domingo, 21 de abril de 2013

Los ojos y el deseo

Con el macuto a cuestas caminaba por una cantera del Garraf. 1974

Los ojos y el deseo

Mi voluntad en aquellos días estaba anhelante, los ojos y el deseo estaban especialmente atentos a los signos que desprendía la naturaleza; ella se mostraba limpia, espontánea, generosa y cruel; ¡todo lo hacía sin ornamento alguno! Yo tenía 26 años y quería ver las cosas como son, sin abalorios ni afectaciones; sigo esa senda, vivo comprometido y sin aderezos. La fuerza del deseo, la voluntad por aprender me tenia cautivo pero no sabía qué hacer, sólo hacía rayas en el suelo, círculos en el aire y mirar y asombrarme ante el espectáculo del mundo…
Aquel día me confundí dentro de un hueco en la tierra, una cantera había devorado media colina y en aquella herida desproporcionada estábamos todos los actores presentes. Con un despliegue oculto hablaba la montaña, los árboles oscilaban con infinitos requiebros, la luz deslumbraba hasta dañar los ojos, el viento trenzaba la piel y las rocas dejaban caer su gravedad sobre los hombros… Todos estábamos a cuerpo descubierto y todo se presentaba tejido en aquello que más tarde denominé realidad presentida o realidad estética.

La herida supuraba el dolor de la tierra y me golpeó de frente.

Aquel día hice un trayecto largo, ¡incalculable! Hoy pienso que di un paseo por el cielo, una zancada de gigante al definir aquello que llegó a ser importante en mi trabajo; “encontré la orientación oculta y la reconocí al instante”. En el ámbito experimental comprendí lo fundamental y desprecié lo aleatorio; “descubrí” que el arte es un lenguaje subsidiario de la naturaleza. Acepte de grado determinados valores que deseaba aplicar en la obra y algunos se han mantenido hasta hoy; la cualidad que habita íntegra en la materia y la sencillez de las formas. Intuí que buscar la luz es una pretensión fatua y que donde podemos sentirnos es precisamente en la oscuridad de los motivos y en el esfuerzo de desvelarlos. Al hacerlo así nos encontramos de frente con la cara oculta del ser; ¡ahí nos hacemos! Podríamos afirmar que en el ir haciendo nos damos...
Manifiesto que he trabajado enérgicamente en esa dirección, que en algunas ocasiones he pisado la “roca madre, la caverna deseada” y me he sentido reconciliado con los momentos y hallazgos encontrados. L’anell de pedra y la Capilla Turkana son obras que me justifican, ellas dan sentido a mi desasosiego. Otras me dejan intranquilo, sé que el aliento primigenio no respira en ellas. He tenido distracciones y en algunos momentos falta de fortaleza moral; lo siento mucho, mi trabajo no versa sobre la bondad humana. En el viaje no he tenido la voluntad necesaria, tampoco buenos consejeros y los más cercanos; ¡ay, los más cercanos, nos hemos hecho daño! No me han visto o se han sentido ultrajados por mi manera de verterme al mundo. He crecido solo ya que era como una planta en el estero y tenía que crecer, ¡sin pretenderlo han pasado los años! Sin recursos he caminado en solitario, recluido en mi y sin cesar he volteado la tierra y aunque he tenido especial interés por ordenar los papeles, mi falta de formación ha dejando muchas cosas sin concluir; siento con pesar mis deficiencias, son azogue diáfano que hoy enturbia mi trabajo.

sábado, 20 de abril de 2013

La fita grande. Sant Andreu de la Barca. 1974, 120 x 040 x040 cm.

El ser, la piedra erguida

En el espacio que envuelve nuestra vida siempre está presente el espejo del mundo, nunca lo vemos con
claridad, está empañado con nuestro aliento y siempre estamos ocupados en cuestiones colaterales, en señuelos que nos mantienen ciegos. La fita señaló el lugar y los signos que se mostraron a los sentidos quedaron en mi mente, allí duermen y los tomo ahora para hacerlos presentes. En aquel momento yo no estaba preparado para asumir la propuesta, fui un testimonio abierto al devenir y así se fue desplegando en la conciencia poco a poco; ¡ahora es realidad en la Comella!

¡Allí, como ella, fui la piedra erguida por un instante, tan sólo por un instante!

En la cueva del Garraf el hito inhiesto que mira por la ventana se encontraba en la fase inicial, era espacio vacío que clama en la mente. Me hallaba confundido, desinformado y anhelante; ¡en aquel lugar inicié un camino interminable...! Perfectamente podía dejar las cosas como estaban y dedicarme a otros menesteres; ¡todas las sendas eran posibles! Escogí el camino que he recorrido y eso hizo efectivas mis quimeras, mis incertidumbres e ilusiones. Pienso que fue un impulso providencial en el momento justo, estaba allí y quise ver el tramo que le faltaba...
En la vida actuamos por decisiones no meditadas, caminamos a ciegas pero escogemos una dirección y en ella nos recreamos, nos hacemos pensamiento lentamente y fluimos en el tránsito de los días. Somos aliento transido en la obra, esta, una vez liberada, ya no nos pertenece, se hace polvo entre olvidos o en algunos casos inspiración colectiva…

Sin necesidad aclaratoria, sin el juego de las palabras, el aire traía el mensaje como el sol trae los albores por la grieta sinuosa. La luz deslumbrante siempre ciega, la sinuosa destila las ideas en una comunicación profunda, esos resplandores estaban allí para ser atendidos y se hicieron ver con la misma facilidad que se hace el acto de respirar. Captar el sentido de las cosas era para mí la épica del instante; resonancia existencial que se hizo aliento presente y ha sido guía perdurable en las horas de vacilaciones…

Como escultor esta experiencia fue el mejor pago recibido, la que me ha dado fuerza y me ha ayudado a vivir. En el resto de mis ocupaciones, en mi condición de hombre que ha de relacionarse con los demás, casi siempre he encontrado dolor y desconsuelo…
Todo el trabajo que he realizado fue motivado por el impulso de aquel instante; ¡vivir en aquel sentirse piedra, fita que ocupa el lugar!
En aquellos segundos nació una idea, una manera de vivir, a ella me siento unido…

lunes, 15 de abril de 2013

Acecho

Cajas al acecho. Rincones para personas buenas. Piedra arenisca de Osona.  9 unidades. Medidas variables. 2013

Acecho
La escultura es una verdad al acecho y como todo lo que destila misterio en la vida ha de contener una brizna de reserva, cierta naturaleza desconocida; pienso que un encuentro frontal con el secreto sería desastroso. La obra ha de ser un vehículo para recordarnos que somos naturaleza efímera; ¡el soplo de un instante! Ella lo es todo, en un segundo muestra el trayecto recorrido y ya sin voz revela el tiempo pasado. Así, en un giro repentino, se descubre y presenta todo rasgo evolutivo y también los estadios pre-racionales; es entonces que los presentimientos se hacen evidentes.

Entendido así el arte tiende a conectarnos con la vibración silenciosa y las verdades ocultas, con las hierofanías que describe Mircea Eliade en Lo sagrado y lo profano. La obra si está viva respira el aliento de la eternidad, es decir, se comunica con todo aquello que transpira lo esencial y nos relaciona con el mundo de manera sincrónica. En un instante formamos parte de su universo emocional y encontramos la unión con aquello incomprensible que representa. Es por ello que la expresión creadora no puede hacer evidente aquello que muestra, siempre ha de insinuarse, camuflarse entre sombras. No decir nada pero con la vocación de afirmar una verdad que se oculta a la vez que se presenta en todo su esplendor.

El encuentro con el saber mistérico, la comunión con el sustrato material, se encuentra fundido con el aliento, el impulso inteligente. Él es el que seduce a la razón y con hálito inmaterial nos perturba al insinuar como se ha construido el mundo. La creación artística y las aportaciones conceptuales y formales que desarrolla, construyen puertas de entrada a realidades nuevas, y a la vez, responden a impulsos humanos que son siempre los mismos. Pienso que las buenas obras han de ser iniciáticas, por lo tanto transformadoras de la sensibilidad humana. Han de configurar espacios que nos articulen y conecten con la unidad primordial, la base de todo lo formado. Somos en la materia y en ella nos damos, en sus infinitas figuraciones nos sentimos y también formamos parte de su capacidad creadora. Nos envuelve su evolución y la fuerza regeneradora que activan las primaveras; ¡somos en el tiempo! Son ellas las que crean los lazos profundos entre la sensibilidad humana y el espíritu que destilan los sucesos, los cuales se dan libremente, se encuentran en la naturaleza en estado salvaje y sin censura.
La obra transpira un soplo comunicante y atrapa con gravedad la sonrisa de una piedra; nos pone en contacto con ella sin decirnos nada. También lo hace con aquello absoluto que habita fuera del objeto, fuera de todo lo concreto, lo que queda cosido entre las formas y las palabras.

Pienso yo, que las grandes estéticas nos sumergen en el orden implicado, el que queda inscrito en la cara oscura de la materia y resuena en aquello que palpita dentro de los procesos de cada sistema vivo.

Todo esto aparece ante los ojos como excesivamente complejo, pero en realidad es sencillo. Constatamos que las personas tenemos la capacidad para aprender, para sorprendernos, emocionarnos, reír y llorar. Si una obra actúa sobre nosotros, si opera sutilmente y nos saca del hastío, si nos inquieta y matiza el pensamiento, algo vivo e inteligente hay en ella. Si el timbre de su voz no nos deja indiferentes o excesivamente complacidos, algo vital puede crecer entre nosotros y así devenirse en realidad nueva.

sábado, 13 de abril de 2013

Destino

Acción de escribir y negar lo que se escribe. 1992 Castellvell del Camp

Destino
El año 1988 después de haber leído algunos textos sobre "la deconstrucción", conceptos que Derrida dejó disueltos en el aire y que en algunos casos llegaron a contaminar el lenguaje hasta la obsesión, hice la obra "Destino". La idea era similar a algunas acciones que había realizado anteriormente, concretamente en la década de los setenta, obras que referiré en otro lugar si viene a cuento. Quise incluir en el trabajo el valor de la acción, también el hecho de construir y el imponderable de la destrucción. Ahí quise actuar sin objetivos concretos y afianzar el concepto en la pura repetición, una trabajo inútil que me conducía al agotamiento. El concepto derridiano quedó suspendido, perdido entre el hacerse y el destruirse, era como una parálisis en movimiento.
Miedo a la permanencia, -digo yo...!- quizá elogio al olvido... mejor pensar que quedó como una espada en el aire; ¡siempre amenazante!
Es el castigo que sufrió Sísifo portando su piedra ladera arriba, después verla rodar ladera abajo y volver a empezar con la dolorosa carga de siempre. Una acción desesperada en busca del destino, repetición absurda y obligada en toda la actividad humana. "Destino" es una pieza unida a las leyes de la entropía, a los conceptos de repetición, a los factores que el tiempo impone en la evolución de las cosas. Destino, como obra, niega el relieve que juega el presente sobre los acontecimientos futuros y presenta la acción sometida al flujo ciego del instante.

La obra tiene dos tiempos, la razón elabora el concepto y lo centra en la palabra destino, la mano, con un palo largo ejecuta la acción y graba en la playa la palabra. "Destino", Seguidamente el tiempo actúa, pasa una ola y la acción del agua borra el contenido. Como una condena se vuelve a escribir una y mil veces la misma palabra sobre la línea de costa, "Destino", "Destino"..., igual que Sísifo, empujando la misma piedra, el resultado es siempre el mismo, el tiempo nos condena al olvido a una memoria oculta, borrada, a una existencia sin referentes.

En éste caso se trataba de asegurar mi destino en la línea móvil, en el horizonte de los cambios, manteniendo activo el principio de incertidumbre. Escogí el lugar en la playa de Tamarit, entre la tierra y el agua, justo donde se forma la más virulenta de las leyes, la de las permutaciones, donde las fuerzas débiles también son disueltas en el caos y todo queda sumergido en un remolino de aliento, de agua y tierra.
Escribía una y otra vez la palabra "DESTINO" y el agua la borraba al instante. Nunca tuve la conciencia tan clara de la fragilidad del ser humano y sobretodo, de la fugacidad de la existencia.
¡Que placer ver en piedra Las siete sillas de Mérida¡ Por lo menos sé que me sobrevivirán, pero, algún día, también quedaran absorbidas por el remolino resplandeciente de Ahná;
¡Todo es cuestión de tiempo¡

lunes, 8 de abril de 2013

El barro

La voz del agua sobre la arena. La playa de La concha quedó expresada de esta manera. S. Sebastián. 1982. El orden, igual que el desorden, es patrimonio de la dinámica del mundo.

El barro
El barro primordial no fue bíblico, fue materia inerte cansada, agotada de ser lo que era y se dispuso a ser el tosco cemento del primer escultor; el Dios molécula, el Padre protozoo. Primero el barro se miró ensimismado y empezó a temblar al constatar que era perezoso, que su alma no era nada. Ni un sólo recuerdo la habitaba ya que no tenía mente para pensarse. ¡La soledad de ese momento debió ser conmovedora! Después, sin apasionarse y probablemente sin pretensión, se reveló inteligente y empezó a crear variables de las huevas que se replican solas; entonces vino el milagro y lentamente, las múltiples formas de vida poblaron la tierra. Más tarde el barro fue fósil inteligente que espera en la laguna, que duerme y se despierta a golpes de martillo en la roca o se contiene oculto y permanente en la montaña. Hoy es memoria virtual en un disco duro que despliega todas las estrategias del pensamiento. Disco que se formatea y se llena a cada instante y lo hace con los vestigios que deja la acción de la vida.

El barro primario es hoy un espacio laico donde se guarda la acción del tiempo; allí queda impreso en forma de libro. También la substancia vital de la creación es generada desde el mismo lugar, pienso que en la matriz del limo se oculta todo. Sin intención actúa, sin proyecto alguno se encarga de retener la información y reproducirla. ¡Es una Epifanía que emociona! Las partículas que forman el polen se disponen y se determinan, se unen y son transportadas por el viento, vibradas por la luz y animadas por los rastros de la lluvia. Los gránulos beben en la tierra, se calientan con el sol y despiertan en las orillas del río en forma de huevas expectantes. Estas acciones y muchas otras son las que crean la forma resultante; de la materia nace un concepto nuevo, la vida como laguna repoblada, lecho de lo que fuimos y embrión que ha configurado el mundo que vemos. De la caótica arcilla nacen y fenecen las especies vivas y por añadidura brotan nuestras observaciones. Quizá es la materia que espera el momento de animarse y tomar la palabra; entonces la piedra se yergue y pronuncia su nombre, después se hace semilla sedienta que aguarda el azar para caer en el surco. Así, con el tiempo, un “mono” lémur se desmaya y cae al fondo de una sima, allí encuentra el lecho de limo y con el tiempo se hace piedra. Un caracol se arrastra por el légamo, se duerme y allí quedan registrados todos los detalles de su cuerpo. Una hoja navega por el río, apacible llega a la laguna y queda quieta, atrapada en el fango; sin querer se hace memoria de su tiempo.

La materia se ha revelado y se observa. Aquí merece la pena recordar las palabras de Heráclito, ( La misma cosa está en nosotros cuando estamos vivos y cuando estamos muertos, despiertos o dormidos; porque éstas cosas dándoles la vuelta son aquellas y dándoles otro giro son otra vez éstas) Frag. LXXXVIII.

Deseo entender las palabras de Heráclito des de la perspectiva de nuestra época, y para ello he de vaciarlas de una connotación sagrada que él impregnaba a su discurso. Su preocupación estaba centrada en el conocimiento de las leyes profundas de la naturaleza, lo que sorprende de sus aciertos es como podía hacerlo comprensible a la razón con el único instrumento que tenia a su alcance, la observación, la palabra que ilumina la idea, el concepto que perfecciona una dimensión interior: la intuición. Todo queda bañado de una luz nueva que justito pueden ver los ojos.

Otra vez las siete sillas.

Las siete sillas son una pequeña porción de la historia de la ciudad de Mérida y el libro de barro una metáfora del dulce juego de la vida. Dice la tradición popular que los árabes se sentaban en los siete salientes del anfiteatro romano para parlamentar. Esa es la excusa del nombre y la función es la de retomar el libro como contenedor de memorias emulando el subsuelo de la ciudad.

La obra confía en el valor de la palabra, en los textos escritos, en los hitos de piedra. Recuperación de la memoria a través de los topónimos, de las imágenes, de los restos fósiles, de las señales que nacen a la luz. Todo eso está ahí porque los sentidos nos llenan de sorpresa y asombro. Todo eso está ahí porque su esencia es oculta y nos presenta el misterio; ahí la mirada queda cautiva. La constatación de su labor nos demuestra las realidades presentidas.

Si la "voluntad" de la materia va dirigida a crear capacidades, si estas nos proporcionan recursos para ver las cosas, hacerlo con atención es el logro de la aventura de la vida. El mundo entero se degusta con placer, las cosas más simples nos llenan espiritualmente y la muerte no es un abismo al que caemos empujados por la fuerza del destino. Es el regreso al barro, al seno de la memoria eterna; en realidad se trata de un baño de verano entre violetas.

¡Que más queremos¡

viernes, 5 de abril de 2013

Naturaleza y pensamiento

Las piedras del consuelo. Piedra arenisca de Vinaixa. 2005-2006, 320x320x320. La Comella.

Naturaleza y pensamiento

La tierra es una paradoja inquietante, es un evento vivo que nos hace bailar entre su cuerpo vibrante, es una propuesta terminal que jira sin cesar para mantenerse estable. En sus volteos nos dice que tenemos que llevar su ritmo y no detenernos nunca, si lo hacemos quedaremos paralizados al instante; ¡disueltos entre los rayos de luz!
En el basto universo la tierra es un lugar débil, desamparado, castigado y solitario que se ha convertido en nuestro hogar. En ella viajamos confiados por este lado de la galaxia y no vemos que ella es el único cielo que nos ha tocado en suerte. No la entendemos, no la cuidamos ni respetamos y nos desvivimos por sangrar sus tesoros, ¡la voracidad nos disloca! Como en muchas otras cosas vivimos en un estado de ansiedad permanente; ¡así no podemos tener la casa ordenada!

Nuestro mundo se presenta como un misterio: vemos el cauce del río, pero no interpretamos bien las acción que provoca en la vida. Disfrutamos de la nieve en la montaña, pero no observamos que ella supone las reserva hídricas del verano. Nos complace viajar y ver todas las facetas de su rostro; incansables damos vueltas a la tierra para tener la sensación de que somos estrellas rutilantes. El mundo se ha hecho pequeño y lo hemos puesto en una situación de peligro. Nuestra actitud es insoportable y estamos perdiendo la unidad, el ritmo con el latido del planeta. Hemos perdido el respeto y la conciencia de que somos parte de él. Sin sus alimentos vitales, sin su soporte material, feneceremos irremediablemente.

Los antiguos tenían una relación más respetuosa, también la escala de agresiones era menor; ¡era un daño soportable! Entonces pensaban que era un ser vivo redondo y con pelos cuyas hebras las formaban las plantas, también pensaban que Dios hizo el mundo en una semana lo que le daba un sentido de obra divina y respetable; ¡en ella teníamos un lugar…!

Actualmente la teoría del caos plantea una hipótesis más controvertida, nos dice que todo, absolutamente todo, esta sometido a una ley que al interactuar modela la realidad que percibimos; ¡el caos es creador! Otras teorías nos hablan de la simbiosis de las formas vivas y nos aclaran que todo fluye buscando las correspondencias; todo queda sometido a la necesidad y la función. De su respuesta acertada, equilibrada, emerge un orden que se regula automáticamente; ¡no hay que preocuparse!

Pienso que la tierra es otro libro de narraciones interminables, tiene escrita en las diferentes capas de la piel la historia de aquello que ha vivido y podemos hacer infinidad de lecturas de las historias que presenta. Podemos constatar que en su proceso la tierra se ha destruido varias veces y que la vida ha tenido que reinventarse, adaptarse a situaciones nuevas; ¡nada es definitivo! Así lo constatamos al escuchar su canción en los huecos de la montaña, al mirar un resto fósil y visionar su particular forma de existir.

Cuando observo los signos que describe la naturaleza, siento como la voz de la materia es presente, el rastro fosilizado de las formas vivas ha dejado su huella en una roca calcárea y situarme en su tiempo me causa una gran melancolía. Estas lecturas son instantáneas y las hago sin ningún propósito científico; en el pensamiento juego con ellas, las acaricio y empiezo a sentir su voces. Entonces me inunda una sensación de abandono, de ternura y congoja, algo profundo me duele y la dulce poesía del pasado se expone ante mi permanentemente. Es una percepción directa, plena, holística y estética; ¡así la siento!

Quizá nos espante, nos “aterre” la rigurosa ley de la tierra, nos asuste la naturaleza oscura de su voz y con un espasmo quedamos perdidos entre vibraciones temerosas. Tenemos recelo a sus grandes espectáculos donde las leyes se expresan con rigor. Nos asusta la potencia del tornado, la cadencia del paisaje, la melancolía de la tarde, la fuerza de un terremoto y especialmente, ahora tememos su fragilidad. Por el contrario las sensaciones son de placer ante las emisiones débiles; aquellas que proyectan un grano de arena aislado de la inmensidad del desierto, un fósil en una vitrina, una hoja arrastrada por el viento. Sentimos el rumor del río, la suave brisa de las olas, el olor de la lluvia y el calor del sol al despuntar el alba; ¡ahí nos emocionamos! En ocasiones podemos ver como una pluma desvía el curso de un río y nos causa asombro el poder de los pequeños gestos. Observamos los cambios con placer. Contemplamos como un hecho estético aquellos que emite una suave ráfaga de viento. Por la mañana, nos emociona la belleza de una gota de agua que pende de una hebra de hierba. Una gota de agua es un espectáculo sorprendente que se escapa a la percepción cotidiana. La gota es una lente esférica que emite toda la luz que recibe. Entre otras cualidades refleja las cosas de su entorno y las proyecta movida por la fuerza sensible de una ley natural, la refracción de la luz. La refracta totalmente y la envía al infinito en forma de presencias luminosas. Así hace pervivir el instante de todo aquello que le rodea y lo envía hacia el telón de fondo; ¡es un viaje estelar! Nuestro mundo visible viaja a la velocidad de la luz y se expande en todas las direcciones.

Todo esto lo he explicado de manera muy breve, pero la conciencia del fenómeno lo convierte en un gran espectáculo y para vivirlo con intensidad se ha de experimentar primero y se ha de leer con paciencia. Los niños saben hacerlo muy bien y estoy seguro que no tendrían ninguna duda en escribir ahí sus fantasías, que es lo mismo que cincelar su testamento. En una gota de agua se mecen sus sueños, o bien susurran sus esperanzas dentro del libro de barro.

Muchos intelectuales, profesores y pensadores honestos piensan que el hombre ya está más allá de la naturaleza, que hemos conseguido producir nuestro propio hábitat a través de la cultura y que todo aquello que nos rodea es fruto de la acción humana.

Yo pienso que no hemos variado el rumbo original y tengo el presentimiento que todo es obra de las estrategias y los simulacros que nos hacen medrar. Si nuestras ideas son la herencia de lo pensado, el señuelo se lo “real”, es que ya hemos sucumbido en la trampa del pensamiento y vivimos fuera del corazón del mundo. Si es así no hay que temer nada, el mayor castigo está en marcha y es inevitable el ocaso…

El mundo es una imagen virtual que hemos creado para explicarnos como deseamos que sean las cosas y parece ser que el final es un mal que tenemos que evitar con todos los medios a nuestro alcance. Pienso que estamos cegados por las fantasías de la producción mental y que estamos entrando a formar parte excesiva de las ficciones que hemos creado; ¡Matrix ya es presente! Por el contrario, comparto la opinión de Francis Bacon, -Todo depende de mantener la mirada constantemente fija en los hechos de la naturaleza y recibir así sus imágenes como son.-

martes, 2 de abril de 2013

Las manos

Las manos nos ayudan a pensar. 2012

Las manos
Aprendemos por tanteo, tenemos los ojos en la yema de los dedos, ensayamos una y otra vez la textura del mundo hasta que la acumulación de errores nos satura el pensamiento. Tomamos la herencia de los demás como una sustancia propia, interpretamos la historia como si en realidad fuéramos poseedores de la única verdad; ¡pensamos que dios está con nosotros! Es una quimera que nos muerde los sentimientos y cargados de razón nos destroza lentamente. Pienso que no aprendemos nunca porque realmente, en el fondo confuso de las emociones no deseamos aquello que afirmamos querer; ¡el lenguaje nos traiciona!
La duda es saludable y de ella nace el saber y constato cada día como nada duda más que las manos. De la incertidumbre brotan los periodos nuevos; temblorosas explican los estados del corazón. Quizá ellas solas hacen la obra e intuyen que en el desconsuelo del perfil inacabado se oculta la verdad; ¡las manos señalan con dolor los misterios de estar vivos! Con ellas constatamos como nos entregamos al desasosiego, a la fatiga permanente y con el trasiego de los días creamos poco a poco el fermento del ser uno mismo.

La labor de las manos es vital para la formación del pensamiento y también para la presentación de los diferentes modelos de realidad. Las manos proponen, diseñan y elaboran el magisterio ideológico ante los ojos y la técnica, la acumulación de conocimiento, depura y ensancha los territorios donde poder actuar. Con la ayuda de la palabra, con el dulce sueño del pensamiento, las manos ha acumulado memoria y ha realizado la biblioteca de Las siete sillas; ¡lecho de las hipótesis mudas! Si queremos verlo de esta manera, hoy son la metáfora que señala el deposito del saber.

Los seres humanos nos hemos construido como un colibrí, él vuela para estar ingrávido, como una salamandra, ella se desprende de la cola y la mantiene activa después de la excisión para poder sobrevivir; ¡es una estrategia inteligente la del desprendimiento! Nos hemos hecho en una acción conjunta, en un todo integrado, formando un almacén de memorias que se exponen en la palma de la mano, entran por la ventana de los ojos y definen las ondas de luz, tintineos que hacen vibrar los tímpanos y así distinguen las del sonido. El mundo es un juego asombroso e incomprensible, se muestra y se cuela por los sentidos hasta empaparnos el conocimiento.

Bolas de barro para dejar suspiros. Acción propuesta en Santa Mónica, Barcelona 2012. 

Hago actuar las manos y pienso; con el dedo hago un agujero en el barro tan profundo como me es posible. ¡Soy constructor de formas y observo! Acerco la boca en aquel espacio pequeño y deposito una idea inaudible, la dejo caer como la salamandra al desprenderse de la cola y huye, como el que deja una semilla esperando que germine. ¡Actúo y también sé mirar! Cierro el agujero y allí queda oculto el mensaje, como un misterio permanente se esconde. Después pienso que desde allí irradiará energía como una luz oscura y débil, desde allí emanará una idea estética y ética si existen ojos inquietos para mirarla. Sin descanso, vuelvo a hacer la misma operación tres días y tres noches, el barro empieza a endurecerse, el dedo ya no puede entrar y las palabras empiezan a quedar en superficie. Ya no puedo más y lo doy por acabado, no soy suficientemente fuerte; ¡me falla la voluntad y las manos están cansadas¡ Pero sé con certeza que en la urna sigue abierto el espacio para muchas más acciones y que todo está dispuesto para empezar de nuevo. La razón me dice que sólo es cuestión de agua y energía para volver de nuevo a la experiencia inicial; ¡las manos se lo han explicado muy bien! La necesidad estética me induce a continuar siempre en circulo, las manos han creado adicción al barro y con calma han hecho un eje central enganchado a la voluntad; ¡ahora seguir es el consuelo!

Me siento agotado y marchito, siempre rodeando el mismo problema. Las manos me ayudan a pensar, inclusive aquí, ante la pantalla, ellas buscan los contenidos, pulen los conceptos como lo hace un artesano; ¡sospecho que nunca estará dicha la última palabra! El libro está inacabado como propongo en la Ciudad de Mérida, como nos impone la acción del tiempo y las aguas del Guadiana. Como siempre y para todos, la realidad es abierta y llena de enemigos invisibles que nos conducen livianos al lecho del río, a formar parte del gran libro del tiempo.

La incertidumbre es nuestro enemigo y tenemos que habituarnos a su presencia, es la compañera que nos alimenta y anima a seguir buscando. Necesitamos una justificación para vivir, las manos las presentan como perlas; ¡a miles se muestran en la obra cada día! Tendríamos que estar pletóricos pero no aprendemos nunca a ser felices. Sentimos como la vida se justifica así misma; es barro animado que se alza en su voz. Así se crea una batalla terminal entre la palabra y los hechos, entre lo que hacemos y lo que decimos, un circulo infinito de posibilidades que pocas veces se encuentran, es la lucha que danza entre la vida y la muerte. Pienso que así se incorpora en la obra el valor transformador del pensamiento y así disfrutamos en la vida cultural, que es la energía que generan las manos. En la acción existe una vía abierta, interminable, una puerta por donde se neutraliza la caricia del tiempo. Así, en el libro de los días, que no es otro que el que describe la ley de los cambios, se aprende a estar abierto a todo lo nuevo. Con los ojos atentos y sin pestañas, asombrados ante el latido creador del mundo, las manos nos muestran como pasa el agua por el cauce del río...