inocente he sido! ¡Confesarme a  un perro como el Chacal que vive de la carroña que destilan los humanos!-

Estos deslices le hacen pensar que esta volviéndose loca, que su mente está deshonrando la limpieza del amor, derribando el hermoso castillo que ha tejido con tanto esmero. Mus manos, su boca, su mente se contradicen y con ello entelan el añil pálido del recuerdo. Entonces evoca el primer sueño y empieza a comer pétalos de la flor de los manglares, los pistilos del olvido.

-Tengo que salir de este encierro; ¡qué puedo hacer!-

Abrir ventanas
Taponar las heridas
Con tus cenizas

Pero no consigue olvidar, en el fondo desea permanecer en el sueño para imaginar que puede caminar con él, hacer el amor y vivir con él, dedicarle cada segundo para mecerlo en compañía. Desea cuidar de sus restos como un centinela, ser la vigilante perpetua que custodia la tumba del héroe.
Los delirios no cesan y en ellos se precipita, cae tambaleante una y otra vez, se hunde en ellos una y otra vez, así se rinde al infortunio y anhela el final de la desventura. Decide que sólo en el amado su vida tiene sentido. Se calma y adopta su lugar permanente entre nosotros. Para que así sea quiere prestarle su boca, dice que es para que deguste las delicias del mundo y no tenga que vagar por la noche de manera furtiva. Decide trasplantarle sus oídos para escuche los versos del sol y darle sus labios para que avive con ellos el amor eterno. Piensa que si todo lo que ella tiene es de naturaleza humana y se lo ofrece de corazón, totalmente entregada y él lo recibe generoso y convencido, no tendrá que valerse de los engaños del sueño nunca más.
¡Exclama exuberante de lujuria!

-Soy una urna repleta de besos apasionados... Dónde puedo derramarlos si no es en ti... ¡satanito de mis noches!-
Toma mi boca
Es cuna de canela
Entre dientes

En el desvelo de Lucía arde la llama de la pasión y confunde la imagen de un monito de pesadilla con un perro de las estepas. Es tan fuerte el ardor que deposita en el Amante perdido que se confunde en todo y con sus propios besos se llaga los labios. Se engaña y en las caricias se hunde las uñas en la carne y para colmo tiene visiones que aparecen y desaparecen entre espectros. En la estancia hay un trasiego incesante de espíritus en celo que recrean una y otra vez las paradas nupciales. El puñal de la lujuria es el que abre todas las puertas y cierra los visillos, pero las voces, jadeos y suspiros resuenan hasta en el jardín. Vuelve a caerse en el vacío de los párpados; ya casi inertes y mortecinos se rinden a la gravedad física y se desploman. Entonces, en ese decaimiento sin esperanza empieza a renacer, a percibir como se activan los sentidos. Nota como las serpientes de sus tendones la estiran, las fibras nerviosas se agilizan y entre los pechos se desplazan. Percibe con un placer inconfesable como estos se endurecen, se tensan erguidos y ansiosos.
A la sazón del momento escucha voces, susurros que vienen de puertas ocultas, siseos que adornan el dormitorio y provienen del fondo de la noche; ¡atraviesan los espejos! Piensa que es el Ausente que vuelve; ¡otra vez engañada!
Es el Chacal que ronda por la estancia y habla con boca de nigromante; le dice entre dientes…

-Estoy conectando… por favor guarden silencio; ¡ya siento su voz, ya escucho su letanía en el redoble de la campana!-

Lady Macbeth con los puñales  Johann Heinrich Füssli (1812), Tate Gallery, Londres.

Aquí se hace obligado terminar de definir el perfil psicológico de este mortal, un pícaro travestido que anda detrás de conocer la resistencia humana y alega jocoso que trata de investigar los enigmas de la inmortalidad. Puede ser que en este cómico siniestro se halle toda la luz y el misterio de estos relatos. Quizá el motivo principal no sea la falta de luz de Lucía sino la pérfida luz del Chacal la que nos ilumina. De entrada sabemos que  es hábil con las artes del embrollo y tiene un objetivo claro y voluptuoso. Es un perro demasiado humano, un zorro que devora todos los desiertos con los ojos; ¡una hiena que escandaliza con su risa los murmullos de la noche!

Este personaje es el inductor de las fiebres pasionales de Lucía, el que interpreta el aúllo de la tierra y dice lo que dice porque le viene en gana decirlo. Es la voz de la libertad que ronda confusa y se propaga entre nosotros. Es pérfido y afirma que es médium y se hace pasar como el mensajero del otro lado de la vida. Según él en otro tiempo fue la bruja Endor, la que invocó el espíritu de Samuel en presencia de Saúl (Biblia, 1-Samuel 28), entonces dijo cosas que no debieron ser escuchadas. En otra ocasión tomó cuerpo distinto y fue la bruja Circe, la que convirtió la tripulación de Odiseo en cerdos. Más tarde fue el mismo Ulises cuando consulto a los muertos para descender al Hades. Quizá el Chacal es hoy el mismo nigromante que en Parsifal, la obra de R. Wagner. Allí se presenta como Clinschor, o también, Klingsor el siniestro y cruel personaje que citará Novalis con otros destinos señalados en el rostro. Siempre es el mismo con las mismas pretensiones, tiene el poder de cambiar las situaciones y el perfil de su estrategia. Es una figura mortal que se encarna en un deseo inmortal, un impulso que permanece en la caja de los sueños de cada persona.
En realidad quién es? Un lenguaraz sin remisión alguna o una réplica activa de las estrategias humanas más bajas. Habla, regurgita, expulsa ideas y no tolera tregua; ¡que si patatín, que si patatán! Pero en realidad su discurso es pura acción vital, la lucha salvaje por la vida, sus palabras son rodeos envolventes para atrapar la presa. Él conoce la condición humana y piensa en la tupida red donde vive. Sabe que en esas condiciones Lucía no podrá escapar de las mallas que le ha tendido. El juego de la red es la trama y urdimbre de la pura realidad. ¡Él, como el mesías, se siente el pescador de almas! Mirad bien lo que piensa.

-Nadie se puede escapar de estas coordenadas, solo podéis escoger el agujero donde quedar atrapados.-

Sin más argumentos, lo que el Chacal pretende son los favores de la desconsolada Lucía; ¡todo lo demás son tapujos y palabras huecas!
Para terminar su obra de persuasión amorosa, dice que le ha dicho que le diga…

Lucía,
arriendo
el tiempo lascivo.
Entre millones de años estuve fundido;
¡ya no florecen los días!
Hace meses que oculto
mis vientos en la tierra;
¡soy respiración mineral!
Perfil plano que desdeña,
un dibujo de humareda.
Hoy sientes mi voz;
¡pido el indulto!
Lucía,
vive tú,
déjame descansar!

Junto al muérdago del bosque
se están fundiendo tus titubeos,
ya renaces entre los verdes prados.
Lucía vive tu, toma el aliento anhelante,
mira como germina el espliego, ¡ya florece el rosal!
Contempla los colores del alba, ¡empieza el perfil de otro día!

Ella escucha incrédula esa voz epistolar y desconfía de sus instintos, recela de los sueños, de los amigos y mucho más del mensajero; ¡el humilde bufón que os entretiene!
Lucía se enoja conmigo, Gregorio Bermejo, el que pone voz al Chacal y en algunas ocasiones soy brusco y claro. Se enfurece  y me insulta hasta cubrirme de improperios, medias verdades y calumnias. Inclusive me dice impotente prostático, falo de gallo, capón de pascua; ¡qué carácter madre mía! Entonces actúa por despecho, se yergue sobre su propia tristeza, se eleva como una heroína, cierra los puños y se convierte en la guardiana de los amores imposibles.

Cuarenta días
Él me hacía el amor
Como un sapo

Qué imagen más sobrecogedora y qué propuesta tan placentera. Cuarenta días en una cópula prolongada como los batracios.

Entonces se desnuda, se coge los pezones con fuerza y grita con todo el pecho, primero lo hace mirando el cielo con el cuello tirado hacia atrás, después se repliega, con humildad cede, baja la cabeza y el tono de voz y musita.

-Deseo darte mi cuerpo entero, hasta las uñas son tuyas, los labios, la nariz y los oídos, todo, para que puedas disfrutar de la vida a través de mis sentidos. -

Deposita en el tiempo un minuto de silencio y añade:

-¡Amor! estoy dispuesta a ser tu soporte material a sacrificar mi pensamiento para que el tuyo viva y crezca en mi. Quiero transmutar mi vida para que tu habites en los huecos de mi mente y entonces mi cuerpo pase a ser el juguete de tu voluntad.-

Así lo hace y se pone su mascara como una segunda piel, se viste su ropa y simula su rostro. Lo diviniza como Hércules luchando contra Anteo y se desplaza por el mundo con la identidad del Ausente.
Sin pensar en nada más, olvida sus estrategias, niega sus propias ocultaciones y canturrea mientras desliza las cortinas, cierra puertas y ventanas y seguidamente se limpia los dientes con enjuagues de tomillo. Entonces sale de su boca una vocecita de niña tarara…

El gusarapo
Entra en mi piel
Y se duerme

El amado no responde nunca, no puede hacerlo, ya no es nada, ¡menos que nada! Sólo es recuerdo, el impulso de un deseo que Lucía alimenta. El ausente no es otra cosa que el hálito de una quimera, la llaga que la confunde y la colma de incertidumbre. Vuelve a dormirse y con calma rescata esta imagen…
En
la boca
le suspiro,
 le doy aliento,
 así, una y otra vez,
hasta que la vida empieza
de nuevo a golpearle el pecho.


-¡Otro sueño…!-

Entre tanto despierta, recupera la serenidad y la claridad en las ideas.

-El destino me ha ofrecido intermediarios seductores, casi magos del embrollo, pero ellos no terminan de hacer el trabajo, tampoco pueden hacerlo; ¡no les dejo!-

Lucía tiene los oídos obstruidos con los tapones del miedo. Hay cuestiones sensibles para tratar que hacen de esta idea una caja temerosa; entre ellas la falta de fe y la convicción quebrada, en muchos aspectos enfermiza. Por otro lado está el temor a equivocarse, el mal remiendo a una situación dolorosa. El tiempo no ha rehabilitado todavía el siniestro poder del recuerdo. Entre tanto ella exclama entre dudas y presiente que él no vendrá nunca...

-No quiere estar; ¿habrá dejado de quererme?
Si yo estuviera en su lugar, volvería de los prados de la muerte para cubrirlo por un instante.-

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