lunes, 13 de mayo de 2013

El pozo de las vanidades



El pozo de las vanidades
Pienso como los galápagos, entre zancadas torpes y lentamente… Hoy me tiemblan las manos y por temor a ofender a alguien matizo lo que escribo, aunque en esta ocasión deseo inquietar con la propuesta y remover conciencias en el fondo del pozo. Se que mis opiniones sirven de poco ya que no estoy en condiciones de afirmar nada, la vanidad también me ha mordido y no deseo salvarme solo. Soy escultor y probablemente con la obra busco la permanencia; ¡que pretensión! El hecho de hacer lo que hago en una período tan volátil ya me condena; me siento inculpado por acción y omisión, por lo tanto no entraré en las cajas de los hombres buenos…

Confieso que he trabajado sin descanso pero eso no me exime y para atender mis desvaríos he realizado El pozo de las vanidades; en él me acomodo con pesar y espero tiempos mejores. Entretanto me mimetizo en su boca como lo hace el camaleón ante las hojas verdes y cuando puedo salto a su alma vacía para depurarme; así me incluyo entre sus oscuros habitantes. Cegado por la luz impura de los días, cansado de esperar un poco de consuelo, me invisto de sombras y me ahogo en sus lodos lentamente. No puede ser de otra manera, soy fruto de esta época y también estoy contaminado hasta la médula. Disfruto de los perversos latidos de internet, estoy sumergido en el universo digital y observo el mundo desquiciado con cierta complicidad, esa es toda mi culpa, de lo contrario me habría ausentado hace tiempo. Me inculpo, ¡eso es todo! pero vivo en la perplejidad y oculto aullidos y susurros desesperados. Si dudáis de mis palabras reparad con atención como me ha ido la vida, ha sido dura, pero no dudéis de lo que sintáis delante del pozo de las vanidades. Es un abismo donde cabe precipitarse y está ahí por una razón primordial; nuestro mundo sufre un aturdimiento grave, se hunde con todos nosotros y lo hace por sobredosis de presunción...

Como muchos otros pienso que la sociedad actual ha colapsado, en casi todos los aspectos sociales está en crisis terminal; ¡vivimos días de ocaso! Le flaquean los huesos y eso afecta todo el sistema, repercute en la moral, la economía, la estética, las cuestiones sociales, la ética y hasta desfallecen las ganas de luchar. Ya no puede seguir con los mismos patrones de conducta y tiene que modificarlos todos. Mantener el ritmo que se ha establecido es un suicidio, es lanzarse en pleno al pozo de las vanidades y esperar a finiquitarlo todo en un instante. ¡Bien, allá abajo nos encontraremos!

Sabemos que los recursos son limitados, que el capital se ha hecho más depredador que nunca y el poder se ha convertido en un objetivo en si mismo; ¡no tiene solución y hay que empezar de nuevo! Ahora el sistema liberal no puede regularse así mismo, tiene metástasis y los sistemas de revisión y regulación han perdido el control; las reformas son paliativas para morir con el dolor calculado pero no son la solución.

Creo que hay muchas personas honestas que están trabajando como siempre, que su ejemplo no es visible y de ellos nacerán alternativas para el bienestar social. Su trabajo no llega a los medios ya que ahora lo que vende es la catarsis depuradora, se anhela el “entre peor mejor”. Los medios también sobreviven en la algarabía y empujan hacia el escándalo permanente. Son la voz del amo y lo reproducen y amplifican hasta la saciedad. Forman parte implícita de los grupos de poder; difaman, mienten, ensucian los veredictos y crean los eufemismos con los que se combate en la calle y se crea opinión y militancia. El parlamento ha desaparecido, ahora se hacen juicios públicos y pronto se hará necesaria la guillotina en las plazas; hay sed de “justicia”.

El pozo de las vanidades espera depurarnos lentamente; uno a uno iremos cayendo en su estómago, así hasta que nos trague a todos…

sábado, 11 de mayo de 2013

Atajos

Capilla turkana y autorretrato. 2003 La Comella.

Atajos

El hombre quiere ser inmortal y lucha contra el terrible rostro que le impone la naturaleza; teme el final del trayecto y se estremece al entregar la vida. Es así que el temor se encarna entre signos evidentes; la enfermedad, el fracaso, el dolor, la soledad, la derrota y la muerte lo acosan, lo provocan hasta irritarlo, entonces reacciona y no le queda otro remedio que aceptar los envites y convertirlos en gestos épicos. Ante este escenario tiene que ordenar la mente y recurre a los símbolos, las metáforas y todo el despliegue de los juegos de la creación; ellos se expresan “con oscura-claridad” en la obra. Son signos que tintan el pensamiento y como un dios menor iluminan la mente y le regalan la sensación de que la vida tiene sentido. Así ante los ojos se desvela una realidad nueva en la cual la muerte ya no existe, la escondemos detrás de la palabras de piedra; ¡con la obra conseguimos vencer al cuchillo del tiempo! Sorprendentemente amanece el valor en su alma, el coraje le llena el cuerpo de un impulso invencible y la esperanza aparece entre las cosas que hace. En ellas se muestra misterioso y alguna cosa lo anima cuando se siente transformador de la realidad, quizá demiurgo, o bien el mago que busca desvelar los secretos de la vida.
El hombre trabaja a un ritmo de producción diferente al que le ha asignado su condición animal es por ello que crea los atajos para llegar más lejos en menos tiempo. La ciencia y el arte son las herramientas intelectuales para llegar a la esencia de las cosas, así lo hace en un tiempo creado por él y revisado por él. Es más, él desea liberarse de su esclavitud de manera simbólica, desea regresar al paraíso por las abreviaciones y los atajos. Toda la historia de la humanidad esta motivada por las ventajas del atajo, y todos los inventos de la ciencia, la evolución tecnológica y las creaciones artísticas no tienen otro objetivo que la lucha contra el tiempo. Triunfar sobre él es esquivar el dolor y la muerte, triunfar sobre él es doblegar su poder absoluto y emular en todo lo posible el poder creador de la naturaleza; ¡queremos ser las hábiles manos de Dios! 

No hace falta aclarar que se trata de un desvarío, del cual salimos para caer en otro no menos conflictivo. Vivimos entre los sentidos, doblegados por las sensaciones, interferidos por las emociones y solamente podemos enfocar el mundo por un instante; ¡tan sólo por un instante! De esta realidad obtusa no despertamos nunca, de este sueño con perfiles de escultura de niebla, solo podemos sacar una conclusión: todo es incierto, revisable, hipotético, abierto, y generador de perplejidad. El arte es otra mirada más, otra puesta en escena de los destinos humanos. En algunos casos ni siquiera es eso, es el reflejo tibio de una vaguedad mental, un suspiro sin intención que se pierde en el fondo. Muchos de los intentos son lamentos perdidos que se marchitan en los estantes…

Los secretos que oculta el mundo, los misterios que regala, se hacen obra en el hecho de pensar y darles forma. Esclarecer aquello que miramos es una actividad siempre revisable, así cada generación ha de volver al principio e iniciarse en el olor de la tierra, beber las gotas de rocío y masticar los tallos tiernos. Tiene que ver y sentir como la luz se cuela entre las ramas, la humedad eleva el contraste, aumenta el brillo de las partículas en suspensión, se hace visible el aire, se encoge la noche en el hueco del pecho y se dilata el día con los clamores del sol; ¡todo, ha de repensarse todo!

El arte es un juego simbólico que imita lo divino, para ello pone en acción los saberes del ser humano y lo hace con la voluntad de testimoniar la “verdad”. La obra tiende a querer ser la expresión de lo verdadero fuera del marco de las circunstancias. Es un propósito sin reflexionar, crudo como lo es el flujo de la vida. En la acción manifiesta la voluntad de vivir con verdad, es sólo un intento y lo consigue en contadas ocasiones. La duda es el estado permanente y eso si que lo alcanza con facilidad. Es lo que estoy intentando hacer aquí para comunicar una idea, tengo que apuntalar los conceptos con todos los soportes a mi disposición. Lo hago por el atajo y me muevo como puedo para llegar hasta vosotros. Lo hago con la convicción y el deseo de esclarecer las incertidumbres que me acompañan.

sábado, 4 de mayo de 2013

El ser

9 Cajas para guardar testimonios de hombres buenos. Piedra arenisca de Osona. 110x080x085. 2013
El ser
La existencia es una quimera imprecisa, poliédrica y apasionante donde quedamos atrapados en un agujero, salimos de él para caer en otro del mismo tamaño; ese es el posible recorrido que nos regala la vida. Habituarse a él es conocer los señuelos del mundo y quizá prepararse para conocerse uno mismo. Desde ahí observamos, desde ese hueco contingente miramos y en ocasiones vemos alguna cosa y nos hacemos la pregunta sobre el ser. Es la única cuestión que tiene sentido preguntarse y es la que más cuesta formular ya que no tenemos referentes estables para mirarnos, no disponemos de la distancia apropiada para vernos, nos faltan experiencias y no podemos abarcarlas, ni podemos ampliar el ángulo de visión que tuvimos al salir por la ventana del asombro.
En el lenguaje coloquial el "yo soy" aparece como una realidad intangible que incorpora los sentidos pero no los especifica, al hacerlo ya esta haciendo un tratado dialéctico que enmascara la pregunta.
La verdad es que el ser se estremece en su agujero hasta la desesperación, de esta manera queda fuera del círculo mineral y prescinde de sus atributos materiales. En realidad se está buscando entre incertidumbres y en su ofuscamiento aparece como una vaguedad disuelta entre recuerdos, una sombra incierta que desmaya el pensamiento. El yo soy no explicita donde estoy; puede ser en la mente, en la glándula pineal, en el corazón o extendido por todo el cuerpo… Del lenguaje se deduce que estamos contenidos en la misma palabra, ella es la que nos señala y una vez nombrados, implícitos en el verbo, quedamos envueltos por la armadura biológica que soporta el alma y ahí encontramos al “sujeto”… Es entonces que se revela su espíritu en forma de palabras, vocablos que lo describen, gestos que lo identifican y acciones que lo presentan y es así como por el boquete sonoro aparece el periscopio del “sujeto”. Así se muestra entre los radiantes reflejos del concepto y desde allí actúa beligerante y cargado de razones; tantas que apabullan, se hacen impertinentes, crueles, déspotas, presuntuosas, etc. Lo que sons argumentos no le faltan, siempre aparece cargado de derechos, normas, mandatos, principios... pero sólo se trata de una percepción equívoca, él sólo puede ver la luz de su agujero y proyectarse en sus propósitos.  Entre sus demandas encontramos los motivos mentales que destilan sus observaciones, sus acciones y deseos; el sujeto queda explicitado entre sus súplicas y estas emergen permanentemente. Su imagen lo es todo para el propósito establecido, por ello la depila, la maquilla, la procesa con cirugía plástica y ahí queda su registro. Tenemos dispuesto al ser entre el público, queda conformado para ser visto por fuera pero su rostro queda oscuro e indefinido por dentro. Entre sus voces aparece el nombre y con él se identifica hasta convertirlo en una estrella rutilante. Así parece ser, el ser se dibuja entre las tres puertas ciegas de la identidad, el nombre, el rostro y el alma; en el espacio que forman estas entidades resuena una pregunta fundamental, un eco que vibra hasta atontarnos; ¿quienes somos?

En el ardid quedamos atrapados, somos hijos de una verdad espiritual que se desliza por la red, es un ser enmascarado que hace juicios en masa y condena sin cesar. Como un ángel anunciador se deja sentir de manera furtiva y vierte opiniones como lo estoy haciendo ahora. El nuestro es una sombra y se presenta ubicua, se cuela por los circuitos electrónicos y aparece en millones de pantallas a la vez, es un ángel que se destila entre nosotros y nos hace pregonar su voz. En ese medio ingrávido, el “yo soy” no explicita qué somos y menos aún cómo somos, no dice nada de las manos, pies, cabeza, tronco etc. El “yo soy” es un ente virtual, una presencia sin cuerpo o con él pero electrónico, hecho de dígitos obedientes que construyen un holograma del sujeto. Se trata de un "ente" presentido en la distancia que se excita y sufre como en Mátrix pero no es real, es una idea que se activa en el sistema digital y cobra independencia total del referente del cual ha surgido. Ahí el ser queda confundido con la red y forma parámetros de información bien o mal configurados, unidades que se reforman, se mantienen y retroalimentan continuamente.
En ocasiones nos vemos disueltos en el aire, somos existencias errantes prendidas en ideas puras y objetivadas en el espejo de los nombres y los verbos. No obstante afirmo que todo eso es ficción, en realidad somos entidades ubicadas en cajas materiales activadas biológicamente; el cuerpo y más concretamente el rostro. Toquemos la “realidad” por un instante, sin el rostro la existencia del yo sería imposible, el ser desaparecería detrás del nombre y sólo quedaría su palabra, la cual, al no tener rostro, emularía la voz de Dios...

¡Ya no tiene remedio! Nos hemos formado la idea de que podemos prescindir de aquello que somos: naturaleza que crea conciencia y cultura. El ser es un instrumento político que se lanza con una honda contra el alma cristalina del otro. Pero no siempre es así, en ocasiones habitamos entre suspiros, asomamos los ojos por los límites del horizonte y vemos algo más que lo que enseñan los medios y dictan los ventrílocuos del poder. Vemos con estupor como somos humillados al tratarnos como a niños, entonces constatamos el horror que provocan sus promesas y la herida tan profunda que abren sus palabras. De esta manera sufrimos la extenuación de la mente, el equívoco de las hipótesis, la esclavitud del tiempo, la humillación y enfermedad del cuerpo. El ser malvive dentro del desengaño total; es el espíritu de la “sociedad avanzada” que se marchita entre jadeos terminales.

A qué esperamos para la insurrección; revoquemos el sistema y proclamemos el regreso jubiloso a la tierra.
Vosotros la generación índigo sois la esperanza, dibujáis el perfil de los nuevos emigrantes y tenéis el caminar quebradizo como vuestros antepasados. Sois criaturas preciosas llamadas a trazar el devenir pero tenéis que hacer la pregunta desde el agujero que os ha tocado; ¿quienes sois?
Ahora grito con las manos en la boca haciendo de megáfono y al resonar la voz por valles y montañas os digo con los pulmones llenos de esperanza.
-Emparejaos con la fuerza natural, regresar a los campos, reconstruir la casa de los abuelos, tened hijos libres del cáncer y de pensamientos enfermos de rencor! Abrazaos al impulso de la vida y sentíos felices con el regalo del tiempo, tomad las dadivas de la tierra y bebed con placer el amable calor del sol…-

Ahora que lo veo lúcido y enmudezco por las causas que nos han llevado a la desolación; lo pienso tres veces y no encuentro a quién podemos reclamar los males cometidos… ¿dónde quedan los seres que anhelaban ser buenos?

¡Hay que seguir ocultando!

¡Aún somos lactantes!; niños de pecho cargados con rencores, ceñidos con bombas en la cintura, adornados con causas grandes, hermosas y justas.
 ¡Qué vamos a hacer ahora!
Agitada el alma con los cantos de cuna, anegadas las mejillas de lágrimas, la juventud se ha quedado ciega y su boca demanda el pezón de la madre para secarlo. Pienso que aún no están destetados y la hambruna es crónica, la maleta flaca, las distancias largas. Niños de sal con proclamas en la boca, con cuchillos en las manos y pistolas en la voz, hoy esperan el momento de la liberación. Son torres baldeadas que caen lentamente y al precipitarse se desmoronan en el vuelo. En ocasiones, en la caída libre dominan la gravedad y entonces aprenden a volar; ¡es un milagro que el ser se dibuje así! Después toman el aliento de otra verdad, excavan el suelo para encontrar lo inexplorado y al llegar a lo desconocido y pronunciar su nombre, sienten sus murmullos, sus quejas y plegarias, entonces llegan a considerar aquello como parte de sí mismos; …sentimos como ellos, estamos encarnados en la roca y vivimos anhelantes; ¡no todo está perdido…!

Más tarde tomaremos café, quizás el sol saldrá por el horizonte, ¡el yo desaparece entre nieblas o encendido como siempre!

miércoles, 1 de mayo de 2013

El engaño




El engaño

En ocasiones pensamos que la naturaleza es sólo un concepto lejano, una sustancia molesta, peligrosa e impertinente que crece entre el verde. Que se trata de una realidad superable, una rémora del pasado que estamos en proceso de eliminar con los progresos de la ciencia; sus dependencias nos empujan. Cada vez más nos parece una circunstancia extraña, prescindible y controlada por nuestros artefactos, pero en realidad sabemos lo suficiente como para temerla ya que no tenemos el control de su poderosa voz e intuimos que los artilugios nos están traicionando en el cómputo general. Lo más significativo es que estamos envenenando el aire, el agua, la tierra… estamos haciendo de nuestra casa un albañal pestilente y para paliarlo hacemos manifiestos y nos agrupamos junto a los verdes que no han plantado una lechuga en toda su vida. Pero la naturaleza sigue ahí agonizante y tiene instrumentos poderosos para sobrevivir y lo hará. Sin enterarnos de sus latidos renqueantes, de sus murmullos y jadeos, esta maniobrando sutilmente para encontrar su lugar y con esta operación nos lleva lentamente hacia el ocaso. Ya estoy notando como se abre una sima insondable bajo mis pies; ¡es pavorosa! Sin decir nada actúa lentamente y la tierra, su tutora, está girando el destino para sobrevivir y probablemente prescindir de nosotros; ¡es muy probable que los humanos no tengamos cabida en su próximo proyecto!

En ocasiones pensamos que no podemos evitarlo, es lo que estoy haciendo ahora con esta visión ensombrecida. En otros contextos los argumentos se animan hasta el éxtasis y guiados por la ilusión concluyen que nos acercamos a una Icaria hipotética donde la felicidad y abundancia será el estado natural; aparece como el paraíso de antaño. Los adictos a la ilusión deducen que la evolución tecnológica nos llevará a sobrevivir en otros planetas, que las energías serán inagotables y que nuestra civilización se extenderá por el universo conquistando todas las herramientas de la creación...

Con la complicidad de las palabras quedamos sometidos entre la malla invisible del lenguaje, el engaño es nuestra herramienta de sustitución. Sumisos entre promesas y deseos, dóciles ante los sueños, mansos y manejables ante los beligerantes y poderosos, ¡fenecemos en el engaño! Quedamos enlazados a los miedos, encadenados al consumo, mutilados ante el trabajo, acomodados ante los señuelos del mundo moderno, prisioneros de las imposturas y cautivos por los delirios que hemos sembrado… Las palabras nos traicionan en la boca, antes de salir ya nos han engañado y después envenenan lentamente la tierra. Son ellas las que nos falsean, presentan y representan. Las campañas de salvamento son cánticos celestes que no consuelan el dolor acumulado ya que suenan como si fuésemos ajenos al mundo y él está ahí mortecino y anhelante.

Cuando digo “mis manos” ilumino una idea errada, presento algo que esta fuera de mi y no formo parte de ellas. Cuando decimos nuestro planeta lo poseemos como a una manzana, pero no nos sentimos responsables de él, implícitos en él, dolidos junto a él. En nuestra mente, en el lenguaje, lo podemos cercenar como una mano gangrenada. No nos sentimos partícipes de los ecosistemas que habitan en ella y la pensamos como algo exótico, inclusive ajeno a nuestra propia naturaleza.

Ya vasta de hablar, ya basta de voluntariosos que dan mil vueltas a la tierra para salvarla y lo que hacen es extender sus excrementos, ya basta de "proteger" el planeta, los hielos eternos y las selvas amazónicas firmando manifiestos. Hay que poner las manos en el barro, para hacer algo hay que volver los ojos a la tierra, sembrar los campos con respeto, limpiar los bosques, ordenar el patrimonio natural y hacerlo con humildad, con el anhelo debido para beber sus regalos. Tomar de ella una manzana, una sencilla cereza y hacerlo con amor…

Pienso que el pacto, la alianza, la forma del anillo y lo que ello conlleva es hoy más necesaria que nunca…

sábado, 27 de abril de 2013

El arte

Piedra en la penumbra de la Capilla Turkana. 2004 La Comella


El arte
Animados por motivaciones naturales y apoyados en nuestro desvelo, igual que se formuló la idea de dios, bajo su sombra, también hemos “instaurado el arte". Ha sido una actividad laboriosa y enriquecedora que ha proporcionado sentido a la vida y ha despertado energías individuales y colectivas sorprendentes; las grandes obras han transformado las dimensiones humanas y han construido la historia con referentes admirables. Ha sido un modo de aprender por medio de la intuición, de dejar fluir los pensamientos en libertad y de sacar conclusiones posteriores. Estas cualidades son comunes al resto de los seres vivos, la estética es un instrumento de seducción, reclamo, defensa, poder, miedo, engaño, evasión, etc. Estos valores son vitales para sobrevivir y explican que el impulso creador es consustancial a la naturaleza. El acto creativo tiene sus causas en la mejora de la adaptación, la comprensión del medio y el acoplamiento con él. Los humanos lo hemos “creado” a nuestra imagen y semejanza, así es como podemos pensarlo, vivirlo y adaptarlo al mundo que sentimos. Es partícipe de la construcción mental y espiritual que nos avala, con él se ha resuelto parcialmente el juego de lo real y se ha instaurado los límites del gran misterio.
Sabemos que la realidad es un enigma ya que no sabemos qué es pero estamos obligados a formularla; en la obra siempre se presenta como hipótesis a desvelar. Se trata de una singularidad extraordinaria y me atrevería a afirmar que es el gestor de la visión que tenemos de las cosas, una manera de interpretar que ha formulado conceptos brillantes y que ha modelado la vida en sociedad. En ocasiones nos emociona al encontrarnos reconocidos en un cuadro, en un edificio, una escultura o unos versos. Su existencia es fundamental en el encaje del imaginario personal, en la superestructura social y en la cohesión de la vida colectiva.
¡!El arte es necesario...

Sus argumentos
Le llamamos arte aquellas obras que hablan con la presencia de lo absoluto y su voz nos emociona, nos llena de incertidumbre, de presencias eternas, de memorias encontradas, de bellezas sublimes, de horrores indescriptibles y sobretodo, presenta el gozo de estar vivos. Nos expresa lo indecible con una vibración enigmática, impenetrable, substancial y siempre sin esclarecer nada, a su vez habla y colma plenamente nuestros desvelos. Lo hace desde la memoria, el recuerdo, la cultura, la historia y la connivencia. Lo ejecuta de manera holística y sin esclarecer como lo hace.
Hay mucho de nosotros en el juego de las complicidades estéticas; si no, ¡cómo podríamos sentir interés por "El triunfo de la muerte", (Pieter Brueghel el Viejo. 1562) donde muestra la aterradora llaga que supura el alma humana? ¿Cómo podríamos parar atención en un urinario invertido igual que la cruz de S. Pedro? Pensemos en el demiurgo; Marcel Duchamp al voltear el urinario, “La fuente, 1917”. Él invierte el sumidero para convertirlo en sobradero igual que los verdugos de Pedro invirtieron la figura del apóstol para demonizar su cuerpo.
Los símbolos cambian de signo y nos obligan a repensar todos los factores que intervienen en la obra; cada acción hace luz nueva al pensamiento. En realidad así pierden su función originaria para convertirse en objetos de seducción mental, en emisores de lecturas interminables...
¿Cómo podemos ver en la cruz invertida un símbolo satánico si a la vez es un gesto de humildad, un entregarse a la muerte a la vez que renuncia a tener los “honores” de Jesús? ¿Cómo podemos ver una fuente y por ende, una obra de arte, si unos minutos antes la hemos utilizado para evacuar nuestros sobrantes y lo hemos hecho sin asomo de consideración estética?
¡A pesar del absurdo, es necesario...!

Alquimia
La piedra de la Capilla Turkana tuvo la misma atención, sólo que no hizo falta voltearla, ¡la dejé como estaba! Ninguna acción es más poderosa que la que proporcionan los ojos, así que considerarla como a mi mismo, materia viva, fue suficiente... Fue un acto de demiurgo; ¡alquimia primigenia! Una piedra mira por la ventana y calla, permanece eternamente en silencio y nos muestra su perplejidad.
Como he dicho, físicamente no la modifiqué en nada, sólo le acaricié los ojos, la sumergí en la oscuridad, la protegí del tiempo y le di un nombre. Erguí la “piedra” y la puse en el centro, le cambié la función, la doté de cualidades humanas para que a través de ella pudiéramos ver un reverbero de luz…

Es una reflexión en el desierto que no tiene futuro, ¡ya lo entiendo! pero no me canso de insistir en la misma dirección. Todo es demasiado complejo, demasiado turbio para que el mensaje llegue a latir en la mente humana. Miles de personas estamos implicados en la batalla del esclarecimiento, pero puede más la oscuridad, la estética de la penumbra. La claridad se aleja de nosotros y nos deja cargados de palabras y piedras muertas; ¡nos sentimos desamparados! Sólo llegamos a asombrarnos ante el espectáculo que despliega la luz del sol y nos dice; -¡nada es lo que parece!-
Todo se muestra íntegramente y nada se entiende con plenitud, además, hay tanto ruido en el fondo que se hace imposible llegar a conclusión alguna. Es el insondable misterio del mundo el que desborda la obra y nos deja sentados en los lindes de la perplejidad…
¡Entre sus manos asombradas dormimos...!

La mirada
Llamamos arte a aquello que hacen los artistas y consideramos artistas a personas que tienen la capacidad de presentarnos una mirada propia de la realidad que tratan. Las variaciones son tan extremadas que se neutralizan las unas a las otras en un encuentro confuso; se le puede considerar arte a un vestido, una comida, el diseño de una silla, la realización de una fotografía y el cuidado de un jardín y hasta una lata llena de excremento. Mierda de artista, Piero Manzoni. 1961. (Todo es válido si muestra aquello que destila la naturaleza: intuición, pensamiento y concepto en la maestría utilizada... La mirada es constructora y cómplice de la obra si el autor es capaz de presentarlo con luz propia.)

En su sencillez espiritual reclama una atención inteligente; ahora es necesaria una buena dosis de información para compartir los senderos del arte. Es un instrumento valioso que ratifica lecturas simbólicas. Con imágenes apoya e ilumina lo incomprensible y con conceptos claros permite adentrarse en pensamientos insondables. Su ejecución y elaboración mental son siempre complejas, conceptualmente difusas y su difusión y aceptación son pura estrategia y oportunidad. Al margen de la experiencia acumulada, el resultado final tienen mucho de azar, riesgo, atrevimiento, generosidad, aventura, incertidumbre... y su ejecución nos obliga a poner en acción todos los recursos del saber. Es un objeto de substitución que nos ayuda a pensar e interpretar de muchas maneras el lenguaje de la naturaleza. También a considerar la conducta “irracional”, emocional, espiritual e ideológica de las personas. El arte puede ser un acto de libertad que favorece la “comprensión instantánea” de los enigmas que presenta el mundo, pero también y especialmente es un instrumento de autoridad donde confluyen muchos intereses. La obra y el poder van de la mano y esta relación raya el absurdo en muchas ocasiones, pero el registro intelectual y espiritual que deja configura la memoria del pasado... esas son las cenizas de la historia y nos pertenecen.
¡Como lo es el puñal, las cenizas son necesarias...!

El poder y el arte
Como pasa en otros campos del saber, la humanidad intenta encontrar en el arte la manera de substituir la naturaleza, de doblegarla, domesticarla y neutralizarla; desea convertirla en paisaje pintoresco para tener el sosiego deseado. Vista en la obra como homóloga de la realidad, la naturaleza presenta en el alma humana el efecto de alumbramiento y actúa como analgésico y libelo del engaño. Nos fascina ser engañados por la apariencia, por lo hiperreal y deducir sin esfuerzo las variables simbólicas que desprenden, pero en realidad la obra bien trabada no es una réplica inocente, un homólogo sis sus efectos. Su voz se introduce en nosotros como un susurro y en un instante nos presenta la cara oculta del mundo. Las emociones surgen, se cruzan entre los enlaces de la información y nos revela que algo sublime habita ahí, en la obra; eso hace de una batalla de horrores, de un urinario convertido en fuente, de una lata de mierda..., un objeto de deseo.

En el descubrimiento de una emoción siempre emerge la sensación de poder y también el estremecimiento del desamparo. Con la posesión de la obra se desea el control del caos y se codicia la notoriedad que proporciona estar informado en el tiempo presente. Se busca la posesión de lo extraordinario y a la vez abandonarse en él para garantizar su presencia en la historia. Para “ilustrarse”, el poder anhela la reputación de la obra, compra su complicidad, pacta la connivencia con las ideas y los intermediarios que la gestionan, todo sin el esfuerzo que implica ser ilustrado. Pero el desorden sigue ahí, amenazante e indómito y nosotros estamos obligados a poner las marcas que lo humanizan; cada día en el taller hablando y sollozando entre los campos yermos.

No es un señuelo, es un compromiso al margen del tiempo…

jueves, 25 de abril de 2013

Sensaciones

La Comella el dia de S. Jordi. 2013
Sensaciones
El corazón del mundo esta presente alrededor nuestro y su ritmo se manifiesta en la naturaleza; entre las cañas del río habla y canta. Las sensaciones nacen de la tierra y en el cuerpo vibran como una campana, resuena como una cuerda tensa y las sentimos de manera diáfana; ¡el mundo nos llega plenamente! En cada una de sus expresiones es visible, audible, táctil y en nosotros se hace concepto y argumento para seguir activos; ¡la tierra nos cautiva! Respira y al hacerlo nos da aliento, es el que tomamos sin cesar mientras vivimos. Ella no se mueve con los instrumentos de la “razón”, ese es un concepto humano que no disfruta de mucha gloria actualmente; estamos ocupados con el gruñido de las banderas. No utiliza el juicio en nada de lo que hace, sólo actúa por leyes físicas, por impulsos ineludibles y parece que se mueve entre el azar y la necesidad. Su manera de hacer está motivada por tracciones vitales; son posibles y se dan y de ellas nacen y actúan todas las “vocaciones” del mundo. Ahí aparece y titila una resonancia oculta que se hace forma y sentimiento en nosotros, nos enseña la textura, la gravedad, el olor, la distancia, el dolor y también es la creadora de nuestras complejidades. En la tierra se hilvanan los avatares de manera sincrónica; ¡son inevitables! “Sin intención alguna” bailan con todos nosotros, danzan en un trance continuo hasta dejarnos extasiados y rendidos entre cenizas.

Tratamos de manera despectiva el movimiento vital de la naturaleza, más aún, menospreciamos los impulsos de su fortaleza primordial, pensamos que es incomprensible, misteriosa e irracional y la abandonamos cuando "no es rentable", o la usamos sin control cuando los beneficios despiertan todas las ambiciones. Pensamos que las cuestiones físicas son de orden menor y que pueden ser controlables y reproducibles, pero de tanto en tanto nos damos cuenta que la mayoría de nuestros actos también son irracionales y que la ley universal, la que gobierna el caos, es la que lleva el control de todo y también es la que guía parte de nuestro destino.

Aunque aparentemente parece que todo se manifiesta como un hecho cultural, en realidad nunca podemos sustraernos de las seducciones de la luz y de las filiaciones a la vida; ¡somos en ella hasta la muerte! No podemos prescindir del "viento" que nos anima ni de los infinitos caminos que nos indica la dependencia del cuerpo. Él presenta su condición material constantemente y enferma o padece los cambios que imponen la leyes generales, enferma para  explicarnos que no vamos bien; es su única manera de proceder para sobrevivir o morir en el tiempo dado.
La naturaleza también gobierna el pensamiento, las hipótesis mentales son parte de su maravilloso patrimonio, incluso los procesos de investigación científica emulan los procedimientos que la naturaleza ha desarrollado desde el inicio del tiempo.

lunes, 22 de abril de 2013

Escultor

El libro de la eternidad atravesado por el rayo.  Capes de memòria fosca, Almoster 1975

Escultor

Soy escultor de incertidumbres, en el nudo de la oscuridad del mundo me observo y en el libro de la eternidad me atraviesan las dudas como el rayo lo hizo en la roca. El misterio me cautiva, soy como el aliento de un niño que piensa y observa atrapado entre las manos. También me observo en ellas, veo como emerge la forma que ilumina mi perplejidad. En ocasiones me encuentro confundido, cada día entiendo menos lo que pasa alrededor mío. Instalar una piedra que mira por la ventana me trae pensamientos nuevos, me presenta todas las hipótesis posibles y en ellas me encuentro lentamente. Las manos me despiertan los sentidos y con ellos actuo con mayor facilidad que con la palabra. Puedo afirmar que en el contacto con la materia me construyo, entre ella alimento el pensamiento, especialmente con el tacto y con él acaricio un sentimiento nuevo. Al ingerir la semilla me transformo, físicamente soy ella en el tránsito y al mirarla como la voltea el viento me emociono hasta el llanto…

Escribir me cuesta mucho, es un esfuerzo considerable y las ideas que expongo son evanescentes, siento que no tienen la gravedad que me proporciona una piedra. Por ejemplo: no encuentro en la voz el pronunciamiento insondable que se desprende del barro. Escribir es un oficio que respeto profundamente; en él siempre seré un intruso y pido comprensión para con mis sombras y desatinos. Me cuesta mucho trenzar un discurso usando conceptos que nacen de la experiencia como escultor. Cada palabra he de arrebatarla de la mente, arrancarla de la cárcava oscura y engancharla en el pantalla de las virtudes. La verdad, es un trabajo que me agota, lo hago con mayor esfuerzo que el que me cuesta retirar esquirlas de las piedras…
La piedra puedo dejarla sin pulir; no me molestan sus llagas, todo lo contrario, ¡me fortalecen! Me alagan sus voces azarosas, me sonríen los cortes naturales, las huellas de las herramientas, la imperfecciones de la mano. Pienso que su liviana dejadez le da un rostro legitimo, conquistado por derecho; ¡así habla la naturaleza! No se le pide a una roca del torrente que tenga las aristas tensadas y los planos diáfanos; ¡eso es artificio…! Todo lo que hago es parte del proceso natural de la idea y en la obra queda impreso el discurso y con él me explícito sin afeite alguno; trabajo como lo hace el río. No deseo provocar auras falsas, por ello prescindo de toda escenografía y en lo posible respeto el rostro que me viene dado.

He comprobado que las fuerzas misteriosas de la naturaleza se expresan en contadas ocasiones y que entrar en su templo es una quimera permanente; sus silencios reclaman mi adicción. Me cautiva la imagen imprecisa que desprende, me atemoriza la terrible evidencia de su voz. Pienso que la respuesta es más fácil encontrarla fuera, donde su lenguaje es directo y claro, pero yo anhelo estar dentro, en sus cámaras oscuras. En el bosque soy follaje que se mece con el viento, en las selvas y los manglares agua, en el monte piedra que se desgrana sola… La tragedia se muestra con plena autoridad y me abraza hasta ahogarme, ¡lentamente! La dentellada de la muerte siempre es presente y lo hace sin espavientos, así queda integrada con la vida; ¡siempre es una solución justa!
Dentro de sus salones dorados los desastres naturales me dejan perplejo, ante el infortunio quedo derrotado, el vértigo del infinito me sitúa ante lo irremediable y en él fenezco como lo hace el día. Los efectos beneficiosos también son fáciles de encontrar entre sus presentes, la naturaleza es generosa y me mantiene expectante, a pesar de todo solícito y amable. A ella le hablo constantemente, así me entrego a las piedras del consuelo…

La naturaleza siempre encuentra un “testigo atento,” un ventrílocuo que habla por su boca el relato del origen.

Tal vez fue así aquel día que me encontré ante el libro de la eternidad atravesado por el rayo. 

Todavía hoy me interesa interpretar de forma sensual el alud de signos que reverberan del espacio natural, el tañido emergente del presente mineral. Todo duerme entre la piel de las rocas; allí queda retenido el hálito del tiempo y susurra para nosotros una letanía interminable. Me interesa descifrarla y presentarla en la obra, explicitar su significado como se muestra una piel extendida, un cruce de signos infinitos que se neutralizan los unos a los otros, un palimpsesto milenario. La mayoría de las veces fracaso en el intento, es una angustia que me obsesiona y me hace resistente. En ocasiones tengo que jugar con mis dedos, reírme de mis desatinos y rondar en el círculo; es la trampa fatal en la que he quedado atrapado sin pensarlo.
En las acciones de Fénix he encontrado aliento de libertad, he tomado una buena dosis de esperanza y he reflexionado sobre la condición simbólica de la piedra abierta por el rayo. Aquello que pude ver en sus capas comprimidas, entre sus pliegues de tiempos singulares, tan sólo se podía ver con el utillajes de la intuición; ¡por un instante, tan sólo por un instante!
Pienso que entre la voz de los secretos canta la piedra y entre las frecuencias que exhala la roca canturreo yo; ¡nos confundimos! Así descanso en ella, en lo sorprendente de sus cambios duermo; ¡es una tarea costosa y larga! El latido de los instantes se enlazan conmigo, copulan como andróginos y crean el presente continuo; ¡así lo siento! Es el momento de asumir el compromiso y plantar en la tierra el hito de la verdad; entonces me levanto y soy una piedra alzada. En él dejo líquenes verde-azules, piel de sapo temblona y en el nodo de las complejidades reposo plácidamente unos instantes. En ese momento advierto la dificultad y me desvanezco, ante la complejidad del mundo me desmayo, caigo como un costal de harina; ¡se me hace difícil destilar lo incomprensible!

Entonces me digo: hay que pensar con claridad lo oscuro, ordenar los conceptos que emergen del caos, dar sentido a la obra en un mundo sin sentido.
Tenemos que renunciar a los atajos y entregarnos al agotamiento, no resistirse a la fatiga y caer al suelo como un caso de tierra. Devemos confiar en las manos y en lo que destila la mente hasta el final del tiempo. Hay que soportar con dignidad el silencio de los sabios y en ellos encontrar los pasos serenos. A los desconfiados dejarlos en su confianza, ellos saben donde están...
A veces piensas, si llegas a pensar algo; todo está oculto en el templo de hueso, en el hueco resonante donde habitamos juntos. No hay que copiar las voces oscuras, ¡hay que interpretarlas!