domingo, 31 de marzo de 2013

Las siete sillas de Mérida

Las siete sillas de Mérida. Granito de Quintana de la Serena y bronce, 2001

El libro de barro
El año 2001 realicé una "escultura biblioteca" con el título Las siete sillas de Mérida. Entre los libros de bronce se encuentra una pequeña caja que bien puede ser una puerta abierta a la contracción del mundo; ¡allí cabe todo! Es un espacio singular donde se pueden hacer múltiples lecturas, un punto de encuentro metafórico para recoger las ideas que puedan producirse a lo largo de los siglos. El lugar es pequeño pero al mismo tiempo inabarcable. Todo queda reducido a una pequeña urna que descansa en el tercer anaquel de la segunda silla. Allí se ocultará algún día El libro de barro.

El trabajo puede ser realizado seguidamente, o dentro de 20 o de 200 años, solo hace falta confianza en la acción. Entender los mecanismos del libro de barro es aceptar que todo queda implicado en la materia, incluido las palabras escritas. Se ha de aceptar que el barro es un disco duro que aunque se llegue a formatear, siempre queda presente las huellas pasadas, y además quedan memorizadas sus infinitas transformaciones. También hay que tener confianza en el lenguaje del tiempo, ver cómo se deposita y se comprime en los depósitos del río. Los elementos ocultos condicionan el devenir, lo podemos ver cada día y podemos tener la certidumbre de que lo recóndito ejerce una fuerza misteriosa sobre la realidad presente. Esta abertura imaginaria fue experimentada años atrás (“La ventana, 1974”) y fue la consecuencia de la acción de tirar una piedra y abrir un agujero en el lugar señalado para mirar aquello que nos regalaba el pasado.

Si en Mérida se oculta el tiempo en forma de restos producidos por los humanos, el río Guadiana lo transporta en forma de barro, lo acumula en las riberas o lo acarrea hasta el mar. La acción que lleva este nombre contempla el tema de las ideas implícitas en toda la historia de la Ciudad-libro y el río-libro, y añade aquí un registro nuevo; -la llaga del tiempo queda escrita sobre el fondo material y es parte imprescindible en el contenido de la biblioteca.-

El motivo de esta intervención fue la de abrir en la escultura una puerta imaginaria, un espacio donde el barro permitiera performances infinitas igual que pasa en el lecho del río. Quise construir un lugar donde tuvieran cabida todos los autores, todos los credos y lenguajes que con su acción añadan algo innovador a la memoria de la vida.

Las siete sillas no es un trabajo encerrado en la forma de la escultura, es una obra que permite todo tipo de intervenciones, también y especialmente las aportaciones literarias. Es una maniobra conceptual realizada para evocar la memoria perdida, el dulce rincón de la amnesia, la ocultación que con el tiempo toma sentido en forma de fósil.
La biblioteca tiene un número determinado de elementos fijos, pero disfruta de un espacio simbólico que la hace accesible y permanentemente viva como lo es la acción del agua en la ribera.

El libro de barro es una propuesta conceptual que juega con la metáfora y permite que la biblioteca sea una paradoja singular. Es un tropo que ilustra y hace posible que los pensadores tengan una percepción diferente de la escultura; ¡en realidad ella es el hogar del pensamiento más que ninguna otra! Son los autores los que han de depositar sus creaciones con sólo pensarlas. La biblioteca mira expectante y en un lugar discreto se abre el receptáculo del concepto, un hueco donde todas las narraciones tienen su lugar, máxime si están escritas sobre la albardilla del río. Mañana o en un futuro lejano, la biblioteca será identificada como uno de los signos que hacen la ciudad diferente a las demás; sólo en Mérida se ha abierto un espacio para los pensamientos furtivos y sólo allí tiene lugar el dulce rincón del olvido. Por otra parte, el libro de barro permite que la biblioteca sea una obra con infinidad de autores; ninguna otra tiene un espacio reservado a lo indecible. Por ello se necesita la colaboración de todos aquellos que piensen que las capas de barro que acumula el Guadiana en su ribera, son en realidad soportes en blanco, telas para pintar, papeles para escribir, arcilla para modelar, materia que podemos humanizar y ocupar con el dulce juego del pensamiento. De ésta manera se puede hacer que los libros se llenen de contenidos presentes y futuros; palabras de los días que emulan la canción del agua.

Sé que es duro asumir nuestra condición transitoria; para un escultor es difícil hacer actos efímeros, ocultos a la mirada de los demás, pero pienso que también es gratificante ser fértil por un instante y morir en una sola noche como ciertas mariposas. Es alentador escribir con el dedo en la pared y pensar que los ojos humanos no pueden ver nada pero la temperatura de la mano ha dejado un rastro de calor que es detectado por el fino sentido de la serpiente.

jueves, 28 de marzo de 2013

Sensaciones

Luz que viene del sol. La Comella, 2013.

Sensaciones
El corazón del mundo esta presente alrededor nuestro y su ritmo se manifiesta en cada una de las expresiones visibles en la naturaleza. Ella respira y nos da aliento; no se activa con los instrumentos de la razón, no utiliza el juicio en nada de lo que hace, sólo actúa por leyes físicas, por impulsos necesarios y parece que se mueve en los avatares del azar. Su manera de proceder esta movida por tracciones vitales y el pulso del mundo danza en ella de manera sincrónica y lo más importante; ¡lo comparte con todos!
Nosotros tratamos de manera despectiva la naturaleza, más aún los impulsos del corazón, -las emociones son irracionales-, pensamos, pero de tanto en tanto nos damos cuenta que la mayoría de nuestros actos también son irracionales y que la ley universal es la que lleva el control de todo.

Aunque aparentemente parece que para nosotros todo se manifiesta como un hecho cultural, en realidad nunca podemos sustraernos de las seducciones de la luz, de las dependencias de la vida, del viento que nos anima, de los infinitos caminos que nos indica el destino; ellos presentan y acuñan en nuestro cuerpo su manera de proceder. Incluso los procesos de investigación científica emulan los procedimientos que la naturaleza ha desarrollado desde los inicios del tiempo. Por ello hemos creado también el arte, como un objeto de substitución, como una manera de comprender los misterios que de ella se desprenden.

Como pasa en otros campos del saber, la humanidad intenta encontrar en el arte la manera de substituirla, doblegarla, domesticarla y convertirla en paisaje pintoresco, en réplica inocente. Pero siempre emerge la intención de aumentar la sensación de poder, el deseo de tener el control sobre el caos del mundo. No obstante este sigue ahí, amenazante e indómito. Pensamos que ya está todo controlada, pero en realidad hemos creado una trampa de sensaciones. Estamos sumergidos en una ciénaga construida con nuestras propias perversiones y nos hemos convencido, con la complicidad de las palabras, que ya no formamos parte de la naturaleza; estamos fuera de su círculo de influencia. Nos hemos formado la idea de que ya podemos prescindir de aquello que somos: naturaleza que crea cultura y conciencia. Pero yo afirmo que somos materia cargada de pasado y futuro que se desgrana entre las manos, se manifiesta en la obra por un instante, tan sólo por un instante.

El hombre quiere ser naturaleza que se expresa a un ritmo de producción diferente al que le ha asignado su condición animal y por ello crea los atajos, las herramientas de la ciencia y el arte para llegar a la esencia de las cosas en un tiempo creado por él, es más, él desea liberarse de su esclavitud de manera simbólica, desea regresar al paraíso articulando las abreviaciones. Toda la historia de la humanidad esta motivada por las ventajas del atajo, y todos los inventos de la ciencia, la evolución tecnológica y las creaciones artísticas no tienen otro objetivo que la lucha contra el tiempo: triunfar sobre él es esquivar el dolor y la muerte, triunfar sobre él es doblegar su poder absoluto y emular en todo lo posible el poder creador de las manos de Dios.

No hace falta aclarar que se trata de una quimera, de la cual, algún día saldremos para caer en otra no menos conflictiva. Vivimos entre los sentidos, doblegados por las sensaciones, interferidos por las emociones y solamente podemos enfocar el mundo por un instante; ¡tan sólo por un instante!

De esta realidad obtusa no despertamos nunca, de este sueño que presenta los perfiles de una escultura de niebla, solo podemos sacar una conclusión: todo es abierto, revisable, hipotético y generador de perplejidad. El arte es otra mirada más, otra puesta en escena de los destinos humanos. En algunos casos ni siquiera es eso, es el reflejo tibio de una vaguedad. Los secretos que oculta el mundo, los misterios que regala, se hacen obra en el hecho de pensar; esclarecer aquello que miramos es una actividad siempre revisable. La luz se cuela entre las ramas, la humedad eleva el contraste, aumenta el brillo, se hacen visibles las moléculas de agua; ¡nos regala el pálpito de un instante!
El arte es un juego simbólico que imita lo divino, para ello pone en acción todos los saberes del ser humano y lo hace con la voluntad de testimoniar la “verdad”. La obra tiende a querer ser la expresión de lo verdadero fuera del marco de las circunstancias; lo consigue en contadas ocasiones; ¡la duda es el estado permanente! Es lo que estoy intentando hacer aquí al apuntalar las ideas con todos los soportes a mi disposición, y lo hago con la convicción y el deseo de esclarecer las incertidumbres que me acompañan.

miércoles, 27 de marzo de 2013

La ventana

Ventana, acción 1974. San Andrés de la barca. Recreación, 2013. La Comella Tarragona.

La ventana
Por motivos que aún desconozco, ayer rehice una acción que había hecho el año 1974 en San Andrés de la Barca. Tiré una piedra al aire lo más lejos que pude; después, siguiendo la acción que haría un perro en busca de un hueso arrojado al aire, fui al lugar donde había caído. Al llegar acaricié la herida producida y después la enmarqué en un radio de no más de treinta centímetros; ¡era una ventana abierta al pasado! Con un deseo indefinido y una tranquilidad poco habitual en mí, contemple todo aquello como un hecho extraordinario y extraño. Más tarde, con la metodología de un arqueólogo, empecé a descubrir capas delgadas de tierra y a recoger muestras significativas de los materiales que se encontraban allí ocultos. No buscaba nada en concreto, ni tenía que hacer un estudio cronológico a la manera de un geólogo; tan sólo buscaba la presencia de las cosas que tenían algo que ver conmigo: tierra, piedra, raíz, caracol, un trozo de vidrio, etc. ¡Fue apasionante! La vida y la muerte estaban presentes en la historia de aquel palmo de tierra, allí habían dejado sus rastros con precisión, se habían reunido todas aquellas cosas en diferentes momentos, como si entre ellas hubiera un destino común, un nexo preestablecido.

Vistos con cierto asombro, aquellos materiales sin atributos, aquel lugar sin referentes, tan especial como cualquier otro, se mostraba lleno de tesoros naturales. Allí se ocultaba una historia apasionante en cada una de sus páginas; todo estaba implicado y sólo hacía falta revelarlo a los ojos. Cada una de las cosas que aparecían estaban escritas por el tiempo y esperaban ser abiertas y leídas con asombro, o bien con la vista puesta más allá de las apariencias. Todo brotaba de manera resplandeciente; ¡pensé que era soberbio el flujo de la realidad cuando aparece ante nosotros!

La ley de los cambios había dejado su sello impreso, era la muestra de su memoria. Una biblioteca natural se presentaba como testimonio de un pasado que era presente todavía. Por aquel motivo, y también por la acción del azar, desde aquel momento se creó un vínculo especial y directo con el lugar; prueba de ello es que ahora escribo estas líneas pensando en el encuentro, recordando los hilos que todavía quedan tejidos en mi memoria, ellos son la evidencia de aquella experiencia. Encontré grabadas o dormidas en la tierra señales reconocibles, había una base común entre aquel espacio lleno de presencias ocultas y mi existencia, y eso para mí fue revelador en un momento que estaba muy sensible a aprender en esta dirección.

Pensé también que el azar lo había dispuesto y que todo había sido señalado por la caída de una piedra. Sobre ella se dispuso una nueva experiencia, en la cual habían intervenido infinidad de variables, peso, tamaño, fuerza de lanzamiento, gravedad, dirección del viento, trayectoria, etc. Todas aquellas circunstancias eran el camino sinuoso que abre a cada instante las bifurcaciones de nuestro destino; aquel hecho se convirtió en una lección admirable sobre las posibilidades que tenemos para aprender ejerciendo la observación directa. Allí llegué a entender los mecanismos del tiempo y comprender su letanía azarosa, por ese motivo la vida y la muerte los siento apasionadamente unidos, están en cada uno de los pasos que trazo; son mi camino, mis brazos y trabajo con ellos.

En la tierra duerme el pasado y se adormece el presente; es el lecho natural de la vida. En el barro fértil del río escribo noche y día, construyo un libro de barro. Veo como allí caen millones de señales, signos que quedan impresos, son los restos que vamos dejando los seres al fenecer. Es la memoria que queda implicada y se hace presencia fósil, palabra que deletrea el pasado; son semillas vivas que esperan. Son huevos dormidos que se activan y emergen cargados de nuevas propuestas, pensamientos que florecen como formas vivas.

Al final del trayecto no somos polvo, somos barro que se piensa, limo de río dispuesto a ser modelado, siempre preparado para ser reciclado; ¡papel perdurable para escribir el presente!

Entre pensamientos tanteo qué he de hacer; me contesto y dibujo sobre el suelo. En ocasiones muy especiales, también deseo dejar un testimonio sobre la tierra, deseo señalar la presencia por humilde que sea.

¡Que pretensión¡ querer aportar un grano de arena en el páramo de la eternidad. Ese es nuestro gran pecado y la causa que nos envilece y al mismo tiempo nos hace como seres humanos. Si el hombre tiene algún interés como criatura viviente es por el deseo imparable de trascender su propia vida, de dejar marcas humanas en el tiempo, de señalar en el bosque tenebroso los pasos con migajas de pan, de ahí la propuesta de: El libro de barro.

lunes, 25 de marzo de 2013

Misterio

Acción de hacer camino. Colabora: Sebastián Majadas. San Andrés de la Barca. Barcelona 1974

Misterio
Hay momentos en la vida que nos llenan de dolor, otros de dulzura y muchos de hastío y avandono. Vivimos en el trasiego permanente y avanzamos en soledad; ¡así hacemos camino! Sentimos como las envolturas emocionales nos colman de preguntas y constatamos que no siempre se encuentran respuestas apropiadas. En esos instantes de incertidumbre el ser es la única cuestión relevante, quizá es la única en el proceso del pensamiento, cuando la soledad delata la existencia y la describe escindida de su soporte material. Justamente ahí radica el trágico enigma del ser y en su descarnado cuerpo queda desubicado, escindido de su condición física. Dentro de la envoltura emocional sentimos como nace la fuerza creadora y el poder evocador de la poesía. La intuición recoge la memoria derramada, la acaricia hasta dejarla en vilo y la tensa y cimbrea en los límites de la razón. En esos líndes tenemos que encontrar los espacios para afianzarnos espiritualmente y sobretodo, para sentir una relación nueva con el mundo; ¡ renacer se hace necesario...!

Los limites de la realidad se pierden justo donde acaba la comprensión racional de la misma y hemos de convenir que los límites de la materia se encuentra en el extremo sinuoso donde aparecen y desaparecen las probabilidades; ¡las partículas! Su acción azarosa nos recuerda mucho a las imágenes furtivas que se generan en la mente. Estas, cuando aparecen, huyen hacia el fondo oscuro y desaparecen sin dejar rastro. Así las experimentamos a cada instante, algunas visiones no afloran nunca más, otras persisten y se hacen obsesivas. No podemos verlas a capricho pero sabemos que están ahí, que en el rodar del pensamiento vuelven a aparecer de manera persistente. No parece razonable pensar más allá de los límites de éstas visiones, hacerlo sería dar lugar a la fantasía y destronar el misterio del ser. Pero ese lugar de apariciones físicas, de descargas de energía mental, surge de un fondo preconsciente donde se guardan las experiencias pasadas, las escenas vividas, los amores perdidos, las ilusiones frustradas; ¡sin propósito ni intención alguna allí se esconden! Son los últimos rincones donde se ocultan los secretos vedados al pensamiento; si no, pregunto, dónde van a parar mis súplicas, donde las imágenes que arranco del lecho del río.

Es un espacio misterioso que seduce a la razón y ahí, justo en ese umbral de silencio, aparece una seductora luz al tiempo que parpadea una penumbra visionaria. Es posible que sea ahí, en el lugar del olvido, donde se forme un hueco revelador y al pisar su suelo se satisfagan las preguntas demandadas. Quizá ahí se abre el templo de la intuición, donde se guardan las cenizas del pasado y reverbera la nueva verdad. La mente entra en el territorio lirico de la poesía y con un espasmo repentino se desgrana en los actos épicos de la historia.

La creación se sitúa en los límites del olvido y ahí renace, se renueva la pregunta para resplandecer en una nueva aurora. Es pues en esa biblioteca oculta donde reverbera su voz y donde se encuentran las respuestas a situaciones nuevas. ¡No puede ser en otro lugar! Es el escenario vedado a la razón, cerrado a la voluntad, pero que en ocasiones opera la intuición y aparece el acto creativo de manera lúcida y certera.
Tenemos que acordar que es así; ¡no podemos ser geniales cuando nos viene en gana…!

Quisiera pensar que también allí van a parar todas las imágenes creadas dentro de nuestro mundo mental y, cuando se entra en el territorio de la muerte, probablemente en ese vacío sin límites, también habite la memoria plegada de lo que hemos pensado. Así, comprimidos al infinito, ahí quedan registrados los sucesos dispuestos a ser recuperados, a ser reciclados en el saber colectivo. Quizá es el vertedero intelectual donde van a parar los restos de todas las palpitaciones vividas, allí se funden en la disolución del ser. Es por ello que el abismo que nos conduce al otro lado de la realidad, el que nos induce a una acción suicida y nos precipita en la nada, nace en las sombras de nuestra propia memoria. Allí es también donde se esconde el olvido y donde crece el dulce silencio de la amnesia.

Estos han sido los pensamientos y los pasos titubeantes que me han conducido a las ocultaciones. En el interior de la materia duermen los pensamientos y en su lecho hermético, en su lugar sin sombras, espero que se guarden mis quejas eternamente. Des de allí han de reverberar los textos que se escriben sobre el agua, sobre el barro, la tierra o en el aire, ideas terminales que se encierran en el corazón de una roca. Textos que describen las pasiones de la vida, lazos de amor y de odio, ¡en fin, humanos¡
En el espacio mental han estado llenos de energía, humor y compromiso; ¡ahora descansan, han regresado al sueño mineral! Ellos han sido el néctar de la más fértil de las primaveras, ¡la única que nos ha dispuesto la vida¡

sábado, 23 de marzo de 2013

La mirada creativa

Espacio mínimo. Riera de Maspujols, 1978


La mirada creativa

La creación es implícita al ser si este se encuentra unido a la construcción del mundo, si es capaz de sentir intuitivamente como se recrea la gran obra a cada instante. El universo es un templo asombroso y un solo átomo es una réplica microscópica de su esplendor. En sus espacios inabordables podemos entrar con la mente y sentirnos como dioses. En ciertos momentos tenemos estas intuiciones y en el silencio de aquel templo diminuto nos vemos numinosos, ingrávidos e inmortales.

La escultura-templo se hace expresión del lugar sacro, es un oratorio sombrío que inquieta y estremece. Es un lugar para poner los pies con firmeza, sentir la soledad del ser y experimentar la integración absoluta con la materia. Entre sus muros silentes se descubre la unión de los contrarios, el cuerpo físico cohabita con la energía que desprende los cortes de roca. Ella es presente en todas las direcciones, se cuela por los poros y anima los sentimientos. No puede ser de otra manera, la temperatura irradiante entra y sube hasta la mente y se convierte en palabra, en reflexión sobre la sutil presencia de la realidad estética.

El hecho de estar unido a la naturaleza mineral nos subyuga, nos unce a sus movimientos, a sus leyes y procesos. Su palabra muda nos enlaza con lo esencial y nos anuncia el momento de callar; es el perfume metálico que se destila en la vida y nos recuerda que estamos en proceso, que somos un cuerpo burdo que dispone de un tiempo limitado para sentirse y pensarse. En ese instante de consciencia nos enlazamos con el fondo material, nos sentimos dentro de la roca y formamos parte de ella. Es entonces cuando su naturaleza se modifica y se transforma en reflexión y de ella sobreviene un acto transcendente e innovador. Entre sus sólidos pliegues constatamos como el signo material se ha hecho pensamiento; ¡ahora ya es sentimiento que nos transforma!

En nuestra imaginación sucede todo, es un espacio singular donde se manifiestan los cambios y lo que acontece se deviene en emoción, ella es la marmita de los milagros. Al interactuar con el mundo, pongamos como límites los muros de el diminuto templo, nos damos cuenta que en la mente ocurre un suceso extraordinario, la piedra que nos sustenta se hace imagen en la memoria. Un surco se graba en la mente y en él queda inciso el recuerdo. En la pantalla mental la mutación misteriosa pasa de impulso material a pensamiento; ¡así se deviene en acto creador! Así lo constatamos al sentirnos transformados, al notar como el contacto con la piedra se deviene en pensamiento. Pongo los pies en aquel suelo frío, duro, enjuto y siento su firmeza como parte de mí, eso me reconforta por un instante. Los muros marcan los límites y todo se dibuja en lo concreto, lo físico, no obstante la mente entra en un estado de turbación, en una turbulencia emocional; los sentidos se activan, se conmueven y pueden hacerte llorar. Así percibimos como la roca transforma la mente y se deviene en llanto.

Todo este discurso resulta demasiado fantástico, pomposo y afectado, pero no es difícil de entender. No deseo vestirlo de hermetismo para alejar su comprensión, deseo que su existencia me resulte cercana, familiar, fácil de asimilar y accesible para todos. Pienso que la creación es aquí un estado conceptual que nos permite ser divinos y el hecho me cautiva. La realidad estética es fácil de practicar, en verdad sólo tenemos que soplar el polvo del tiempo y mirar como se presentan los cambios, como se funde nuestra acción en una realidad nueva, estética, asombrosa y admirable. Quiero decir que con sólo el hecho de observar el paisaje ya lo modificamos, lo situamos en el contexto de la reflexión y así se deviene en acción estética, en mirada transformadora.

Al trazar una línea imaginaria, una acotación como idea, ya estamos modificando la realidad. Si dibujamos una línea que una los vértices de la montaña, que relacione sus cumbres con la intensidad de las emociones que provocan, ya estamos modificando su geografía. Al dibujar su gemido sobre el cielo y dejarlo volar en la mente como si fuese una semilla, ya contribuimos a la fecundación de la tierra. Si soplamos un diente de león y lo vemos como se desliza por el aire, ya lo estamos viviendo de manera creativa y al instante notamos como se activan las percepciones inusitadas. Son los sentidos los que nos informan sobre la realidad estética, después las intenciones le cambian el valor.

Si tomamos una piedra, la lanzamos al aire y posteriormente vemos como cae en vuelo libre, como se deja sentir para predecir la caída, si miramos su fino trazo y constatamos como se desvanece al instante, ya estamos contribuyendo en un acto de encuentro moral con los efectos de la naturaleza. Al escuchar su desplome y acariciar la herida que deja en el suelo, provocamos el encuentro causal y asumimos el compromiso ético y estético.
Sí, así lo he decidido. Podría arrojarla con otra intención y hacer daño…!

Son actos conscientes, leves, sencillos y entregados, pero hay que dejarse traspasar por ellos. Al hacerlo con la intención de aprender, con la curiosidad de sentir emociones incontestables y abiertas a lo asombroso, caemos en la cuenta de que somos parte activa del juego que impone el eterno respirar del mundo.

jueves, 21 de marzo de 2013

Pensar y sentir

De como los canteros separaban la unidad, Cantera romana. El Medol.
El arte como escusa

El objetivo del arte no es ir en la búsqueda de la felicidad, tampoco la de decorar muros, aumentar el estatus de los vanidosos, satisfacer a los poderosos, certificar la maestría del autor y sus habilidades sociales al pretender conjugar la verdad. El objetivo es prestarnos ojos nuevos para ver de otra manera y con ellos aprender; ¡hay que rehacerlo todo! Con los de hoy puedo ver como el misterio se esconde en el espacio áureo de la materia, con ellos puedo ver como se insinúa en su lecho luminoso y a la vez como se oscurece ante mis observaciones. Contemplo un tesoro espiritual que se oculta entre los repliegues del secreto y puedo presentarlo en el plano de la obra, fundirlo entre los actos cotidianos; ese es hoy el compromiso.

Pienso que el creador es el jardinero de las emociones, el productor de realidades estéticas. Él se cuida de las semillas del río, de los ruejos caldeados por el sol y piensa la manera de implantarle ideas con sutileza. Poco después se decide a cultivarlas, las toma entre las manos, les sopla y las anima con cierta embriaguez. Creo que en esta acción revestida de misterio, en éste acto de demiurgo, de chamán erecto, el arte siempre reencuentra su función humana, no obstante hay que estar alertados, ¡nada y todo es verdad! Tenemos que pensar por un instante, tan sólo por un instante, que el poder del absurdo habita en los señuelos de la razón, que entre las trampas del pensamiento se esconde el autoengaño. Vemos cada día como en ocasiones se aplauden los eructos de un niño, en otras, aquello que a los ojos del común de los mortales aparece como insensato. Así vemos como aquella sinrazón revestida de locura, pasa a ser para algunos un acto revelador; mirar si no el libro de Pere Salabert, "Teoría de la creación en el arte."Akal/ Arte y estética.

Pensar y sentir

Pienso por que puedo, quiero y me han enseñado a pensar y por tanto me gobiernan todas las incertidumbres de lo pensado; ahí se cierne una parte pequeña, diminuta del mundo. No dispongo de soportes estables donde poner los pies, es por ello que hago servir la metáfora y construyo un templo encima de una roca, es una pequeña capilla para pisar con firmeza; ¡así me siento confortado! Allí pienso que todo es parte de lo mismo y lo puedo sentir en plenitud; ¡todo es muy sencillo! Mis pensamientos son también requiebros minerales y los noto como suben por los pies, como la gravedad cae sobre el cuerpo, la presión modela las piernas, los contrastes de energía delatan la temperatura, las luces encienden los ojos, los pitidos en los oídos destilan el clamor de los sólidos, la erección del bello electrifica los sentidos y la rigidez en el esternón describe la tensión del lugar…; todos son juegos de la materia que se reflejan en mi pues formo parte de ella. Los giros de los átomos me conectan y enlazan con la roca, sus luces se retroalimentan y se contemplan en el eterno juego de la creación y la expresión.

La pequeña capilla es un laboratorio espiritual y en él se sumergen los sentidos hasta quedar fundidos, perdidos y en algunas ocasiones encontrados hasta llorar de emoción.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Materia y poesía.

Clara es un nido material como tú, un nudo enlazado como yo. 2013
Materia y poesía.
No existe nada más venerable, luminoso, conmovedor y expectante que la danza de los electrones uncidos al núcleo. En su eterno y efímero ritual hacen giros pareados, avenidos o enlazados para formar un átomo. A escala diminuta el universo entero se repliega y se muestra radiante en ese espacio diminuto. Todo el principio sosegado del universo es su obra, a todo lo que nos rodea le impone su ritmo, es un chito de giros sensuales; ¡una cópula incansable de creación ilimitada! Es un requiebro material que nos mantiene en estado animado, activo y conjugado; ¡ese es el gran misterio! Entregado al amor de la luz, fundido con ella y cambiando su identidad entre partículas y ondas, su existencia se hace solemne, mayestática y poderosa; es una revelación al reproducir el acto de la creación.

Clara es una piedra cerrada formada por trillones de moléculas, una sola de ellas es un poema inigualable; es el madrigal de los átomos. En ella la materia se une y cohabita enamorada, se machihembra solemne, excitada, precisa, ordenada, probabilística y poética. Entre sus besos la creación se manifiesta activa en todo su esplendor. Es un principio eterno que hace girar las ruedas y chispear los pedernales, los hace retozar en un espacio extasiado de placer. Es un lugar donde las voces suenan a capela y la comunicación es plena e instantánea. Ahí se recrea a perpetuidad el entrelazamiento del universo y la unión de los contrarios. La piedra blanca antes de ser abierta se muestra ininteligible y secreta, es principio de unidad. Esta es pues la fuente del misterio, la que anunciaba la omnipresencia de Dios y el flujo fantasmal del Spin paradójico. Una danza rica en significados, expuesta a interpretaciones y abierta a todo tipo de creaciones. (Mirar: paradoja EPR)

Materia animada
Actualmente no necesitamos un espíritu teosófico a la manera de Kandinsky o Mondrian para transcender la materia; la podemos animar conceptualmente y delegar en ella los valores estéticos y espirituales que necesitamos. La materia habla y podemos presentarla tal cual es, sin manipular su carácter ni modificar su voz. Mantener su personalidad, conservar su poder y potenciar sus cualidades es hacer un artefacto para el pensamiento con un fragmento de realidad. La obra puede ser una piedra que mira por la ventana y a su vez piensa por nosotros. O también podemos abrirla con un martillo y poner dentro una idea que destile todos los requiebros del lenguaje, todos los deseos inconfesados. Podemos escuchar su voz oracular y atenderla como razón fundamental, como expresión de la única realidad tangible. También podemos entrar en su interior con las armas del pensamiento y ocupar sus espacios vacíos, observar sus vestíbulos solemnes, sus salones majestuosos y quizá a través de la teoría insensata de Feynman, actuar en ellos y sentirnos como en casa. Un viaje mental al interior de la materia para ver el rostro dorado de Dios, para dejar subyacer en sus misterios y secretos las peticiones no atendidas, las preguntas nunca contestadas.

Los deseos de saber aumentan; ¡queremos certidumbres! Las preguntas que pendían de las ramas del árbol del paraíso ya se han agotado, pero algunas han mutado en los sinuosos espacio de los átomos y su permanencia llega hasta nosotros con un relincho ensordecedor. Durante millones de años han estado ahí y aún florecen sus giros cimbrados.

Propongo un templo a su ardor, un espacio para grabar la palabra justa; ¡esta será una vez más la obra oculta! Subrayar en la luminosa oscuridad la presencia del pensamiento humano, describir en su memoria secreta los ruegos no atendidos. También dejar testimonio de la necesidad de trascender; es decir, susurrar allí la parte inmortal que habita en nosotros. Deseo iluminar sus salones, ya resplandecientes, enfocar el lugar con los ojos de la razón hasta formar la gran biblioteca del pensamiento humano. Llenar de ideas cómplices con la vida la bóveda de los misterios, ocuparla con el concepto de realidad estética. También, depositar en ella el aleteo de un pre-sentimiento que comulga con la eternidad.

La ambigüedad me llena de temor; ¡hoy, una piedra abierta me ha asistido!