domingo, 17 de marzo de 2013

La palabra


Pal ( ) bra.  La piedra sin nombre, Museo de Reus. 2002. Acción con Pere Salabert, Abel Figueres  y Eva Gregori

La palabra

Después de cada acción se procesan las emociones y en su lecho nupcial se recrean, fornican y nacen los nuevos pensamientos. Posteriormente llega la palabra y se convierte en la llave para el reconocimiento de las cosas pensadas. Primero es la acción, la mano y la piedra frente a frente. Después se excitan los sentidos con la gran batería de emociones y sensaciones, farfullan ecos con aproximaciones y balbuceos, después se asoma el nombramiento y la elección de los fonemas que  designan los significados. ¡Es sorprendente! En ese instante aparece la creación de manera súbita; ¡es una acto sagrado! De la nada florece una idea que mueve los impulsos mentales y con el tiempo se hace conducta y valor moral, concepto estético, actitud política y mil maneras de ver el mundo. Es muy sencillo, la mano y todo el abanico sensorial presentan una propuesta sin objetivo ni nombre. Los ojos la observan y la mano le asiste con un martillo. Primero aparece el albor asombroso de algo nuevo, una idea amanece en la mente y después, poco a poco, aquel dibujo sonoro se hace fruto de un conocimiento complejo.

La mano toma la piedra, y de un golpe la abre como un libro inmaculado, los ojos ven el color, el contraste, el tono y una gama incontable de matices. Los oídos escuchan el estampido, la yema de los dedos describen la textura, la temperatura, la gravedad y con todo ello, poco a poco aparece el reconocimiento. Entonces constatamos como los sentidos deletrean los sucesos y se transforman en emociones reconocibles y aprendidas. Pero el motor de todo el proceso nace en la mano, es ella la que presenta la idea al resto de los sentidos. Ella voltea la piedra, la acaricia y deja en su interior una letra, la cierra y después la cuelga en la pared como un arma cargada de futuro.



Pal(a)bra

Con la palabra nunca tenemos despejada la duda, en realidad con ningún lenguaje se ordena el territorio común, tampoco el de las ideas personales y menos aún la comunicación plena y deseada. Casi siempre tenemos que recurrir a otros enunciados y para ello hacemos servir recursos paralelos; interjecciones, signos con los ojos, guiños con la boca, movimientos con la frente, contracciones en el cuello y gestos con las manos. Usamos al color, el volumen, la materia, el papel, etc. todo para intentar explicar aspectos que siempre quedan oscuros. Con ningún lenguaje se agota el torrente de significados que surgen de una piedra partida por la mitad y menos aún podemos comunicar a los demás lo que sentimos, se hace una acción imposible. No podemos hacer partícipes a los demás de las emociones que sentimos al escuchar, ver y tocar las lágrimas de un niño; ¡siempre quedamos perdidos en la duda!
En cuestiones de comunicación nunca queda nada claro, los contextos, la oportunidad y el interlocutor siempre modifican los contenidos. Sabemos que los referentes pierden o aumentan su significación cuando aumenta o disminuye el interés por ellos. En una obra de arte esa ambigüedad aumenta hasta dimensiones de locura, pasa de paranoia individual a inercia colectiva, así se crea una situación que puede ser entendida como de pura irracionalidad. Pienso que perdemos el sentido de la proporción hasta la extravagancia. Pero lo más interesante es que ese fenómeno se da en todas las áreas del saber, tanto en la faceta científica, como en la cultural y más aún en la emocional; todo queda confuso en la acción creativa. Más borroso todavía si el razonamiento es perverso, canalla, obtuso y dislocado. Para poner un ejemplo cito concretamente la voz de Clara; el murmullo de su boca nos dejó perplejos, la piedra liberó un clamor indescifrable y yo sigo intentando descifrar su contenido. El día que lo consiga prometo contarlo todo.

Comunicación

En los actos comunicativos hacemos un despliegue de referentes significativos para intentar llegar hasta el alma profunda del ser humano, pero siempre nos quedamos incómodos y confundidos, expectantes ante el intento y la duda. Los lenguajes también deforman el pensamiento y en muchas ocasiones no son capaces de presentar un espacio donde solazar el espíritu. Ninguna palabra es suficientemente robusta como para construir la catedral del alma, ningún sonido iguala la emisión que emite la queja de una piedra al romperse. Ninguna expresión puede ella sola dibujar los contornos del mundo y encontrar así la plenitud del ser. No obstante dependemos de las voces fuertes, de las obras que desvelan los misterios, todas ellas nos hacen confiar en algo impreciso y sus conjeturas nos dan sosiego.
Estamos hundidos en el absurdo y romper piedras para escuchar su voz ya se ha convertido en una disciplina espiritual, quizá en una fuente del saber. Los lenguajes suelen ser torpes pero cada uno de ellos ilumina una porción de realidad y su aportación es significativa si la gozamos y cuestionamos al instante, si crecemos con ella y seguidamente avanzamos un paso hacia adelante. Cualquier pregunta que genere pensamiento ensancha los horizontes de la realidad. Sin estas respuestas parciales, sin las motivaciones que nos empujan hacia el saber, ¡sin dudarlo, nuestro mundo seria mucho más pobre!
El lenguaje, cualquiera de ellos, honra el lugar donde actúa, si no es así es que ya esta contaminado por la historia. El acto creador que no es capaz de construir nuevas emociones y reflexiones, es que está muerto y sólo reconstruye los espacios aprendidos. El que no presenta la realidad estética y en el mejor de los casos representa su voz firme, o está exánime o está moribundo en el acomodo de lo establecido; es una idea en estado de putrefacción, que decora más que consuela.

Nacer del olvido

Sabéis igual que yo que no existe el lugar donde ocultar el olvido, tampoco donde estar seguros de que compartimos con los demás la misma realidad, por tanto, nos tenemos que habituar a vivir en la incertidumbre y hablar un monólogo con las piedras hasta el fin de los días.
El acto de pensar no es la contemplación de las ideas que se replican, ni los juegos de palabras de los que manejan la certidumbre, más bien es aquel que gobierna las voces que emergen del olvido, que luchan para aparecer con miradas nuevas y que emergen de la amnesia de la historia como voces portadoras de sentido. Pero ahora es muy difícil atender las novedades. Hemos construido una sociedad de autistas donde nadie escucha otra voz que no sea la suya, a su vez, nadie habla con voz propia. Muchas voluntades están secuestradas y afirman como propio lo que les ha sido dictado. Las personas se han hecho gregarias y ya no oyen el timbre ni las campanas de la tierra. Escuchan, sí, los silbatos de su regimiento, la plegaria de sus ventrílocuos, las oraciones de sus beatos. Se ha iniciado una lucha ciega, una batalla de intereses obtusos que crecen sin límite y con ellos nos vamos a ir directos a los prados del exterminio… Para qué queremos la libertad si previamente hemos cedido las llaves de la razón a los verdugos, para qué más justicia si previamente y voluntariamente la dejamos en manos de los "herejes", que es lo mismo que tirarla en el pozo del olvido.

Sosiego

El lugar del sosiego espiritual se presiente como algo fuera de nuestro alcance; ¡siempre duerme en la esperanza! Ahora es ausente o en todo caso es un propósito ajeno a lo razonable. No puede haber sosiego ya que fácilmente queda atrapado por infinidad de circunstancias políticas, estéticas, de clase o ideológicas. La calma se pierde y no existen espacios para el sosiego, es parte de la estrategia que impone esta sociedad de modorros aposentados. Hogar de rabosos donde se sobrevalora el fin y desaparece el dolor que causan los medios. Ahora todo es posible y nada nos conmueve; "los defensores del pueblo ya están en el poder".
En ocasiones el sosiego se encuentra en la poesía de un instante, en la revelación que exhala el aúllo de una piedra, en la comunión mística con la obra y sobre todo, en el escenario añorado que presenta la naturaleza. Es el lugar esperado, el bosque imaginario, el jardín perdido, la icaria restaurada. Sabemos que los contornos nublados del paraíso están ahí pero siempre se intuyen fuera de nuestro alcance. Están ahí y esperan salir por las puertas del olvido, nosotros seguimos ávidos de sus promesas de calma. Son como lagos azules pero aparecen como piedras que se destrozan ante los ojos, se confunden entre las definiciones, entre las promesas y las peticiones. Son ruegos que no pasan de ser solicitudes perdidas. Padecemos el desamparo como peonzas que dormitan en la memoria, somos cascajos en el lecho del río, pero en ocasiones se estremecen como nosotros y nos alertan, nos anuncian el derecho a la calma y su voz se hace apoyo fuerte; ¡la obra nos acerca a un estado de consuelo!
¡Queridos...! el arte ya empieza a ser un camino abreviado, un atajo para llegar a los lugares del descanso y el sosiego.

viernes, 15 de marzo de 2013

Los pensamientos de Clara


Con un golpe se abre por la mitad. 2013

Pensar que se piensa
Dicen que el hombre fue hecho del barro, parece ser que fue sí, yo pienso que fue creado del légamo protozoico; ¡hoy ya petrificado! Pienso que una cadena de sucesos se enlazó a la inteligencia del tiempo y fue la que depositó experiencia en la mente igual que se decantan las aguas turbias sobre el lago. El saber se fue acumulando entre las capas de lodo y las moléculas enamoradas, los enlaces se unieron y hoy forman las piedras que vemos en el lecho río. Pienso que algunas realidades del pasado prevalecen en la mente mineral, nos atraviesan y ahora son quimeras latentes en los espacios Alfa; ¡ya me tienen agotado, rendido ante tanta incertidumbre!

Ahora pienso que todo ha quedado implicado en la materia para ser pensado, que somos moléculas enlazadas en la roca y memoria replicante entre células. Somos cuerpos que se han extasiado con el placer de la creación y han llegado a contemplarse hasta quedar unidas a un destino gozoso o desdichado. Somos cuerpos minerales que vivimos en el señuelo, confundidos en la ilusión y siempre exhalando la queja como respuesta. Pienso que la mente se han fundido en un acto gregario hasta crear el músculo inteligente y de esta manera se ha formado la pasta del recuerdo, el archivo biológico y cultural que hoy presento en las Siete cajas minerales; ¡con cuidado las he llenado!

Pensamiento y sueño
La primera observación ya la sabíamos y los mitos sobre la creación nos recuerdan orígenes variados y poéticos. Pero extremando los conceptos, las teorías no nos sirven de mucho, casi de nada si no se acoplan a las percepciones y necesidades estéticas. Sabemos que la mente se hace, se forma en el tránsito con la vida y crece entre los actos del pensar y el vivir. Es igual que el hueco del río, él también se hace con el trasiego del agua y lo mismo que la roca, ella también se forma con los depósitos del tiempo. El río sueña plácidamente y susurra su sueño en la ribera hasta olvidarse de sí mismo. Al igual que algunas personas, vive sumergido en estados iniciales, minerales y permanentes. Pero en ocasiones el asombro nos despierta del sopor material y nos lleva a las cumbres del misterio. Cada día nos presenta algo nuevo y nos hace crecer al desvelarse en el secreto. Entonces nos asalta la pregunta, la mano toma la roca, el martillo la golpea, un estampido terrible sale por su boca... y aquello que se guardaba celosamente se revela como respuesta; ¡gime al instante!

El panorama que se presenta ante los ojos es asombroso, igual que al salir el sol cada día, es una creación de nuestros sentidos, una hermosa imagen para dar soporte y motivo a la vida. Parece una cosa insignificante, pero es sorprendente constatar como el mundo es diferente para cada individuo y en cambio no es así, ¡se da igual para todos! El ser se hace en la diferencia porque no puede hacerse de otra manera; por ejemplo, ¿quién escucha el aúllo de la piedras? El pensamiento se teje entre las percepciones y los procesos experimentales, se construye con los conceptos que cada uno es capar de dibujar y entender; ellos son los que dan forma humana al mundo. Con las ideas, las percepciones y conjeturas comprendemos donde quedan los límites. Aprender a mirar implica el deseo de ver, querer saber y distinguir el color, la textura, el peso, la temperatura, el tamaño, el sonido y el alma interna de un ruejo del río. Retorno a la faena, tomo otro canto en la mano y con la maza lo rompo por la mitad; ¡se abre con un bramido de espanto!


Una mordaza para contener su voz. 2013

Nombrar
En los bordes de la ribera el agua ha depositado su voz, queda oculta entre sus pliegues calcáreos y es silente entre cascajos mudos. Fue arrancada a pedazos de la roca madre, separada violentamente de la montaña, después los hizo rodar por la pendiente hasta redondear su rostro; ahora duermen en la ribera y no tienen identidad. Tomo otra de aquellas muestras y de un solo golpe se abre ante los ojos, así revela su origen escondido. Ella estaba ahí, esperándome, agazapada durante millones de años; ¡ahora la reconozco! El mundo que existe para nosotros es este, la piedra abierta ahora es presente y la sentimos palpitar ante nosotros. Así quedan asimiladas sus variables al depositarlas en la mente en un acto de creación; aquello que no existía ahora está con nosotros, se ha gravado en la mente. Es ya una idea nueva acompañada por sus propios argumentos; espero que para vosotros también sea así si leéis el  presente texto.
El mundo se revela lentamente, el crujido estaba escondido y un incalculable nido de fenómenos estaban esperando el golpe del martillo. Ahora es realidad mental, ya se ha hecho surco en la memoria y no es otra cosa que las evocaciones y sentimientos que ha producido aquello que hemos pensado, diseñado y bautizado al nombrarla. En un instante la hemos reconocido como parte de nosotros y ya no puede desaparecer mientras la mantengamos en el recuerdo. Está claro que la podemos olvidar y también perdernos en los equívocos. Sabemos que el encuentro puede ser fatal y confundirnos, pero es muy importante la actitud de buscar; ahí aprendemos. Somos conscientes de que estamos extraviados entre conceptos esquivos, que estamos ofuscados con nuestras certidumbres, que podemos dedicar el tiempo pensando bajo los efectos Alfa, pero para salir de él hay que buscar, cambiar, aprender y luchar...

Le llamo Clara y hace honor a su nombre, es blanca y no tenía nombre, por tanto su existencia era desconocida antes de encontrarnos. Ahora habita entre las ideas con cierto orgullo; la pueden ver en todas las pantallas del mundo y es la protagonista de esta reflexión; ¡ella me esperaba y la ofrendo para que sea luz en los ojos! Tenemos que considerar que tan sólo el universo “conocido” forma la imagen que configura la realidad y Clara ya está entre nosotros, conocemos su lamento, su voz vibrante y después del estampido hemos visto también su lado oculto.

Caos
Sabemos que estamos rodeados por los límites de lo conocido y también, que un milímetro más allá se encuentra el caos infinito de lo desconocido. Nos mueve cierta avidez de certidumbre, nos acunamos en el deseo de saber la verdad, queremos poseerla como argumento de poder, ese es el mayor de los argumentos. No obstante tambien tenemos la necesidad de traspasar las fronteras y crear disposiciones nuevas que resulten permutables; ¡las hipótesis nos alimentan! Cuando esto sucede nos consideramos creadores de orden y nos vemos investidos por una razón superior. Pero en realidad nos gobiernan pensamientos furtivos, luces que se mueven entre leyes físicas y que a nuestra escala no pueden ser controladas; ¡el caos se hace presente y nos amenaza! Quizá también nos protege del hastío y nos mantiene alertados, atentos, y nos avisa con destellos de luz mental, con ráfagas que toman entidad entre los cascotes de la materia y las ruinas del pensamiento.
Mirad como las piedras aspiran a configurar orden, a ser las obras que nos recordarán, a formar claves del pensamiento que serán evocadas;  pues bien, todo eso es un señuelo. El tema se hace aún más confuso cuando lo invertimos, éstas imágenes furtivas, los aullidos de roca que en ocasiones se insinúan como estables, estas ideas elaboradas y presentadas como esculturas, son balbuceos que añoran la eternidad pero pueden desaparecer ante los ojos. Pues bien, así me suele ocurrir cada día, no son otra cosa que modelos que se verifican en la materia y se contrastan por medio de los recursos de un lenguaje personal, pero pueden permanecer mudos para el público y en la mayoría de los casos así quedan; ¡perdidos en los estantes!


Siete cajas minerales. 2013

Meditaciones en cajas minerales
Las meditaciones personales quedan cerradas en las cajas minerales; ahora son realidad estética y aparecen como ensimismamientos, como flujos mentales que se piensan y se disuelven al instante. Son igual que espejos que se observan, réplicas ilusionadas que se enamoran de sí mismas igual que narciso se contemplaba en el agua. Estos recursos intelectuales, paralelos a la creación, están llenos de perversiones, los hago servir como una espada para construir y desbrozar la jungla de las ideas, para avanzar en la frontera del caos; ¡irremediablemente caigo en los engaños de la “razón”! Necesito crear el lugar, ordenar los anaqueles de la mente y dibujar con imprecisas intenciones los contornos del universo mental.

Ahora todo aparece más claro ante mis ojos y los de Clara; ella también nos mira y su reflexión aparece muda. El canto de río no significaba nada, quedaba oculto entre otros muchos, perdido entre miles como él, pero al mirarlo y escogerlo, al tomarlo en la mano y romper su naturaleza de piedra, los ojos la ven diferente. Al llenarla con palabras y después cerrarla, le hemos dado propiedades humanas y con ello quizá hoy la podamos contemplar ya con la nueva condición de escultura. El ruejo abandona una realidad concreta para pasar a formar parte de una idea obtusa, inconcreta. Los juegos del pensamiento le proporcionan este nuevo estatuto y el despertar de las emociones y los flujos de los sentidos, son ahora sus nuevas atribuciones. Ahora es un continente portador de inquietudes que desean ser sencillas y claras, pero que reverberan como las luces del alba; pensamientos inconcretos, indefinibles e enigmáticos que ya están con nosotros.

martes, 12 de marzo de 2013

Ciencia y mística

Piedra del Francolí, 2013. 

Ciencia y mística

Ahora la ciencia nos ha iluminado territorios que estaban ocultos a los ojos, son marmitas palpitantes, espacios presentes que claman en la acción cotidiana y según escuché hace más de treinta años, se expresan en el interior de una piedra. Ahora retomo el tema y al azar tomo una que dormía en el lecho del río Francolí, es negra, veteada y por su talante hacía mucho tiempo que me esperaba. La observo, la escojo entre miles y le digo: -"tu eres piedra", ¡ahora te reconozco!-
 Parafraseando a Pere Salabert al mencionar a Geidegger, y exponer el concepto de no-piedra y considerarla fuera del mundo. Teoría de la creación en el arte. Akal/ Arte y estética.
Entonces yo le digo: tú me das el pensamiento, contigo rehago los sentidos, ahora te presto la palabra y te doy mis atributos. Impacientes los dos, anhelantes en el momento del encuentro, pensamos que es la hora, el momento para iniciar un nuevo rumbo; ¡cogidos de la mano partimos! Le prometo que guardaré sus misterios y remarcaré su complicidad conmigo.
Queridos, anotaré aquí algunas ideas para que su existencia esté unida a esta reflexión y vosotros podáis reconocerla algún día.

La materia
Los espacios vacíos que forman la materia ya son familiares en la observación de los átomos, las distancias entre electrones y los juegos aleatorios de las partículas. Entre estas hay algunas que resultan misteriosas, algunos les llaman divinas y son las que han hecho posible el mundo que podemos contemplar. (Hace referencia a las investigaciones en el CERN y al feliz encuentro con el bosón de Higgs). Estas latitudes espaciales ya son funcionales en los ordenadores cuánticos y a menor escala en los tratamientos médicos, en los análisis químicos, en la lectura del ADN. Son observaciones que están controladas por sofisticadas máquinas y nos presentan una realidad que parecía que el hombre jamás podría alcanzar. En ocasiones visionamos estos lugares y encontramos que es allí donde reverbera la textura primitiva del mundo, el escenario donde se forma la materia y donde antes habitaba el secreto, quizá también donde se iniciaba la nada. Pienso que el misterio huye a capas cada vez más lejanas y que ahora actuamos en un lugar recientemente conquistado. Es la zona de los límites perplejos, el lugar de los espejos insólitos repletos de sigilos sin fin. Es el escenario de las incertidumbres, donde se bifurca la realidad en partículas y ondas de luz y los sucesos se dan en direcciones opuestas; quizá son las caras de Jano, perfiles que niegan el mismo principio. Dualidad esencial y rostro quimérico, piedra cerrada donde puedo intervenir conceptualmente, escribir con la mente y aportar soluciones espirituales. Se que es un juego de malabares, una fiesta para la imaginación; se trata de consuelos con argumentos pobres, pero en ellos confío más que en las grandes hipótesis, aquellas que nos hablan a los sentidos y nos dejan sumergidos entre complejos idiotas.

Como una criatura.

Piedra negra
Tomo la piedra del río y la llevo en brazos como a un niño; ¡prometo que esta vez no la abriré con un martillo! Nunca será revelado su misterio, deseo respetar sus venerables tesoros; ¡ella es la urna del secreto! En ella siento las leyes del mundo, su gravedad me comprime las ideas y me hace sensible a cuestiones que no entiendo, me confunden hasta que en ocasiones me producen llanto. Su temperatura me explica como soy, delata el calor de mi cuerpo; me siento vivo, sensual y excitado cuando ella está conmigo. Su peso pone a prueba mi capacidad de resistencia; con ella en brazos puedo hacer grandes travesías, transportarla sin descanso hasta los confines del mundo. Puedo llevarla por las sierras de Llavería, por las vertientes de la Musara o por las islas del Egeo y también, si es necesario, enseñarle los volcanes de Canchatka e invitarla a bajar a sus calderas activas. Su color apagado absorbe la luz y me emociona hasta nublarme; es fuerte la sombra que desprende. Su imagen es el resultado del replandor que oculta. En su espacio interior se abren puertas sin límites, escenarios asombrosos donde la realidad estética asombra a los ojos y sus propuestas físicas se escapan a la razón. Allí me siento y veo como aparecen todas las caras del misterio y constato frente a mí como todos los mundos son posibles. Presiento que son realidades que se manifiestan al instante, fluyen ante la mirada curiosa y delatan el enigma de todos los tiempos. En los oídos titilan sus murmullos, tiemblan como campanas diminutas; en ellas me siento, descanso e intuyo como reverbera el aliento de la eternidad.

Después de esta disertación me siento más tranquilo, pienso que ahora vuelve a tener sentido hablar de una valoración mística del arte, pues la ciencia ha desbrozado una parte del misterio. El secreto del origen casi está en mi mano y siento como respira. Le llamo Sola y es la piedra negra del río Francolí.
Ella ha presentado la doble personalidad de la materia, se que es partícula y a la vez es onda, su incertidumbre es la mía y su identidad escindida es la misma que me asiste cada día. En su tiempo mineral siento como espera el mío y su silencio habla la lengua que hice servir antes de nacer. En Sola, la piedra negra, he encontrado relaciones entrañables, lazos entre las antiguas filosofías budistas y el modelo occidental del mundo. En verdad os digo que en ella he encontrado un referente estable donde puedo depositar mi confianza.

La ciencia nos abre la puerta del asombro, presenta las más sofisticadas investigaciones sobre el estadio de la revolución química, el período de formación prebiótica y la evolución posterior de los sistemas biológicos; una colosal cadena de revelaciones nos ha transformado el pensamiento en los últimos siglos y Sola, la piedra negra del Francolí es el hito que separa y une estos mundos.

Escultor de la nada
Como escultor que vive la materia aparentemente igual que lo hacían hace miles de años, vivo el momento de la nueva realidad con gran entusiasmo. La física cuántica presenta un río de relaciones entre la materia y la energía, y en el fondo de todo ello, expone inmensos espacios vacíos llenos de incertidumbre y simetrías preciosas. El nuevo paradigma nos enseña que todos los procesos de la evolución están ligados en el continuo fluir de la energía, la cual busca diversidad, permanencia y evolución. Estos principios se encuentran en la formación de la materia, en la estructuración de los primeros polímeros que son la simiente de la vida y en la creación de células que pueden auto reproducirse y crear sistemas tan organizados y complejos como los mamíferos. El pensamiento humano actúa de forma similar a todo el proceso material y produce un desprendimiento de hipótesis e ideas que buscan la mejor respuesta a cada problema, el pensamiento es, al fin y al cavo, el que observa el proceso creativo de la materia y el que disfruta y crea la realidad estética, La piedra negra, ahora con nombre ya está ante nosotros, antes era hija de los lamentos del río y su existencia era un misterio.

Unidos
Estamos unidos a una matriz en forma de espiral concéntrica e finita, espiral que se dobla en si misma y hace posible encontrar la singularidad del inicio de las especies vivas. El punto de unión con el pasado tiene su centro en el ombligo, lugar donde física y simbólicamente quedamos unidos a la madre y ella a la suya, así hasta la primera; la mare de todas las demás madres, la que nació de las substancies químicas de la evolución prebiótica, la que se despertó del sueño mineral y creó las memorias temblorosas de los protozoos. Sin duda esta espiral es el camino sinuosos que nos une al territorio donde nacieron las primeras formas vivas, pequeñas moléculas de proteínas auto replicantes.

¿Sabéis? un proceso catalizador se ha revelado, destilado entre el surco de millones de años y aquellos suspiros minerales son hoy cajas de misterio, piedras dormidas en el lecho del río. Ahora es presente: ¡miradla! se llama Sola y es la piedra negra que se han transformado en conciencia reveladora, la que busca incansablemente las puertas del origen y aletea en nosotros fundida en los recuerdos. Hoy duerme entre mis manos, la tomé al azar y en ella encuentro el origen de todo…

sábado, 9 de marzo de 2013

El vientre de barro

Palabra oscura. 2003. Edita: F. Poblet. La Comella. 

El vientre de barro

Para un escultor que explora el susurro de las plantas, que escribe en libros de barro y contempla las pizarras que se ocultan en el desierto de La Serena como la gran biblioteca; la naturaleza es un laboratorio de experimentaciones, de sumisiones y de presencias hierofánicas. Siento que la naturaleza lo es casi todo, la cultura me resulta secundaria. Reconozco que los instrumentos de interpretación que me presta forman el marco para mirarla, para aprender y disfrutarla. También para asumir un compromiso que me una a ella, que me enseñe el camino para dialogar y generar una relación sostenible y armoniosa, pero el temple de los sentidos, el enfoque de las ideas, el color de la mirada y los ejemplos soberbios los he tomado directamente de aquello que alumbra el sol. Es por ello que realicé El anillo de piedra, un trabajo que sentía como inexcusable. Desde el año 1973 lo mantuve entre las manos, siempre me aparecía como un compromiso pendiente, una idea que daba sentido a mi vida. Apareció La Comella y poco a poco me he visto conducido a formalizar una manera de vivir y crear así una aliada estable.

La Comella es mi referente, a ella me entrego y con ella configuro la obra que justifica el haber estado con vosotros. Es el escenario que me presta argumentos espléndidos para sentir el impulso de la vida; ella me abre todas las puertas a la reflexión y no me pide nada que yo no este dispuesto a dar. Me ofrece la poesía de la luz entre los flecos de los árboles y la balada de los instantes me anuncia que estoy en el lugar preciso. Entre las ramas oigo el canto solemne del viento y también la lucha atroz entre los cuerpos vivos. Miro embelesado como la roca duerme reseca, se calienta al sol como un animal milenario. Pienso que es una palabra enjuta que me muestra el arte de la creación sublime, la que se filtra entre los días como la efímera flor del tomillo. Entre sus tallos enjutos se oye un silencio concluyente; un aullido de tierras que he traído de la nueva prisión de Tarragona. Es una fortuna en libertad, un lecho mullido para los lirios, un soporte estable y fértil para que la vida se muestre generosa. Es por ello que he asumido la obligación de hacer un pacto, una alianza con la naturaleza, una intervención integral aportando tierras y recogiendo las aguas de lluvia. También he tenido que limpiar el bosque, arreglar los caminos, replantar árboles y hacer las obras. Soy escultor y pienso que en ocasiones estoy condenado como Sísifo; mis piedras también  ruedan por la pendiente. Algunas de ellas han quedado mudas y dejan el testamento escrito en la cara oculta del mundo.

Mi compromiso no es heroico, ni tampoco un suicidio intelectual, no deseo arrojarme en los abismos vacíos de la materia sin llevar una intención clara y útil. La mía es una opción meditada que necesita de gestos sencillos, directos y serenos. Nada de lo que hago en el interior de las piedras es extraordinario y siempre tengo la voluntad de esclarecer algún apartado de la vida que me preocupa y, además, tengo la convicción de que es en el vientre de las piedras donde mejor resuenan mis argumentos. Si no, como puedo responder a las plegarias de los árboles, a los alaridos del viento, a los quebrantos del río, a los susurros del mar. Dónde puedo dejar mi testimonio sin interferencias y confusiones. Dónde mejor que en el lugar de las ausencias, donde los oídos sordos no tienen ningún efecto y los ojos ciegos se anestesian en la oscuridad. Pozo sin bordes donde la boca callada de los humanos no puedan llegar nunca.
Me pregunto: cómo puedo darle curso a un pensamiento esquivo, a una queja que duele y libera una palabra como una maldición. Cómo guardo este gruñido que se escapa de mi condición animal y me hiere en el deambular por la renuncia. Cómo puedo caer en el hoyo de una bola de barro y evitar el  desprendimiento de la historia. Cómo puedo reconciliarme conmigo si he de construir archivos, canopes, recipientes, urnas y cajas para luchar contra el tiempo…

Aquí no puedo evitar sentirme incómodo; cierto pesar me oprime el pecho y un sentimiento bifurcado me deja derrotado. ¿Hay algo más absurdo que mis conjeturas? El canto de un jilguero es más poderoso que yo. Cuando oculto una idea me mueve un sentimiento confuso; en ocasiones pienso que soy el más miserable de los impostores, otras que soy un predicador encaramado en un peligroso risco de Las Bardenas Reales, no obstante algo me mueve a continuar...

Cuando me siento así, confundido y apenado, dejo caer murmullos en un agujero, o bien tomo una piedra con la mano izquierda y con un martillo en la derecha le asiento un fuerte golpe. Entonces la piedra se abre en dos y me regala un lamento. ¡Me siento un miserable! pero entonces veo que una imagen que guardaba en su interior se revela, una idea dormida, secretamente oculta durante millones de años, se muestra ante mi y me sorprende; ¡me asombra su interrogatorio! En aquel momento me siento renacer y pienso que ese gesto me reconforta, me hace sentir vivo y encadenado a los sucesos. Entonces la acaricio y con respeto deposito en su interior unas palabras de consuelo.

Pienso que el vientre de las piedras es un refugio noble que no pide tributo alguno, en ellas puedo confiar todo mi desasosiego con un sólo gesto, ¡no hacen falta palabras, no hacen falta sacrificios...¡ Cuando cierro la piedra la luz se eclipsa en su interior y cuando dejo mi voluntad encerrada en aquel desierto de soledades me complazco de ser testimonio de lo sucedido y pasante del futuro. Así es de sencillo, trabajar para el olvido, siempre a la espera de que alguna cosa se escape por las fisuras del tiempo.

Ahora me complace hacer la obra en el territorio de nadie, en el desierto de los descreídos. Pienso trabajar sin descanso y sin desvivirme por las consideraciones de los demás, sin desear nada a cambio ni esperar otro cielo que no sea este azul que ven mis ojos.

jueves, 7 de marzo de 2013

Testimonio entre capas de tierra

Testimoni. Vespella de Gaià, 1995, Cera y tierra para guardar el secreto.

El secreto

Testimoni es una acción-escultura que realicé para Vespella de Gaià el año 1995. Se trata de una caja de cera y polvo de la misma roca que escavé para ocultarla. En aquella superficie arenosa escribí la ofrenda de un momento; eran palabras escritas sobre delgadas capas de tierra, voces que emergían de la mente con brevedad. Cada estrato formaba una superficie inmaculada y me brindaba la posibilidad de anotar mis pensamientos de manera precisa y libre. Escribía aquello que me dictaba el paisaje y seguidamente, con un tamiz volvía a poner otro manto de tierra del mismo color; ¡prodigiosamente el texto quedaba oculto! ¡Era sorprendente! los conceptos siempre hablaban de la ausencia, quedaban fundidos entre la presencia y la nada. Allí, otra vez constaté aquello que falta y nos interpela, ausencias que nos dejan sumergidos en la incertidumbre. Segundos después de la acción el texto ya no era visible, se había confundido en el polvo. Era una realidad oculta pero sabemos que estaba ahí, agazapada ante los ojos.

La parte no visible de las cosas nos habla en silencio, es una realidad física que no entendemos con la razón, captamos con los ojos de la piel y así penetran en nosotros. Son acciones sinuosas que asumimos sin pensar, están ahí y las sentimos sin querer; con el tiempo forman parte integrada e interferida de la mente y del cuerpo. El organismo se ha convertido en recipiente sensible, es la caja con memoria; ahora es el relicario que nos representa. Pensando en este asunto concluyo que estamos hechos de materia que tiembla y se agita entre ausencias y silencios.

La mente es una paradoja incontestable y tenemos que admitir que aunque algo se mueve ahí afuera, aunque el mundo tiene una existencia totalmente independiente e indiferente a la que nosotros podamos pensar, la realidad que entendemos siempre es mental, vibra entre impulsos neuronales. El mundo que entendemos solo existe en cuanto puede ser pensado y compartido. Ahora la palabra escrita esta dentro de la caja, somos testimonios y la hemos visto, pero nunca más la podremos descubrir. Aquella idea se ha anulado entre partículas del mismo significado, igual que se anulan los pensamientos cuando quedan interferidos por nuevos sentimientos. No podemos verlas y entonces rebotan en la memoria, saltan y nos asaltan entre sueños que ya no tienen entidad. Es como si apagáramos el interruptor de la mente y el universo entero quedara eclipsado. Esta realidad pensada se colapsa entre tinieblas, así nos reclama atención y queda  absorta aullando entre el misterio de las piedras. El texto ha quedado oculto tras una mancha negra; sombra que borra los recuerdos y todos los pensamientos.

Señuelo de lo real

La realidad y todo el complejo mecanismo de sus ocultaciones es uno de los propósitos mas quiméricos al que se enfrenta el hombre. Los conceptos, las hipótesis de trabajo, el aliento de las obras, son en realidad los que pueden iluminar algunas sombras; ¡pocas! Mis cajas pretenden definir los espacios imprecisos del secreto y lo hacen con las luces maleadas por los pre - juicios de que dispongo. Estas cuestiones son vitales en el planteamiento conceptual como escultor; pienso que vivo transido por la materia, inmerso en un propósito desconocido que se dibuja ante mi, sumergido en el error permanente, en la incertidumbre y la lucha por una causa imprecisa. ¡Se que la materia me soporta! Una obra reclama su voz. Al trabajar la idea arriesgo mis sentimientos, los expongo en un abismo en equilibrio peligroso. Al intervenir en la materia para presentar el concepto, presiento que un sólo paso en falso destrozará el sonido, el timbre de su voz y yo quedaré perdido...

Pienso que la esperanza de desvelar el secreto es quimérica y se confunde con el deseo de asumir y a la vez negar la muerte. Para mi estos temas son siempre los más difíciles de resolver, ya que constantemente se quedan en lecturas parciales, interpretaciones amañadas y en el mejor de los casos en anunciados expectantes a la espera de que reviertan en nuevas soluciones. Si es así, entonces encontramos obras que aparecen con pensamientos renovados, escenografías sociales nacientes, actitudes actualizadas que en algunos casos resultan vibrantes.

Realmente me confundo constantemente, el propósito de descarnar las entrañas del secreto es delirante y obsceno. A veces considero que es la presencia activa de un impulso residual primitivo, quizá la resaca del último banquete en el paraíso tras haber ingerido el veneno del árbol de la ciencia, tras haber agotado los zumos del bien y del mal y quedar extasiado en la pretensión del “saber consumado”. En realidad nos movemos en la ilusión de desvelar lo oculto, pero sólo nos queda el brillo amortiguado de un sueño anochecido y en él quedamos complacidos y engañados.

La realidad nos emborracha y marea, nos confunde y conduce por senderos esquivos; ¡trochas interminables! De esta manera no podremos saber nunca donde se ocultan las últimas fronteras, donde se funden los límites de la existencia y menos aún los motivos de sus permutaciones. Nunca podremos saber como funcionan sus íntimos misterios ya que ellos se repliegan ante los ojos.  La realidad huye con la nueva luz en los ojos, las palabras y los conceptos cambian de color, las verdades desaparecen.

La caja Testimoni me hace pensar en muchas otras cosas. Por ejemplo me intriga qué es lo que se oculta en el interior de una piedra, qué le dio forma y la redujo a la esencia en su disposición. Porqué el mundo es así y no de otra manera. Pienso que siempre estaremos perdidos, o encontrados, entre las hipótesis que aparecen y desaparecen ante los ojos.

Naturaleza misteriosa

El secreto que destila la naturaleza puede ser iluminado por la ciencia pero hay que revisarlo todo continuamente, cada generación esta obligada a repensarlo todo. Por ejemplo, las manipulaciones genéticas nos presentan el mecanismo de la vida como un juego de cortar y enganchar (collage), se puede cortar el gen de un pez del ártico, insertarlo entre el ADN de un tomate y ya tenemos un fruto que soporta el frío del congelador por dos meses. Remix maravilloso, pero ingobernable, nunca es predecible y también es así en la actividad estética. El cuadro de colores que desprende el rojo del tomate se interfiere con las luces chispeantes y transparentes del pez y nos carga de asombro. Los colores, las formas, los matices y contrastes llegan a la retina la cual se agita y la transmite en forma de impulsos al cerebro. Son las voces de un código secreto que inunda el cuerpo de sensaciones, impulsos que no podemos determinar; requiebro de emociones que tampoco se pueden prefijar con palabras. Es la expresión de la incertidumbre que aglutina las consecuencias futuras del tomate manipulado y nos anuncia que la realidad se esconde como el texto debajo de las capas de tierra; no sabemos nada de lo que puede suceder, menos aún cual será la evolución del contexto.

De la naturaleza recibimos una lluvia de mensajes que la conciencia no puede procesar, pero estos anunciados se cuelan lentamente y se posan en la base del pensamiento. Son las palabras, los pensamientos y sentimientos que el paisaje ha escrito sobre nuestro cuerpo material. Su voz dormita sobre las partículas y moléculas que nos forman; en ellas palpita el susurro del roble, el murmullo del río. Somos sus creaciones naturales, de aquí que estemos poseídos por el paisaje, por la tierra que nos vio nacer. Somos hijos de la tierra, cristales gigantes, herederos del saber de las plantas y los cascotes de la pendiente. Nos toca ser administradores del palpitar de la vida, vivir en sus armonías o fenecer de soledad y abandono, por todo ello nos vemos obligados a asumir un compromiso ético. Ahora tenemos que modificar la conducta aunque en ello se tenga que esfumar el imaginario que fermenta nuestras ideas, el dulce sueño de un paraíso virtual. La naturaleza nos remienda y descose cada día; ¡así se teje nuestra realidad mental…! Escribimos nuestras certidumbres en un paño de tierra inmaculada y sus contenidos se esfuman al instante o bien se presentan como una realidad interferida y abierta.

lunes, 25 de febrero de 2013

Hildegarda de Bingen



Una de las revelaciones de Hildegarda en la cual el hombre es el centro del universo. Una anticipación a la propuesta de Leonardo da Vinci.

Hildegarda de Bingen.

Desde muy joven, Hildegarda tuvo una constitución física débil, su cuerpo sufría y su mente empezó a experimentar visiones lacerantes. Nació en Bermersheim en el valle del Rin durante el verano del año 1098 y desde el comienzo de su vida su familia la consideró una ofrenda a Dios. Su vida se programó para ser un voto sagrado y cuando ella tomó conciencia de este hecho, en 1141, le acontecieron los episodios visionarios más sorprendentes. Cuando tenía 42 años percibió el murmullo de una piedra hasta hacerle temblar el alma… Experimentó una teofanía integral, reveladora y escuchó la voz de dios que le pedía que escribiera todas sus visiones en libertad y plenitud de consciencia.

-Oh débil ser, residuo de pensamientos y materia en podredumbre: habla, canta y escribe lo que escuchas sin oídos-

En aquel momento decidió que debía intensificar su actividad y escribir sus visiones, dejar en testimonio aquello que su mente era capaz de imaginar; su cometido era traducir los susurros del mundo. Fue de esta manera como Hildegarda constató que podía saber con la intuición mucho más allá de lo que procura el conocimiento. Describió sus visiones y las presentó en bellos dibujos, algunos se convertían en ejemplos de las enseñas astrológicas de la Antigüedad; a pequeña escala el hombre era un reflejo del Universo.

La verdad revelada fue la piedra luminosa de su mente, de esta manera desplegó sus revelaciones en el campo de la medicina, la teología, la filosofía, la medicina, la poesía, el canto y la música.

Entre sus visiones encontró el lenguaje del sagrado e inventó un código con signos gráficos propios para describir lo que el cielo le mostraba. Fue un anticipo de lo que siglos más tarde sería el esperanto; es por este hecho que se le considera la protectora de los esperantistas.
A partir de entonces, Hildegarda escribió sin cesar, redactó sus experiencias, las consultó y las hizo corregir por los mejores latinistas de la época. Entre sus libros destacados se encuentra “Conoce los caminos” (Scivias), una obra rica en ilustraciones y descripciones de cómo ella veía el mundo con los ojos del espíritu. Cito aquí unas palabras que la describen en sus momentos de aprendizaje…

-… estoy interiormente turbada, me acosa una visión, se ha aparecido como una revelación divina. La entiendo así por que no la he visto con mis ojos, sino con el espíritu. Desde mi infancia he contemplado cosas asombrosas, misterios incontables que mi boca no puede expresar. El Espíritu me ha enseñado que las debo creer y así las escribo.
Esta visión ha tocado mi corazón y mi alma; como una llama quemante se ha tatuado en mi. ¡De esta manera me han sido mostradas cosas profundas...!-

También en 1148 y sin haber concluido la redacción del Scivias, una visión la hizo concebir la idea del retiro a un territorio pobre de recursos y crear un lugar para la gloria del espíritu humano. Allí fundó un monasterio, era la colina de san Ruperto (Rupertsberg), cerca de Bingen al oeste del río Rin, justo en la desembocadura del Nahe. Llegó a ser un lugar especial para la educación y recogimiento espiritual de las mujeres, de esta manera podían emanciparse de los monjes de Disibodenberg. En aquel lugar de tierras baldías, Hildegarda tomó el canto femenino como la voz de Dios y entre aquellas bóvedas se elevaron solemnes como lamentos del alma. Son cánticos presentidos que estremecen los sentimientos hasta dejarlos rendidos, cánticos que todavía nos emocionan después de 800 años. El timbre de aquellas voces inspiradas y marginadas, fue una aportación sin mácula, la autentica voz de las sibilas del Rin.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La madre



La piedad de Roma. Basílica de San pedro. Miguel Ángel Buonarroti. 1499. mármol de Carrara. 

La madre como arquetipo

Se deduce que para el pueblo judío todos los humanos somos descendientes de Eva, la primera madre y en su ascendencia más cercana, Joaquín, el padre de María, se le asocia al linaje del rey David. Son suposiciones lógicas que comprimen los textos bíblicos, los apócrifos y las intenciones personales con miles de años de historia y de esta manera me obligan a “interpretar los relatados” escritos por personas que no estaban allí cuando María quedó en cinta. Al sintetizar la información y crear metáforas para abarcar los contenidos del personaje se puede perder el hilo de lo que sucedió y debido al inmenso caudal de poder que adquirió el cristianismo después del siglo IV, hasta se puede aceptar que haya “alguna” invención de “cierta relevancia”. No puede ser de otra manera ya que cuando Constantino I aceptó el cristianismo como religión del imperio y se convocó el concilio de Nicea en el 325, las controversias en la fe eran de diversa índole, especialmente estaba enquistada la naturaleza divina de Jesús; María sólo era una referencia desatendida.
El cristianismo sufrió una dura represión en los primeros tiempos, eso junto al ofrecimiento de una esperanza en un mundo que vivía sin ella los llevó al poder, pero ha sido una religión eminentemente masculina, donde la imagen de la Madre no apareció hasta muy tarde y la figura de Magdalena, quizá esposa de Jesús, quedó mancillada con los “pecados” de la lujuria. Hasta hace muy poco se corregían los “desvíos de la mujer” en los asilos de la Magdalena en Irlanda.  Este es el hecho más curioso y a su vez sospechoso, ya que fueron ellas las últimas que estuvieron con Jesús en el calvario, en el entierro y en la supuesta resurrección.
En Nicea se decidió unificar criterios evangélicos, se reguló aquello que era canónico y se consideró apócrifo los textos que no eran “oportunos”, muchos de ellos se consideraron herejías y fueron quemados los documentos y los herejes. Así se "ordenó" el discurso pero no se acordó nada que tuviera que ver con la verdad de María, nada que pudiera alumbrar aquello que provocó y las energías humanas que despertó más tarde. Cuando la iglesia ya estaba en la cumbre del poder, se entronizó su figura en los salones celestiales, escenarios iluminados por la fe y naturalmente fuera de toda discusión posible.
Por las ausencias en el trato a la mujer y por narraciones laudatorias, escritas siglos después de los hechos, podemos entender que en realidad son interpretaciones comprometidas que mitifican los personajes y vierten historias que se encadenan como secuencias prodigiosas. Quizá María trata de verdades presentidas, voluntades inconscientes que abren puertas vitales en la psique humana, insinuaciones entre los impulsos esenciales que a base de repetirlos se configuran como la base de la  realidad sentida. Pienso que es así como apareció el arquetipo de la madre y como pervive en el corazón humano al margen de la creencias religiosas.
Ahora María se nos presenta como una creación literaria, una obra colectiva y un paradigma fundamental, pero el personaje histórico se funde en el papel de la madre reproductora.
Su ubicación y valoración en el tiempo fue tardía, pero la necesidad espiritual de la madre ya existía, ya estaba su lecho abierto, era un hueco activo en la mente. Su recuperación fue motivada por necesidad, la fe se estaba expandiendo y había que crear lugares santos, poseer reliquias y comerciar con lo sagrado. Su recuperación estuvo motivada por la codicia y el deseo de expansión mesiánico, eso la hizo resurgir para acomodarse a rituales antiguos dedicados a la figura de la diosa madre. Todo esto nos hace pensar en la “falsedad” de la historia que relatan los hombres, todo el pensamiento es un tejido colectivo. Ahora pregunto: cómo es que para los que narraron los detalles más prolijos de los milagros de Jesús, en su momento no dejaron una pequeña señal en la tumba de María; ¡tan poco valía su cuerpo y el peso de su alma!
No obstante las razonables dudas sobre la tramoya cristiana sigo siendo mariano, pienso que su presencia es muy anterior al cristianismo y su lugar en la mente humana es consustancial con el misterio de la vida; los hechos son indiscutibles. María ha adoptado todas las figuras de la psicología humana y ha coronado con nombres propios sentimientos y sufrimientos femeninos hasta dejarlos grabados en la conducta. María es la figura femenina más influyente en la humanidad y su legado de obediencia y sufrimiento nos deja un patrimonio incalculable para interpretar el transito de la existencia.
Como mujer histórica enseñó el espinoso camino del calvario; la sumisión y el deber que destila su figura ha sido el castigo que le ha impuesto la moral de los hombres. Como divina se le adjudica ser el vientre de Dios y la madre de todos los seres humanos, de tener desposorios celestiales y concepciones milagrosas... Un cúmulo de alucinaciónes, una paranoia que sufrió y contagió a personas espiritualmente delicadas, entre ellas a Hildegarda de Bingen, la mente más lúcida de la baja edad media que llegó a afirmar que una luz celestial le hizo temblar el alma, a Teresa de Jesús que tenía arrebatos de amor y desplegó una energía asombrosa en beneficio de la mujer religiosa, a Helena Kowalska, la monja que tuvo la mayor correspondencia íntima con Jesús y vivió los dolores del infierno, a Sor María Teresa de la Santísima Trinidad… la que se crucificaba para igualar a Jesús en el dolor. A cambio, Teresa recibía palabras dulces y consoladores deleites de los ojos de Dios. El Señor la acariciaba con amables éxtasis y enajenaciones que explicaba con cierta turbación y para detenerme en este sin vivir del alma humana, reseño a  Bernadette Soubirous,  que se le apareció la virgen en forma de luz y manantial de agua sanadora en Lourdes.
A estas mujeres extraordinarias les siguen una retahíla interminable de beatas, os, monjas y frailes, todos fascinados por su carita de niña más que por el contenido espiritual que proyecta. También María nos dio el dolor adicional de todas las madres, ella perdió a su hijo con los agravantes de la tortura, hecho que le fue anunciado previamente por Simeón; “Una espada traspasará tu alma" En la madurez de su vida quedó separada de sus hijos por cuestiones de fe, a pesar de su numerosa descendencia tuvo que terminar sus días con Juan, Jesús en la cruz lo designó así. “Mujer he ahí a tu hijo. Como esposa no se sabe gran cosa, se la representa recatada, ausente, vaporosa, madre abundante y poco hacendosa, solo se remarcan sus dedicaciones a la oración y es celebrada como hecho extraordinario la visita a casa de su prima Isabel que compartía con ella las visitas y anunciaciones de Gabriel.
Como divinidad ascendió a los cielos en cuerpo y alma, hecho inexplicable que le dio la inmortalidad y pervive a la destrucción del tiempo. Exhortación inspirada que cubre de gloria a un cuerpo abandonado durante cuatro siglos. Paradoja que nos habla de lo posible e imposible confundido entre el poder y las intenciones de la mente.

Paradojas
María ha puesto en la boca de poetas y teólogos expresiones soberbias y paradojas sin fin, de esta manera se ha creado un torrente de palabras que tienen especial sentido dentro del lenguaje de los creyentes.
Castán Lacoma hizo un ejercicio memorable, reunió las combinaciones conceptuales que la unían al misterio de Dios. Estos contrasentidos hacen referencia al extraordinario valor que reúne la maternidad de María, es decir, por ser el arquetipo de la madre de todos los tiempos.

María es pues:
la que existió antes que Dios,
la que dio el ser al creador de todo,
la que sostuvo al que todo lo sustenta,
la que engendró al mismo ser que la creó,
la que cuidó al Dios que nos cuida a todos,
la que tocó los confines de quien no tiene fin
la que encerró en su seno lo Inmenso e Infinito,
la que cuidó como madre a aquel que todo lo ve,
la que tuvo en su vientre a quien no cabe en el mundo,

Esta circunstancia extraordinaria ha inspirado escritores, músicos, cantantes, pintores y escultores en los últimos 1800 años. Su influencia no ha dejado de crecer y ha expandido su presencia por toda la tierra. Sobre María se han escrito más de 2500 libros y se ha aparecido en multitud de ocasiones. Recientemente se encuentra en Egipto, concretamente en el Cairo donde los cristianos coptos tienen problemas con la pujanza musulmana. Entre otros lugares se apareció en mi pueblo, Ejea de los Caballeros, (Zaragoza), fue en el siglo XII, procedía del monasterio de la Oliva en Carcastillo (Navarra), y vino a ahuyentar una epidemias que asolaban la población y a echarles una mano a los cristianos que luchaban contra los moros en la batalla de Luchan, (1105). Los navarros vinieron varias veces a por la Virgen pero ella volvía a la Villa de manera tozuda. Aparecía en aquel agujero abierto entre una losa de piedra y buro. Así fue hasta que le hicieron allí un pequeño oratorio; ya con el tiempo, aceptada como patrona, en el S. XVIII, se levantó la iglesia que todavía podemos visitar.

Así me lo relató D. Miguel…