sábado, 11 de junio de 2016

Tarragona: la piel de la ciudad

Tarragona: la piel de la ciudad. A Ramón Egoscozabal

Losa 1, 90x120 cm. Acrílico y polvo de mármol. 2015.  
Introducción

Las ciudades exponen sus llagas como recuerdos vividos, exhiben sus laceraciones como medallas, muestran las manchas de sangre como inútil recordatorio, presentan los rincones con sales úricas como abandono y revelan los rasguños del tiempo como los versos de la muerte. Si te acercas a sus muros verás como todo eso habla con voces sinuosas y violentas. Sus manchas describen paisajes asombrados, rostros entumecidos, espacios silentes y lagos fascinados. Entre sus reverberos vemos como las piedras explican el pasado y el presente y en el lienzo de su piel se describe el tiempo de manera clara. Él ha dejado señales precisas, signos sobrepuestos, marcas furtivas, nombres de amantes, tensiones políticas, respuestas estéticas, soluciones urbanísticas y decisiones frustradas. Todos son relatos asombrados, mudos, expectantes y dolidos que nos dicen mucho más que lo que se explica en la historia oficial.
Animados por estas certezas, por las lecturas intuidas y los deseos de absorber el aliento del tiempo, el fotógrafo, el pintor, el poeta, se dejan llevar por sus subterfugios, sus seducciones y melancolías y conectan con el pasado. Observan que lo más bello de la ciudad suele ser lo más simple y que la mancha fortuita, la pared enmohecida, la pintura sinuosa y desgarrada, describe mucho mejor el dolor de los habitantes y decide presentarlo de manera sublime y emocionada.
El arte y la expresión de la materia llevan miles de años generando renovados alegatos, historias interminables propuestas motivadas por lo fortuito y los artistas han tomado estas sugerencias y se las han hecho suyas desde tiempos remotos. Actúan como amantes permanentes, enlazados en sus aportaciones y dependencias: la textura, la mancha, el relieve, han sido el punto inicial para las pinturas de Lascaux, Font-de-Gaume, Gruta de Pech Merle, Altamira, Cogull…
El artista-chaman toma las sugerencias del mundo y termina lo esbozado: entonces la grieta, el volumen, la sombra y la mácula dialogan con su boca. Habla de lo que induce la roca y de allí hace derivar su obra como continuación de lo que explica la naturaleza. La acción es para hacer convivir lo sugerido con sus avatares personales y para ello se sumerge en una interacción asombrosa, demiúrgica y reveladora. El muro es el lienzo natural y el lugar donde la materia se transmuta, se anima y se deviene en símbolo, en recuerdo, en valor moral y en historia. Con la acción del artista-chamán, la materia se carga de emociones para dejarlas ir permanentemente y presentarnos así la “naturaleza profunda de lo real”. La materia se convierte en lenguaje, en significado y en utilidades morales, religiosas, políticas, sociales y estéticas. Su cometido es primordial y lo hace para alcanzar cotas expresivas que han definido siempre la realidad de la cultura y han dejado un escenario saturado de propuestas muy difíciles de contestar y superar.



Anfiteatro, 90x120 cm. Acrílico, lacas, tintas y polvo de mármol sobre tela. 2015.

Expresión y materia
Como estilo y lenguaje específico, el arte matérico toma la fuerza del animismo y del expresionismo y su difusión fue en su momento universal. En occidente tuvo mucho más tarde una “línea filogenética” variada, poderosa en sus aportaciones y rica en sus contenidos. Sus valores oscuros, dramáticos, escatológicos y otoñales viene de lejos pero toma forma clara en el Greco, Goya, M. Grüenwald, Willem de Kooning, Chaim Soutine, Oskar Kokoschka y una considerable lista de autores que introdujeron la expresión de la tiniebla, el valor del otoño, el misterio de lo oscuro y el hedor de la muerte en el tratamiento de la forma y en el valor intrínseco de la materia. Fueron muchos más los artistas y estilos que practicaron el camino de “la realidad como arte” o mejor aún,  la “estética de la realidad”. Lo hicieron para aumentar en la percepción del espectador el impacto subjetivo de la obra y para dejar los elementos narrativos, las descripciones formales y las obviedades innecesarias en un lugar secundario.
 Al final de los años 40 el informalismo y el Art brut dejó muestras excelentes de las aportaciones que la materia prestaba al arte. Hay que destacar de aquellas investigaciones las obras de Jean Fautrier, Dubuffet, Millares, Fontana, Tapies y muchos otros que aportaron al territorio del arte una nueva mirada: la materia podía ser el elemento expresivo que justificaba la obra y todo ornamento innecesario podía ser suprimido. La noción de “arte matérico” (“La realidad como arte”, Antoni Tapies, 1989), se impuso como lenguaje y la aportación del concepto derivó en muchos otros campos expresivos. La mirada panteísta del azar acercó el arte oriental con el sentir estético de occidente y el valor de las texturas, la cualidad de las tierras, el color del material y el capricho de las formas naturales derivó en una mirada nueva. A partir de entonces las arenas, gruesos de pintura, colores naturales, paja, hierba y los objetos más insólitos formaron parte de las obras. Con estos procedimientos, recursos y libertades, se creó una “epidemia creativa” de proporciones desmesuradas, tanto que es difícil no encontrar rastros, dependencias y contribuciones en las obras de los artistas de aquella época. Todo fue rodado hasta que en los setentas los artistas salieron del estudio para contemplar otra vez la materialidad del paisaje y trabajaron directamente sobre él valorando todo lo que veían: el agua, el viento, la luz, las piedras, la tierra y el fuego. Algunos de ellos llevaron sus experiencias a la galería: Richard Long sus círculos de piedras, Walter de Maria llenó una sala de tierra y la dejó cubierta y abierta permanentemente, Robert Smithson se centró en los megaproyectos, Chisto Kabachef empaquetaba fragmentos del paisaje y aportaba la documentación como obra y Jemes Turrell, hacía que la luz se materializara como una neblina misteriosa que satura el espacio. En las obras Turrell se pierden los referentes y se borran las sensaciones que anuncian los límites: todo aparece como un limbo auto-contenido que se expande al infinito.
Con el valor de la materia se han ensayado todos los caminos de la “representación”, todos hasta llegar a la “presentación”: ella en solitario sin otro mensaje que el que aporta su aliento y pongo como ejemplo la piedra de la “Capilla turcana”. Así llegó a independizarse de cualquier sumisión narrativa y bastó su pura presencia como “aparato existencial”, como aportación moral, comunicado estético y valor artístico. Al  llegar los años 80 la materia hablaba sola, sin tocar ni una coma y sin la necesidad de ninguna intervención, ella lo era todo en la obra. En esta línea se encuentran piezas de Joseph Kosuth, Richard Serra, Walter de María... Más tarde se incorporó en un arranque de expresionismo sucio, de arrebato creativo; las colillas, papeles, restos de paella, de basura y todo aquello que estaba al alcance de la mano en los cuadros de Miquel Barceló. En este nuevo renacer de la materia se encuentra Julián Schnabel, con los platos rotos, Mario Merz con los cristales, mármoles, maderas y hierros y Gilberto Zorio que con su manera de reutilizar los objetos viejos hace de un rastro el museo ideal para el maestro del arte “povera”.


Recordando Pompeia, 90x90 cm. Acrílico sobre tela. 2015.


Miradas y resistencias
Hago recuerdo de lo anunciado para centrarme unos segundos en la obra de Ramón Egozcozabal y para constatar que la materia siempre será el soporte de toda expresión, la matriz de todas las ideas. Este ha sido el motivo para animarme a escribir el texto y dejar escrita una reflexión que siempre me ha cautivado.
Con la materia y sus infinitas variables, cada persona puede contemplarse en sus cualidades y sentirse parte de ella, de echo, somos materia que se interpela. El "buscador" puede recrear sus tratamientos, proyectar nuevas miradas y extraer energías propias que despierten la razón de existir. El trabajo creativo, la manipulación de materiales, los colores y las formas, generan actitudes de resistencia que dan sentido a lo que vemos y hacemos: en la interpelación nos hacemos. También con él se forjan valores que refuerzan nuestras flaquezas y se reagrupan en la obra los contenidos dispersos. Con la acción de pensar con las manos puestas sobre el trabajo y rehacer los conceptos ya pensados, se justifican y afianzan los caminos conceptuales y se construye la mirada personal tenga el recorrido que tenga.
Ramón es arquitecto, ha trabajado los materiales como elementos estructurales, como forma de resolver espacios y como recubrimientos funcionales y estéticos. Desde hace años ha hecho servir la plástica como un refugio para sus inquietudes, ha ensayado todos los caminos estéticos posibles y en la pintura ha encontrado el espacio para depositar sus incertidumbres.
Sus pinturas son de pequeño formato y presentan trazos ágiles, amables y familiares. Trabaja la acuarela, el dibujo con rotring o rotulador de punta fina, la mancha como campos de luz difusa y la línea como definición de límites que conviven en su lugar. Siempre se puede apreciar en los temas que trata la presencia de lo concreto: suelen ser paisajes urbanos, detalles de una fachada, estados ruinosos, bosques solitarios y campos nevados. Hace años que ensayó la pintura abstracta, lo hizo con acrílico y dejó muestras de gran sobriedad y contención al dejar que los límites, el contraste entre las manchas de color, los difuminados de tono y la contención de la luz fueran ordenados y armónicos. Ahora hace una incursión en la pintura matérica: para él, un añorado reencuentro de anteriores trabajos.
Con la pintura, Ramón no pretende hacer historia, sólo desea hacerse así mismo, crecer como persona, sentirse útil, cultivar las manos, hacer que sus ideas crezcan sobre el papel o la tela y verse reflejado en su camino. Con este honrado gesto deja sus testimonio para que cada cual saque sus propias conclusiones: el resto, inclusive este texto, son circunstancias atenuantes que le acompañan.


Cicatrices. 80x110 cm. Acrílico sobre tela. 2015.


La piedra y la carne
Últimamente Ramón ha tratado el tema de la piedra, la pátina encarnada en la ciudad de Tarragona, su uso en la arquitectura, el valor de sus ornamentos y el vaho que el tiempo deja sobre ella; todo para fijar la mirada sobre la ciudad donde ha vivido muchos años. En ese contexto conceptual ha pensado que la opinión de un escultor podía ser útil a los demás: me lo comunicó y aquí dejo mis observaciones por si son de interés.
Pienso que actualmente no necesitamos un espíritu teosófico para transcender la materia; la podemos animar conceptualmente y delegar en ella los valores estéticos y espirituales que necesitamos. Si así lo deseamos, la materia habla por nuestra boca y la podemos doblegar para que represente los simulacros de nuestro mundo ya que la piedra y la carne están hechas de las mismas ecuaciones celestes.
Las obras también son tamujas que trae el viento y nos recuerdan que somos tierra: arena de playa que toma el pintor y transforma entre la luz y la sombra. La expresión es tinta que se desprende y gotea, que se lava con el batear de las olas, que se cuaja con los líquenes secos. Hongos  muertos, heridos que renacen una y otra vez con la voz del tiempo. La arena habla sola, la mueve el agua, la agita el viento y se cincela con las pisadas del paseante, con el rastro de una lombriz o el paso de una gaviota. También se explica tal cual es y nos emociona, ella es más que suficiente para alterar nuestros sentidos y sin manipular su carácter, sin modificar su voz, se puede sentir su parpadeo como la “sutil palabra que excitó el primer acto de la creación”.
Mantener su personalidad, conservar su poder y potenciar sus cualidades es hacer de la materia una semilla que crece en el pensamiento. Ella puede formar una idea nueva con un fragmento de la realidad. Si así lo deseamos y si nuestra mente está preparada, la obra puede ser una piedra que mira por la ventana. La materia canta a capela con nosotros y las piedras también lo hacen con el tiempo:
¡Tarragona tiene el alma de piedra!
Podemos abrir su boca con un martillo y poner dentro una idea, una palabra que destile todos los deseos inconfesados y todos los sutiles requiebros del lenguaje. Podemos escuchar su voz oracular y atenderla como razón fundamental, como expresión de la única realidad tangible.
La materia nos recuerda de qué estamos hechos y al hacerlo nos hace partícipes de una idea misteriosa, sorprendente y divina: somos barro tierno que se alienta. También podemos entrar en su interior con las armas del pensamiento y ocupar sus espacios vacíos, observar sus vestíbulos solemnes, sus salones majestuosos y quizá a través de la teoría insensata de Feynman, actuar en ellos y sentirnos como en casa ya que, en realidad, esos espacios forman nuestro verdadero hogar. Podemos hacer una marcha mental al interior de la materia, a los recodos fibrosos de los huesos, a las simetrías de la moléculas, al juego de las partículas y hacerlo como el que transita una arquitectura fantástica más allá de los sueños.
En el encuentro con los secretos de la materia podemos quedar asombrados ya que es un viaje saturado de preguntas, de deliberaciones obligadas y en el billete va implícita la cuestión de quienes somos. Un ejercicio para vernos por dentro y a su vez sentir el radiante rostro del Hacedor. Un recorrido inducido por el deseo de conocer y querer entender los imponderables de la creación. ¡toda la creación! Un viaje hacia la cara oculta de la materia, a sus sinuosos misterios, a sus apacibles reservas. Una marcha para encontrarnos ante la inspiración natural, ante la innata curiosidad de los seres vivos. Allí nos espera una estancia calmada y reconciliada, un manjar que aumenta el apetito y que ayuda a entender las nuevas realidades. Con la palabra en la boca, el martillo o el pincel en la mano, hay que partir la piedra que fue sitial, columna, ornamento o tumba. Hay que abrir el camino para adentrarse en sus desconocidos versos, para descubrir sus espacios inéditos, para pensar otras verdades que aquellas que anuncia la historia y dejar subyacer en sus lienzos las miradas presentes. Esconder en su piel los secretos y las certidumbres, olvidar los enigmas no resueltos, ocultar las dudas entre papeles de ensayo, las manchas de color, las tinturas de sangre seca, las aguas ponzoñosas y también "los restos de cal viva".


Recordando Ponpeia II, 90x130 cm. Acrílico sobre tela. 2015.


Trabajo y lucha
La queja del creador nace del dolor interior y se expande por el cuerpo como una llama, se diluye entre la carne y se fermenta en la realidad mental hasta hacerse sonido aterrador. El grito queda en la obra y en ocasiones germina del coraje, de la bravura de los instintos. En algunos trabajos no hay nada, son intentos fallidos, hijos muertos, pañuelos lagrimados con cobardía. En otros es mujo que respira pasado, que destila la expresión de la derrota y el tiempo lo hace putrefacto. En la mayoría de las veces es la incertidumbre que se hace llaga y muestra la terrible necesidad del creador:
-¡Hay que seguir aullando!-
Los aullidos nacen con el crujir de las piedras, el aislamiento del creador, los silencios de la sociedad, el abandono de las instituciones, la desidia de los políticos, ¡la incertidumbre permanente…! Todo eso enlaza nuestro dolor con el corazón del mundo y con ello se fermenta la conciencia y la obra que más tarde definirá nuestra soledad.
Las piedras de la ciudad nos van a aplastar sin demora, ya tiemblan amenazantes y las tenemos que alimentar cada día con juegos de artificio. Las que están calladas son benéficas, solemnes y equidistantes: los líquenes que sostienen su piel son nutricios y con ellos se hacen pensamientos sólidos. Sus aristas nos dicen que son momentos difíciles para todos y la ciudad permanece en silencio. Está sumergida en la algarabía, los arrebatos, las imposturas y los señuelos: sus oráculos están callados y bostezan por desidia. Salvando algunas excepciones, el arte se ha hecho mudo, interesado, servil, mezquino, simplón y sólo habla, cuando habla, con los ojos del mercado o las complicidades ruinosas de los colegas. No obstante todo puede ser restaurado, reconstruido y macerado con ideas que nacerán limpias algún día. Cuando el apetito de saber se haga necesario, cuando las imposturas no tengan gravedad y la fuerza de vivir se haga imprescindible, entonces miraremos el tiempo impreso en los muros, escucharemos las canciones de siglos, descartaremos las mentiras y tomaremos el aliento germinal que hay en ellos. Entre esas piedras milenarias, sufridas y llagadas, brotarán las ideas marchitas y las nuevas obras se harán visibles con un gemido blanco, esplendoroso y genésico. Entonces caerán las murallas del sueño como cayeron las de Jerusalén celeste: ¡nada es eterno! Entonces las expresiones saldrán serenas y poderosas de los impactos de un martillo molar y con sus caninos de acero se harán los surcos sobre el cobre, la roca y el asfalto. Con sus dentelladas se grabaran palabras claras, se coserán las heridas y se cantarán canciones para jóvenes que desean aprender, trabajar y dejar su palabra escrita. De esa enérgica singladura no aflorarán fuegos fatuos, no nacerán llamaradas que simulan los combates y excitan los gemidos hasta dejarlos en hueso candente; saldrán manos fuertes que modelarán la roca y baldearán los colores con amor y fantasía. De las limaduras de estos tiempos se harán cenizas para ornamentos y de las esquirlas, del material primigenio, nacerá el mundo que podamos ver ¡ya renacido! Seguramente será una réplica del que vimos ayer al despertar el alba: rescoldos que hoy no podemos entender por ser tan cercano y abominado.



El cambio en la materia

En la naturaleza, en la materia, en el brotar de los días el cambio de estado es ley, el movimiento es obligado y sus acciones son necesarias para el imprescindible equilibrio del mundo. Se da en el expresivo légamo del río, en el blanco helado de las altas montañas, entre las dunas y simas marinas y en los lodos resecos, los cuales, en ocasiones se hace emoción y fantasía en la obra. La materia experimenta variaciones y procesos naturales de gran belleza estética. En el fondo de los lagos es lodo escrito, fango que se hace memoria, se activa con los siglos y no puede evadirse de la vibración del mundo. Su piel es membrana que se excita con leyes universales, leyes que la modelan hasta hacer de ella una obra maestra: la naturaleza y todos los requiebros de la vida son asombrosos y nos sorprenden.
El cambio es consustancial a todos los sistemas vivos, es su resonancia implícita y no puede ser ajena al renacer de cada segundo, por ello las variaciones en la materia son una constante permanente. El cambio se encuentra en las lágrimas de la mañana, en el vuelo de los pájaros, en los suspiros del aire y en la brutalidad de un tsunami cuando arrasa todo a su paso. Con las variaciones se fortalece todo y lo hace para seguir los trasiegos de la materia y los seductores envites de la energía. Como un acto divino, misterioso y sorprendente, se activa su aliento entre los brotes de almendro, en el crecimiento de las esporas, en la hojarasca seca y en aleteo de la hojas verdes. Las variables se ven unidas a la materia orgánica, en los hedores de la muerte y en los procesos en descomposición. La materia se expresa siempre y el arte puede tomar buen ejemplo de sus oscuros valores. Su acción se encuentra entre los rayos del crepúsculo, en los estados luminosos y su palabra resuena en los minerales preciosos y los abismos negros. Siempre resplandece al amanecer y zumba entre los légamos descompuestos de la tarde, lugar donde la muerte es semillero de ensueño.
La obra que comento se alimenta de estos estados descompuestos y descansa y se inspira en los manglares del tiempo. Se confía en los lodos que se fermentan como aguadillo primordial para la vida. De sus fétidas oscuridades nacen nenúfares asombrosos y de allí brotan las bacterias e insectos que todo lo disponen para seguir los azarosos procesos del pensamiento. Desde esta posición metafórica se contemplan los barros como el mayor espectáculo del mundo y también se constata que el cambio es su estado permanente. La vibración del mundo es la luz que allí se apaga, rumor que el sol deja en libertad y nos asombra cada día al contemplar como el acto de la creación se hace dolor e incertidumbre permanente.

Provincia Hispaniae Citerior. 30x30 cm. Acrílico, lacas y polvo de mármol sobre tela. 2015.



El hacedor se hace
Se deduce que el mundo es una paradoja inexplicable, igual que lo es el hecho de la existencia humana. Nuestro cuerpo está formado por la misma materia y energía que lo están las rocas; ¡la substancia vacía nos ocupa! Así pues, las ideas que formula el alma humana es como el lamento de las piedras; ellas también anhelan la eternidad y nos interpelan. En su memoria duerme la queja permanente, está ahí para preguntarnos y se halla retenida y lacerada para enseñarnos. Cerrada o eternamente abierta nos asombra, como lo hace la urna del universo y el hueco permanente de nuestra tumba. Las piedras de la ciudad son fragmentos de montaña y nos hablan una lengua milenaria que entendemos al pasar: ¡su código es misterioso!
El espíritu de la obra es aquello que aletea en el pensamiento y se estremece entre los pliegues del cuerpo cuando conectamos con su naturaleza profunda. Todo se activa mientras sentimos esa emoción, ese mensaje contenido y motivado por una mancha oscura. Es un signo impreciso en sorprendente equilibrio. La señal puede estar contenida en una roca que se ha ganado el lugar, un grafiti que escarba en la memoria o el borde de una idea simulada con una orla sinuosa. Puede ser un substancia inscrita en un reguero de tinta, un halo que se desprende libremente y se disuelve en un cambio de color reseco. Un gesto que se contrae entre  partículas y se hace documento escrito;. Hay que pensar que en el muro de la urbe el arte es la ceniza de todos los tiempos.
Todo eso también se puede presentar en una superficie pintada, despintada y vuelta a pintar; así tantas veces como sean necesarias hasta que el tiempo nos diga cuando se da por concluida la voz de la ciudad que hemos sentido. Las telas se amontonan, las ideas crecen y la angustia se mitiga en un instante de gozo.
El ser se contempla en la montaña y constata su aislamiento, entonces abre un hueco en la pintura para acogerse en sus resonancias materiales. Las obras son el refugio natural del autor, ¡los rincones del consuelo! Entonces el creador de destierros descansa la frente sobre la tela y nota su desvarío, su incertidumbre y soledad. Este es el lugar de encuentro, donde nota su fuerza alejada ya del momento de la realización y de esta manera todo el raudal de dudas pasa directamente a nosotros. La obra interpela o quizá protege como un muro que nos enseña a envejecer. Posiblemente nos desampara como un castillo herido, derribado y nos deja perdidos en la indiferencia. En ocasiones puede ser una mirada alentadora, un espejo que ayuda a entender la perversidad de todo, o el sumario de un mundo que se presenta desnudo. Entonces es el testamento ambiguo de la nada, la herida que sangra la falsedad de las apariencias.


Grapa de sillares. 30x30 cm. Acrílico, lacas y polvo de mármol, sobre tela 2015.

Materia y poesía.
La materia hace la obra y construye el pensamiento: no existe nada más venerable, luminoso, conmovedor y expectante que la danza de los electrones uncidos al núcleo. En su eterno y efímero ritual hacen giros pareados, avenidos o enlazados para formar un átomo. A escala diminuta el universo entero se repliega y se muestra radiante en ese espacio diminuto y de manera implícita nos marca el camino de la creación. Todo el principio sosegado del universo es su obra y a todo lo que nos rodea le impone su ritmo. Es un chito de giros sensuales, una cópula incansable de formación ilimitada, un requiebro material que nos mantiene en estado animado; ¡ese es el gran misterio que en ocasiones presenta la obra!
La ciudad de piedra nos acoge como a niños de pecho y su piel escrita con versos furtivos nos acaricia la mente. Sus rincones ornados de lisonjas y cuchillos se desplazan en el tiempo y los lamentos que se describen en la superficie pasan al cuadro transferidas como un eco. Así se muestran: con la luz del día todo se hace mensaje transparente. Las manchas son el significado explícito de su vida y en ellas se ven los rostros espectrales de los muertos. Sus palabras se oyen en la sombra, balbucean tonadillas y nos habla solemnemente del pasado. Entregados al desamor de sus jardines colgantes, al albor de sus ventanas marchitas y absortos en sus calles milenarias, paseamos con el ánimo encendido por el sol. Entonces encontramos mensajes fundidos entre sus piedras, dolor en sus grietas y versos contenidos entre su identidad: su existencia se hace solemne, mayestática y poderosa… La obra queda expuesta en cada rincón, en cada casa y en cada piedra: es una revelación ver en detalle sus tatuajes, sentir sus líquenes como un acto de creación. 

Gregorio Bermejo
Tarragona 2015



miércoles, 3 de junio de 2015

Santa Cruz de la Sierra, Bolivia



Casas de madera con pórticos y balconadas, estilo colonial, sólo se encuentran en el centro. Algunas están muy bien conservadas, otras en el abandono. 

Santa Cruz 
Santa Cruz de la Sierra es una de las principales ciudades de Bolivia.
Fue el lugar donde estuve más tiempo y donde más me divertí recorriendo las calles. En los desplazamientos dentro de la ciudad siempre funcioné con los micros y al final lo hacía con soltura. Conocí a personas de interés y disfruté de sus deliciosas ensaladas, de sus frutas y helados.
En ningún caso quedé indiferente ante una ciudad que crece de manera compulsiva y ha adoptando
una forma tan orgánica de hacerlo como es imitar las capas de una cebolla. Su crecimiento se ordena
de forma radial y una serie de cinturones unen todas las avenidas que llevan al centro.
Ubicada en el oriente, en medio de las selvas y bajo el sol tropical, los “cambas” viven en una tierra agradecida, generosa en lluvias y ardiente temperamento.
En el centro de la ciudad está todo lo que me propongo explicar aquí y lo destacaré por interés personal, por las impresiones que conseguí al estar allí y por que pienso que la ciudad es y será uno de los enclaves importantes de Sudamérica.




Plaza de la catedral, el lugar mejor cuidado de la ciudad.


La plaza 24 de septiembre.
Está situada en el centro de la ciudad, en ella se encuentra la sede del gobierno, los bancos y casas de cambio, los centros culturales y las buenas cafeterías. La plaza 24 de Septiembre es el lugar donde los árboles y la jardinería están mejor cuidados, el pavimento es de calidad y las gentes toman la sombra con sosiego. La tranquilidad del lugar invita a la reflexión, a la comunicación, el intercambio de pareceres y permite hablar de las cuestiones que afectan al país.



La catedral donde destacan las simetrías y los muros de ladrillo.

La catedral
Es un edificio singular realizado en ladrillo rojo y modelado a la manera barroca. Tiene dos torreones simétricos que suponen una atalaya, un punto alto para ver los llanos verdes que la circundan. Es de estilo ecléctico: primero estuvo revocado y pintado recordando la arquitectura colonial, después se quitó el revoco y ha quedado una obra robusta y de gran impacto estético. La nave central es limpia y las cubiertas revestidas de maderas nobles hacen de aquel espacio una sala señorial.


Celia: Fue la persona que me informó de todo lo que acontecía en Santa Cruz. Conocía la ciudad como nadie. 

Salteñería Celita

Cada día al llegar al centro paraba a desayunar, una salteña y “un mate de coca”. En la "Salteñería de Celita" las hacen muy buenas y al mismo tiempo puedes ver una buena colección de fotografías de época fundacional. Celia es una mujer de edad indeterminada, amable, generosa y tiene en su mente más información sobre la historia de la ciudad que la que podemos ver en el museo. Le animo a que la ponga sobre papel y como le dije a ella, el título podría ser “Santa cruz minuto a minuto.



Imágenes de la historia de Santa Cruz. Salteñería Celita. Santa Cruz de la Sierra, 2015

TitoKuramotto Pintor de Santa Cruz. 2015

Tito Kuramotto
Tito Kuramotto es un pintor de Santa Cruz y el nudo espiritual de la Escuela de Arte. Estuve con él unas horas y me dio la impresión de que era de gran ayuda a los jóvenes profesores de la Escuela de artes visuales. Su pintura es fresca, nerviosa, colorista y llena de sugerencias tropicales. Si he de encontrar algún desacuerdo, lo centraría en su exceso. Pero es un defecto mío, yo tengo tendencia a la economía de medios. No obstante creo que le ayudaría a la obra decir menos y hacer uso de la gramática del pincel grande. Por lo demás: es un maestro.



Cena con amigos: escultores y directivos de la Universidad Cumbre en Casa de Juan Bustillos, Santa Cruz de la Sierra 2015

Puerta en la casa de Juan Bustillos Santa Cruz 2015. 


Casa de Juan Bustillos en Santa Cruz. Bolivia. 2015

Juan Bustillos
Sin duda Juan Bustillos es un escultor que conoce bien el oficio, los requiebros de la materia y los valores que quiere transmitir. Tiene una manera amable de decir las cosas, se apoya en el misterio, en el legado de los sueños, en las deformaciones intencionadas, en lo mitos, en los legados antiguos. Lu obra conecta con los sentimientos de la clase media y su aportación importante se descubre en la manera de vivir... 

Estación de autobuses Bimodal. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

La Bimodal

Es la estación central de autobuses es un lugar lleno de vida, es donde confluyen todas las líneas del país. Su característica principal es el griterío de los anunciantes, cada uno tiene su voz de solista, así se anuncian las diferentes empresas.

¡Cochabamba, Cochabamba, Cochabamba, bamba, ba… La Paz, La Paz, La Paz, Paz, Paz… Oruro , Oruro. Uro, uro…¡
Un griterío criollo que llenaba el aire de estímulos y te provocaba la ganas de viajar, montar el primer autobús y marchar…

domingo, 31 de mayo de 2015

Asociación Tiluchi: un hogar en Bolivia

Entre un grupo divertido, un niño que gira los párpados. Tiluchi, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 2015

Asociación Tiluchi: un hogar en Bolivia

La condición humana

Bolivia es un país rico en recursos naturales, cuenta con grandes reservas energéticas, mineras, agua en abundancia, tierras fértiles, un clima cálido y variado y un territorio interminable.
¿Qué pasa para que las desigualdades sociales sean tan contrastadas…?
¡Quizá son víctimas de la condición humana!

Algunas personas se encuentran totalmente desamparadas: la sanidad pública es deficiente, la educación también y el orden social es precario. No obstante pienso que el nivel de felicidad es más alto que aquí. En general, allí el sosiego personal no se basa en el tener, si no en el disfrutar lo que les es dado, lo que la vida ofrece y se toma con alegría. La pobreza se asume con tranquilidad y la tierra, el sol y los ríos proporcionan abundancia para vivir. Pero en la ciudad se crean desarraigos, exclusiones y abusos producidos por la condición humana: ¡situaciones de miseria e indignidad...!

Las clases poderosas son depredadoras en todas partes y si los mecanismos de control son deficientes las corruptelas arruinan a un pueblo: aquí lo sabemos muy bien. En todas partes somos víctimas de la “condición humana”.

Sea en el sistema que sea, los que tienen el poder se apoyan sobre sus clases sociales y sobre bases populares desclasadas... Los poderosos hacen servir los sistemas de propaganda, la prensa escrita, la TV. la educación, la manipulación de la historia, la religión o las ideas políticas. Así construyen a los suyos y le llaman "el pueblo". Les dan, o aparentan darles, prebendas pírricas y con su consenso y apoyo se corrompen y arruinan el país. Los poderosos no tienen otra moral que aquella que produce beneficio, es un impulso insaciable que no pueden controlar ya que es un estado emocional irreflexivo. Sus impulsos son la respuesta psicología a la realidad que observan y así convierten en ley su categoría moral. En su interior se justifica la anulación de los derechos y valores del otro, ellos son herederos de una realidad superior.
¡Así es la condición humana!

Así somos de soberbios ya que todos vemos lo que queremos ver, sentimos lo que queremos sentir y condenamos a los que no están con nosotros. Por derecho propio pensamos que los recursos son para unos pocos, los herederos legítimos de la tierra: ¡los nuestros! Posesión inmoral que se hace para comprar o secuestrar voluntades y mantener el poder como sea. En estas circunstancias las riquezas naturales no se invierten en el desarrollo del país, el capital huye y se refugia en los paraísos fiscales, en negocios virtuales y productos financieros.
El dinero es un estado invisible que genera poder en cualquier lugar de la tierra. En su dinámica también genera miseria espiritual y se apodera de la voluntad de las gentes. Somos víctimas de la condición humana y quedamos cautivos de sus señuelos…

Centro Tiluchi. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

La fuerza del bien común
Ya se que todo es discutible, revisable y mejorable, pero pienso que los defectos que producen las grandes heridas sociales surgen de la “condición humana”. No sabemos administrar la vida y no conocemos el beneficio del bien común. No contemplamos la equidad en los asuntos cotidianos, no observamos ese valor y si alguien lo hace dudamos y miramos más los motivos de porqué lo hace. Muchos creen que la labor termina firmando manifiestos, llenando los despacho de peticiones y colocándose una banderita en la solapa: eso no es el bien común, eso es medrar para coger lo que se pueda.

En la vida estamos sometidos a las leyes naturales y en el momento de nacer, los más desfavorecidos siempre quedan excluidos, expulsados del paraíso. Podemos buscar culpables, ensayar sistemas, hacer revoluciones, acogernos a dioses y religiones, invocar los derechos del hombre, confirmar las condiciones de los buenos, esperar que los poderosos cumplan la palabra dada y sanear las democracias: ¡siempre estaremos movidos por la incertidumbre! La Icaria esperada es un sueño que solo pervive en el pensamiento. No obstante hay un deseo que nos impulsa a respirar cada día y siempre pervive como fuerza paralela a la condición humana y es “la acción del bien común”.

Pienso que la humanidad es esencialmente generosa pero los impulsos de poder y los intereses primarios de la tribu la hacen perversa y ahí los débiles también contribuyen con sus acciones, sus omisiones y sus silencios. El error está en confiar en propuestas que sólo se apoyan en los sentimientos inducidos y en las promesas que no serán atendidas. No se pueden esperar soluciones de los individuos que impulsan y activan la “condición humana”. Si que podemos y tenemos que esperar algo de aquellos que se proyectan en “la fuerza de la razón y el bien común”.

La vida es más valiosa que el oro.
Parece ser que poseer bienes apoya y calma la soledad y aparentar tenerlos ayuda a obtener mayores dosis de felicidad. La riqueza es poder y llama a tener más poder pero conlleva la soberbia, la vanidad, el egoísmo y con su peso caer en una espiral enloquecida. Las riquezas crean la ilusión de conquistar la inmortalidad, pero es un estado engañoso: ¡sólo es una ilusión! Hasta los metales preciosos, los tesoros del Sr. de Sipan, no hicieron nada por salvarle la vida. Ahora los vemos y nos hablan de la historia y de una situación colectiva. Ha quedado la fuerza común de un pueblo, sus habilidades, creencias y conocimientos. Están ahí fruto de un tiempo, pero no recuerdan su rostro, ni contienen su alma y tampoco pronuncian su nombre. El oro no sirve para la vida, es una "acuerdo colectivo", la garantía que tiene el poder para mantenerse y apoyarse en su valor. Es una señuelo como todos los instrumentos de autoridad, los signos y símbolos permanentes de la condición humana. Ahora no es el oro la convención suprema del valor, es el crédito y este se basa en la seguridad del sistema...

Paradójicamente al acopio impulsivo de trastos inútiles se le llama “síndrome de Diógenes”. Se trata de una atracción hacia la acumulación, un impulso que no tiene final y se muestra como la expresión de la propia inseguridad. De igual manera puede ser el acopio de dinero y de poder. ¿Para qué más dinero si no te lo puedes comer, para que más poder si no puedes tomar el sol…?

La paradoja es que en realidad Diógenes abogaba por lo contrario, la renuncia a todos los bienes y objetos inútiles. Vivía en la calle y enseñaba sin cobrar, con un candil buscaba por los rincones las acciones de los hombres buenos (no encontró ninguna), dormía dentro de un tonel para no tener ni puertas ni ventanas, bebía con un cuenco y cuando averiguó que lo podía hacer con la mano lo tiró a la basura. No obstante era un sabio respetado por su comunidad y cuando el Gran Alejandro de dijo qué deseaba para él y le recriminó que con su actitud avergonzaba a su pueblo, Diógenes le contestó que todo lo que necesitaba era disponer del calor de los rayos del sol, aquellos que él le estaba quitando en aquel momento.

Niño con tres cabezas. Tiluchi, Santa Cruz, Bolivia 2015

Acción por los demás
Expuesto este marco social donde parece que solo se salva el fuerte, el que tiene recursos y el consentimiento de la fortuna, también se encuentran lugares para reparar los males sociales. Hay que pensar que la ayuda y entrega a los demás se hace de muchas maneras, Diógenes lo hacía hablando en la calle y manteniendo una actitud ante la vida. Otros lo hacen de manera directa y sacrifican sus vacaciones para ayudar como médicos, maestros, ingenieros o albañiles. ¡Hay mucho para hacer!

Ayudar en caso de desestructuración familiar, paliar la falta de formación, corregir los efectos de las drogas, apoyar a las mujeres que son maltratadas o están dentro de la prostitución, acompañar a los que se han abandonado y animar a los que no tienen esperanza. Algunas de estas personas pueden encontrarse en procesos irreversibles pero pueden tener un apoyo moral, una mano amiga que ayude a calmar su soledad. Otros pueden ser atendidos a tiempo y consiguen estudiar, aprender un oficio, crear una familia y regresar a la vida normalizada. Tambien se ayuda a los demás haciendo bien el trabajo, enseñando a los jóvenes como mirar el mundo y dando ejemplo con la actitud de cada día.

En Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) hay un centro que funciona con ayuda española donde es posible protegerse de la “condición humana” y encontrar la paz y la fraternidad en el bien común. Es un centro bien construido con ladrillo visto y maderas del país. Está ubicado en la naturaleza exuberante de Cotoca y el barrio de Guapilo Norte. Dispone de espacios generosos, de agua abundante y árboles frondosos. Se llama Asociación Tiluchi, la dirige Gregorio Monroy y su mujer Rosa Ruiz. Los dos han hecho allí su hogar basado en la idea del bien común. Administrar y dirigir la asociación se ha convertido en una manera de existir. Sobre la marcha, la experiencia y la búsqueda de soluciones han enlazado varios proyectos que van dirigidos a paliar las dificultades de la exclusión social...

Toborichi, árbol sagrado. Escuela Tiluchi. Santa Cruz de la sierra, Bolivia 2015

La Asociación Tiluchi
Es un proyecto que se enfrenta de manera clara a los problemas que genera la marginación, la pobreza y la soledad. Es una apuesta humana que tiene como objetivo proporcionar un hogar a los niños sin techo, a las mujeres de la calle y a sus hijos. La dirección del centro expone un cuadro de actuación social de la siguiente manera.

Bolivia es uno de los países más pobres de América Latina. Si bien la pobreza siempre se ha medido en términos económicos, también se manifiesta de otras maneras:

Hambre y malnutrición, mala salud, falta de acceso o acceso limitado a la educación y otros servicios básicos, alta tasa de natalidad, alta tasa de mortalidad causada por enfermedades, vivienda inadecuada (infravivienda) o carencia de ella, condiciones de inseguridad, discriminación y exclusión sociales, desestructuración familiar, violencia de género, promiscuidad, falta de participación en la vida civil, social y cultural y en el proceso de adopción de decisiones.

Una sonrisa solidaria. Tiluchi. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Los niños 
Estuve muy poco tiempo con los niños y el que pude disponer lo dediqué a hacerles fotos y a enseñarles los resultados: ¡se divertían mirando sus caras! Ellos se miraron en un espejo tecnológico nunca visto y con aquella sencilla excusa me pude acercar a sus problemas y mirarlos desde su altura. Podía ampliarles un detalle, hacerles ver la comisura de los labios, el reflejo de los ojos, el candor de una sonrisa: ¡todo era sorprendente para ellos! Rápidamente se creó un ambiente festivo y de gran empatía. Los vi curiosos como lo son todos los niños, calmados y cariñosos, solidarios entre ellos, educados y agradecidos. El contexto era cálido y estaban en un ambiente sano donde la falta de sus familiares era compensada con una familia más grande y moderada con registros comunitarios. Disponían de espacios luminosos, naturaleza exuberante, ambiente de camaradas y una cocinera que daba de comer en cualquier momento. Casi no pude hablar con los profesores, eran horas de descanso pero “Goyo” me enseñó las instalaciones, los centros y los espacios de recreo. Entre los muchos temas que trató de explicarme me hizo observar:

-En este marco social los niños y adolescentes, los jóvenes de ambos sexos que viven en la calle, se encuentran en una situación vulnerable. La necesidad les conduce a la mendicidad, a la delincuencia o la prostitución. También buscan como satisfacer sus carencias afectivas, para ello se refugian en la droga como medio de sobrellevar la vida.-

La impresión fue la de estar ante un programa ético que se ramifica en varios proyectos. Los propósitos de Tiluchi son aportar soluciones y la ayuda social que el estado no cumple. Los diferentes centros acogen a gentes necesitadas sin pedir nada a cambio, todo está elaborado y ejecutado en beneficio de todos. Para mantener en marcha los centros cuentan con aportaciones públicas, entidades privadas, ayudas de empresas, apoyos particulares y una gestión contenida, sobria y bien trabada.

Mi Rancho, Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Mi rancho
Mi Rancho tiene como finalidad reconducir la educación y las esperanzas de los niños de la calle. Es un programa de formación integral dirigido a niños y adolescentes desamparados, aquellos que viven de la mendicidad, la picaresca y sufren todo el dolor que produce no tener hogar, ni familia, amigos o referentes estables. Algunos no son capaces de adaptarse y marchan, pero no todo termina ahí. Mi Rancho se deviene para ellos en lugar de referencia, un refugio para buscar soluciones cuando la desgracia aprieta, un hogar donde ir si caen enfermos, donde encontrar consejo o el calor de la familia si lo necesitan. También es una escuela donde adquieren hábitos, se socializan, comen cada día, tienen un lugar para dormir y unos amigos con quien jugar. Aprenden rápido que allí tienen el lugar donde existe la posibilidad de mejorar la vida.

El Pahuichi
El Pahuichi empezó su actividad como casa de acogida para mujeres en situación precaria, algunas vivian de la prostitución y con hijos a su cargo. Mujeres que salían de familias rotas, madres solteras, moralmente heridas o condenadas al maltrato.

De esta iniciativa surgió otra actividad paralela, un apéndice de Pahuichi que tomó forma en el jardín de infancia para sus hijos.

Los dos patitos. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Los 2 Patitos
Empezó como “escuela infantil”, un lugar para recoger y atender a los hijos de las mujeres de El Pahuichi, pero con el tiempo se ha convertido en un jardín de infancia abierto. Ahora es un lugar de encuentro, un espacio integrador donde los padres de la comunidad del barrio de Guapilo Norte llevan a sus hijos.

Contemplar la sencillez con que tratan los problemas, asumir la complejidad de todos, hasta los más graves, e integrarlos en la comunidad como parte de la vida, es sin duda una acción en favor del bien común.

Jardín de Tiluchi. Santa Cruz de la Sierra. Bolivia. 2015

Mujeres SoñArte,
Mujeres SoñArte es otra propuesta que intenta buscar soluciones laborales y creativas sostenibles. Su actividad se centra en el diseño de objetos artesanos, (básicamente sobre tela) y posteriormente buscar su venta y distribución. Ellas cosen los objetos y los pintan a mano inspirados en sus vivencias personales, en relatos populares, en imágenes tradicionales o en fragmentos de obras de artistas conocidos como Mamani Mamani.

viernes, 29 de mayo de 2015

Santuario y mercado de Cotoca, Bolivia



Dña. Claudina en las ofrendas. Cotoca. 2015

El santuario de Cotoca, Bolivia
Fue una visita breve y nutricia: Dña. Claudina tenía que encenderle unas candelas a la virgen y pasamos allí una horas inolvidables. Fuimos en un micro recargado de abalorios y un rótulo destacado que anunciaba: COTOCA. Éramos un grupo familiar numeroso, bien avenido y teníamos el propósito de pasar el día en uno de los centros más populares de Santa Cruz. El calor era sofocante, la gente se agrupaba en multitud y los creyentes hacían colas en todas partes. Se trata de un “pueblo santuario” donde la fe popular se ha manifestado entorno a la virgen del mismo nombre.
Cuentan que se les apareció en el hueco de un árbol y los calmó de la huída... Eran dos fugitivos que iban a linchar acusándolos de asesinato. Ella los ocultó y salvó ya que eran inocentes. Cuando encontraron a los culpables se hizo el primer milagro y las gentes la creyeron con fe manifiesta. Apareció y allí se quedó para siempre. En el año 1799, la imagen se veneraba en una cabaña de motacú en una finca privada, no obstante la imagen ya era popular y visitada por las gentes de la región. A comienzos de siglo XX se hizo la iglesia de estilo colonial, se colocaron las campanas donadas por una persona que también salvó la vida ayudado por la virgen. Le prometió las campanas mientras se ahogaba en el tumulto de las aguas de un río: ¡ no se como pudo hacerlo! Salió vivo de aquella y cumplió con su palabra: ¡vaya que sí la cumplió!

Santuario de la virgen de Cotoca, 1902, Bolivia 2015

Allí todo es humilde, las gentes alegres, los días relajados y el sol agradecido. Hasta la aparición de la virgen tiene mucho de amparo a los desfavorecidos, de consuelo sencillo, de esperanza posible. Las peticiones son atendidas porque la gente que acude a la virgen no pide imposibles, pide que se cumplan las leyes de la selva y que la vida se de con generosidad. Se cuentan tantas intervenciones divinas, tantas bondades "celestiales" que podemos afirmar que se trata de el santuario “milagrero de la América del sur”.

Batidora. Cocineras de Cotoca. 2015

El mercado
Es un pueblo sin pretensiones: desde el principio fue poblado por descendientes de los esclavos. Sus gentes fueron negros, mulatos, mestizos y obreros que trabajaban en las haciendas colindantes. Todavía hoy se ve esta hermosa herencia en los mercados populares, en las calles, bares y barberías.

Cocineras de Cotoca. 2015
Cotoca fue en el pasado una parada obligada para los viajeros que iban a la Chiquitanía o rumbo a Brasil. Está cercana al lugar donde estuvo por segunda vez la ciudad de Santa Cruz, "la Vieja" Las tierras son frondosas, fértiles y húmedas y la exuberancia de la naturaleza es una réplica exacta del jardín prometido...

Sonrisas "generosas" de las cocineras de Cotoca. 2015

El mercado es una fiesta sensual, un elogio al color, a los olores y sabores. La amabilidad de las gentes ayuda a que los visitantes se queden a consumir alguna cosa en la zona de comedores. Una sala inmensa, con el techo de calamina y unos grandes ventanales que no se han limpiado nunca. Los ventiladores giraban sin cesar no obstante el humo de la carne chamuscada saturaba el aire y sin querer se iba abriendo el apetito: se comía carne sin pensar…

Cocineras de Cotoca. 2015
Tomamos asiento en una mesa grande y solicitamos comida y bebida. Yo pedí un majadito de cordero y una cerveza paceña para reponer fuerzas. La comida era abundante, el gentío estimulante, las cocineras, músicos, camareras eran amables: terminé rápido y me dediqué a hacer fotos de aquellas gentes.

En aquel momento pensé en la situación como si fuera un sueño, una construcción mental que puede desaparecer en cualquier momento. Todo era presente de manera extraña: el humo de los braseros, el olor de los asados, las grandes ollas con sopa o cocidos parecidos a los nuestros, los hornillos con brochetas de verduras y carne, el color de los vestidos, el rostro de las mujeres, las manos de los hombres, la sencillez y humildad de todo… Era una fiesta colectiva en estado de comunión...

Rosa. Cocinera de Cotoca. 2015

Destacaba en aquella gran sala el griterío de la cultura criolla, especialmente el tono anunciador de los que querían atraparte al vuelo. Son muchos y todos a la vez los que reclaman a los clientes con paciencia y una sonrisa en los labios. Anuncian con una cantinela que los hace ser diferentes y lo hacen sin cesar:
 ¡Arepas deliciosas, pastel de choclos, chupe de papalisa, chhanqa de conejo…!

 Los puestos de la huerta están más lejos y allí anuncian las ensaladas y refrescos frutales. Sus voces resuenan en el fondo: ¡hay zumo de papaya, payaya, ayaaa, ayaa…
¡Ensalada de durazno y guayaba, guyabaaa, yabaa, aaa, aa!
Las comidas tienen una tradición de origen español y árabe: todo combinado con la creatividad nativa que hace que nada y todo sea reconocible. Los nombres son propios y descriptivos y los voceros los cantan como una letanía dulce:
¡ch'aqi de trigo, chicharrón de cerdo, majadito de gallina, fidius uchú, pique macho, puchero de carnaval, sullka, sullka, sullka…!
(Carne de res a la parrilla con mote de maíz).

Cocineras de Cotoca. 2015

Todo era nutricio, estimulante, sabroso y excitante. Los paisajes de la mente se hacen sólidos en aquellos instantes. Son nuestros escenarios de actuación y solo allí podemos modelar la forma del mundo: ¡aquello era parte de un sueño! Ahora tengo que buscar las palabras que lo definen y lo hacen plausible, real y sentido como un espacio vivido que puede recuperarse. Si no lo hago se perderán para siempre dentro de mi pensamiento, las voces huirán hacia la sombra oscura y quedaran borrados, dormidos, ocultos. Así que me esfuerzo para que no se pierdan, para que aquellos instantes no sean pensamientos erráticos y tengan rostro, sean otra vez sentimientos, experiencias y situaciones nuevas al ser leídas. Si los describo ya no serán erráticos, quedarán fijados sobre el papel y se convertirán en algo evocador, en “realidad interpretada”.
Todo lo que sentimos y recreamos en la "obra" es un intento de dejar testimonios fiables de lo vivido: ¡entre palabras todo esto tiene razón de ser…! Son poca cosa pero aquí quedan atrapadas como en estuches de piedra, presentes en las imágenes y en las invocaciones y desde aquí desprenden su energía leve y permanentemente. Desde este lugar pueden trascender sus límites iniciales y llegar a ser patrimonio, recuerdos colectivos…
Son respuestas a las maneras de ver y pensar, un madrigal en el camino que canta:
¡Mocochinchi, guacho, mocochinchi, guacho!

Nota: si alguien de Cotoca ve estas fotos y reconoce a las personas, le pido que se lo haga saber, ellas no tenían correo y querían las imágenes... Gracias a todos.

El nacimiento del río Espejillos. Bolivia.

Nacimiento de río Espjillos. Bolibia 2015

El nacimiento de un río
Quizá uno de los fenómenos naturales más sorprendentes es ver el nacimiento del día, sentir como la luz del sol desplaza a las tinieblas y como los rayos luminosos visten el mundo de colores...

Después de la “avenida de la luz” viene la emoción de todo ser nacido, el instante de salir al mundo y mostrarse, “darse a la luz”. Este tema lo he trabajado en varias ocasiones, la obra que lo trata de manera más directa es “La ventana del asombro”. Es una de la esculturas que contempla el instante de nacer y a la vez salir al encuentro del destino.

Nacimiento de río Espjillos. Bolibia 2015


Durante años tuve muy cerca de casa el nacimiento del río Urederra, está no más de 30 kilómetros de Estella y en primavera es un espectáculo extraordinario. El lugar donde brota el agua es un marco vigoroso: la fuente sobrepasa todo lo esperado y forma un caudal con la voz profunda de un ser poderoso. El agua ha modelado la montaña y ha cortado el valle, grano a grano lo ha depositado en la cuenca del Ebro y este lo ha llevado hasta el delta. Sí hasta San Carles de la Rápita han llegado las rocas molidas de los montes de Urbasa... El agua actúa como un martillo gigantesco que desprende rocas de gran tamaño y las disuelve como azúcar en la lengua. Cuando encontré el orígen del río Espejillos me acordé de aquellas barrancas abiertas por el agua y me sentí cerca de casa. También sus aguas se hacían murmullos, risas, rumores , aullidos y gritos que se precipitaban entre rocas. Para comulgar con ellas dejé un susurro entre las grietas de aquella garganta de piedra. Nada más pude hacer ante el escenario que presentaba el mundo, solo entender que aquello era una réplica diminuta de mi propio nacimiento.

Nacimiento de río Espjillos. Bolibia 2015

El nacimiento de un río es análogo al de los colores de la aurora cuando estos se abren en el horizonte. Si el agua emerge del suelo, de la roca o de la ladera de la montaña, es un flujo incesante que fertiliza la tierra y también se abre al azar. El río es genésico y presenta todos los estadios de la vida: desde el vigor, la frescura, la pureza y el arrojo de la juventud, hasta la calma y el arrastre de vivencias buenas y dolorosas que acompañan a la vejez: al final muere confundido en el mar y queda dispuesto para empezar de nuevo.

Nacimiento de río Espjillos. Bolibia 2015

El espejillos se precipita en una cascada elegante, ordenada y bella. Su cauce se ha hecho con gotas de lluvia que desprenden las laderas, Con los dedos de agua y abrasivos de arena modela con esmero de escultor los salientes de la roca. Con las dinámicas propias de las pendientes hace torbellinos con el agua y con ellos se forman pozas delicadas, toboganes rápidos, formas caprichosas que hacen del caudal una fuente de energía creativa sin comparación. Pongo unos ejemplos ordenados para abreviar el desarrollo de la explicación y a su vez incido en la comprensión de la realidad estética.

  • El río es un "ente vivo" formado por moléculas de agua (H2O), que se agrupan por gravedad y atracción física.
  • En su caída deshace la roca, la percute como un tambor, purifica los desechos y los recicla.
  • Con su paso arranca trozos de la montaña, los disuelve y los lleva al valle. Hace de aquella tierra una marimba, la vibración de la cual hace posible la vida.
  • Modela las rocas del lecho del río proporcionando formas ajustadas a sus movimientos.
  • En su avatar, crea reservas de agua para que la vida sea posible.
  • Construye las vertientes de la montaña para hacer mas fácil su tránsito, agruparse como cuerpo vivo y definir el rostro del río y el perfil de la montaña.
  • Proporcionar humedad para que todo el valle sea un muestrario de vida esplendorosa.
  • Llegar al final calmado y confundirse en el mar. Después, ya sin nombre, volver a ser moléculas de vapor que suben amables,  ligeras o en trombas violentas.
  • Ya en estado de "semillas celestes", estas se enfrían, se agrupan y se precipitan para formar después parte de otro río…




Decía en el relato de Fénix o la ciudad del sol sobre el tema:

Ció es tierra germinal que ha nacido y se ha hecho viento cálido; después de cantar las antífonas se ha desvanecido entre aromas de mirto. Es en el sueño que me cautiva, me seduce con los pistilos que anidan en el gineceo de la futura hembra, la de los senos pletóricos de leche y calor de madre. Con su poder regenerador nos alimenta a todos y nos da un hogar póstumo. Nuestra deuda para con ella es ilimitada, sólo la muerte paga el monto debido.

El nuevo día trae resplandores que llenan la mente de preguntas y esperanzas; la luz reverberarte nos habla a los ojos… Como siempre ha sido, la concepción del nuevo día la que nace en el hilo del horizonte, los colores que le preceden son llamaradas de fuego, las nubes enrojecen como carne de sandía, las semillas germinan al calor de la tierra. Entretanto, yo, el demiurgo, contemplo el horizonte y escucho las antífonas que me trae el viento. Los cantos de los engendrados hacen un coro incesante, la hierba crece, las yemas florecen, los colores del sol tiñen el paisaje. El misterio de la vida ya es presente, se ha revelado porque es posible…

!se ha revelado!

¡se ha revelado!

Nacimiento de río Espjillos. Bolibia 2015

Nacimiento de río Espjillos. Bolibia 2015

También el río emerge de la tinieblas del inframundo y sale a la luz, se hace torrente en la montaña, laguna en el valle y verde en las riberas, pero el momento de nacer es un canto de alegría. Lo mismo pasa con una bestia, un pájaro, una planta, o el argumento de un relato…