jueves, 10 de enero de 2013

Lucy, la abuelita



Lucy, la abuelita
Luz de los ojos era el nombre de la abuelita ancestral de Nsasi, así la llamaron los que la conocieron en aquel reverbero del sol. Fueron pocos los allegados que se sintieron dentro de ella , alguno pudo lactarse en sus mamas turgentes, otros yacer más tranquilos y tener hijos, pero no supieron nunca que  copulaban con una de las hembras más famosas de la tierra. Ella tampoco se hizo notar, se encargó de criar a sus hijos, de alimentarlos y enseñarles todo lo que necesitaban saber en la vida. Murió muy joven pero ya había sido madre en varias ocasiones. 
Los que la encontraron dormida no sabían la importancia espiritual que desprendían aquellos huesecitos fosilizados.
Ahora relato mis filiaciones e intuiciones sobre ella, lo hago para desvelar mi propio misterio; una de las páginas más asombrosas de mi familia.

Su Vida
E n su momento Lucy se llenó los ojos con la luz del sol y quedó extasiada con la belleza del mundo. Se acercó a las aguas del lago Turkana y en sus reflejos se vio hermosa, con la juventud arrogante y su futuro incierto. Estaba soportada por piernas bien torneadas, tenía bien formada la cintura y abultados pechos de madre. Se dispuso a entrar en el agua para verse de cuerpo entero y sin pretenderlo descubrió su condición de hembra. Se inclinó ante si y vio con estupor como por la mandorla de su vientre nacían sus hijos. Los engendraba a centenares y se replicaban con la misma fuerza. Por aquella grieta asombrada salían ensangrentados y vibrantes a tomar el aliento del primer impulso. Al constatar como lanzaban su primer alarido descubrió con estupor el desamparo que lleva la humanidad en los vacíos de su mente. Con el incipiente dibujo que aparecía en sus rostros advirtió una cadena infinita de malos presagios. Constató como se veía entre ellos y como se reflejaba su alma en los espejos del mundo, así evidenciaba su propia agonía. Se asustó al ver como sus hijos se reconocían en el sufrimiento, aprendían de las heridas y llamaban a las puertas del misterio para solucionar la incertidumbre. Sin alaridos, gestos heróicos y cantos elegíacos, no podían aceptar los enlaces naturales de la vida. Para colmo los vio crecer uno a uno y tomar los caminos más dispares. Tan distintos eran los paisajes mentalesque festejaban sus hijos, la confusión de las lenguas y las miradas divinas que en poco tiempo no se reconocían los unos con los otros; ¡se enfrentaban a muerte como si fuesen extraños! Lo hacían a sabiendas del mal que producían; se negaban a ver las semejanzas y expresamente ponían todo el énfasis en las diferencias. Movidos por la codicia empuñaban el cuchillo y se lanzaban a muerte con saña inaudita. También vio que así eran las cosas humanas, era la manera fácil que tenían para regularse y tambien tenían que hacer alguna cosa para salir del hastío. La verdad es que practicaban el genocidio por imponderables del destino. Como un vicio cotidiano se inventaban los conflictos y alimentaban las sementeras del rencor hasta enfermar el corazón; ¡eran bestias sin remisión alguna! Vio como se sucedían la guerras, las masacres, los exterminios, y al contar los millones de muertos, constató como se apilaban en su mente igual que granitos de arena; ¡todos eran hijos suyos y los reconoció aunque habían perdido la razón de su madre! Al ver el sufrimiento que acunaban sintió un escalofrío y eso detuvo su corazón; allí terminó su vida. 

El hallazgo
Era un día ardiente de 1974. Los arqueólogos que la encontraron quedaron asombrados, “petrificados” y colmados de alegría mientras por el transistor escuchaban una canción de John Lennon "Lucy in the Sky with Diamonds". Apareció en el fondo de una barranca en Hadar, Etiopía y desde entonces su gloria no ha dejado de aumentar; yo la llevo presente siempre, colgada de la pupila como un relicario apócrifo.
El revuelo que creó el hallazgo fue asombroso, sus restos revolucionaron todo lo pensado sobre la historia de la humanidad pero ella ni se inmutó. En silencio tenía memorizadas las preguntas y las presentaba como el muftí de los limbos. Su pensamiento disfrutaba del don de la eternidad devenida en piedra y su labor se manifestaba por los sutiles dispositivos que la vida deja grabados en la materia. Su identidad genética sigue siendo un misterio; cada día afloran parientes disparejos, de la tierra aparece una familia de promiscuidades genéticas sin límite; ¡yo estoy entre ellos!
Durante miles de siglos Lucy esperó el encuentro con su destino y constató con asombro que era el mismo que el nuestro. Le aterrorizó ver con sus ojos pétreos, que era la causa involuntaria de una especie que estaba condenada a devastar la faz de la tierra. Prorrogó el sueño hasta encontrar la señal inequívoca del juicio del tiempo, pero este signo no llegó a materializarse hasta el día del encuentro. En ese extenso período cambió miles de veces la dirección de su pregunta, dejó de pensar en las certidumbres, abandonó los deseos, se liberó del pecado y se dispuso a llamar a la puerta de la eternidad pero nadie le pudo contestar. Sólo un rumor inaudible, un remanente impreciso que emergía del carbono 14, de la bioestratigrafía y el paleomagnetismo, entre otros, daba cuenta de lo que había sido su existencia. La verdad es que esperó dormida un gesto revelador entre los restos calcáreos, allí acechó 3, 2 millones de años hasta que Donald Johanson la encontró y la metió en una caja fuerte en Adís Abeba en Etiopía; ¡allí sigue dormida!

El parentesco
La presentaron como la abuela de la humanidad y eso me complace ya que la hace más mía que nunca. En su día la senti como familia directa y le dediqué un pequeño templo ”La capilla turkana”. Lo hice para mantener su memoria viva unos cuantos siglos más, para hacer énfasis en su condición mineral, para humanizar un concepto que llevaba silente millones de años y de esta manera darnos tiempo para vernos complacidos en ella. He de confesar que mi orgullo creció cuando la conocí directamente, no me importó en absoluto que un pariente lejano tuviera un cerebro de sólo 350 gramos. Ahora mi presunción nobiliaria ha aumentado; Lucy es una de las mujeres más famosas del mundo pero sigue esperando paciente el desenlace del parentesco. Espera también que el periplo de locura que sigue la humanidad no aumente. Si llega el caso está dispuesta a desentenderse de mi y de vosotros, así de seco es su carácter.
La mayor proeza que se le conoce fue la facultad que tiene para llamarnos desde el misterio que desprenden las piedras, ella es la voz del tiempo que se expresa en el corazón de la materia, no obstante nadie consigue escuchar con claridad su plegaria, nadie mira con atención el brillo opalino de sus ojos. Ella habla con el rumor de los cantos de río y ahí he puesto la atención para saber de ella. Ahora estoy un poco confuso, me he quedado sin ejemplos claros para poder explicar como lo hace, yo tampoco puedo transcribir su voz aunque hace años aprendí su letanía; En Castellvell cavé un pozo hasta encontrar un fósil que hacía millones de años que me esperaba. Sin razonamientos y con la confianza puesta en mi instinto, estuvimos charlando durante horas. Ahora pienso que la aportación a la paciencia humana fue incalculable pero no he sabido transmitirla. Sólo en la Capilla Turkana y en alguna de las ocultaciones dejo su súplica. Es una invocación interior que demanda ser escuchada con los poros de la piel, una palabra muda que interroga, igual que la que encontré en el fósil. Para mí supuso una inflexión elevada en la comprensión de la vida. Ahora me precipito en su camino; ya me siento casi fosilizado.

De aquella voz mineral, de aquel suspiro interior no ha surgido otra cosa que los juegos de palabras que maneja los paleontólogos, en fin; ¡señuelos para el pensamiento! Controversias que encienden pasiones, inflaman las homilías de los teólogos y justifican los discursos políticos de los que necesitan presumir del gen de Dios. ¡Trampas para el espíritu! Hasta ahora no ha salido nada revelador, nada excepto estas palabras que no tienen otro destino que el de ocultarse en el alma de una piedra y dormir allí para siempre.
El otro día la vi, estaba en una vitrina y me identifiqué con ella más que nunca, permanecía serena y solemne, como una roca inmensa que mira por la ventana. Su alma sigue invocando la luz de manera imparable. Estaba silente y miró sin verme; en realidad sólo puede ver la eterna razón que iluminan sus ojos minerales.
Lo curioso es que ella sigue lanzando gritos inaudibles y arroja sin cesar hijos al mundo; desde dentro los llama por su nombre y los expulsa con amor.
Lucy es igual que Gea, en realidad sólo ella puede ocupar ese sagrado lugar… Con el tiempo, ese nombre se ha devenido en Lucía y su significado ha sido una revelación para muchos de los relatos que he publicado en este blog. En ellos se muestra dolorida, mimetizada en el sufrimiento y reveladora de la oscuridad.  Cuando Lucía se encontró con su condición natural, su alma de piedra, tembló de congoja y se ahogó en sus propias lágrimas.

martes, 8 de enero de 2013

Nsasi.


Cueva de Altamira. Santillana del Mar. Cantabria.

Nsasi.
Nsasi llevaba en la sangre más reciente la sabiduría de su padre, un chaman africano que practicó su ciencia en las riberas del Níger. Era un hombre lampiño, mal forme, de estatura pequeña que llegó a obtener un poder espiritual reconocido por todos. Pero su mayor herencia venía de una abuela lejana, una mujer mítica, misteriosa y sabia que consiguió sobrevivir a la marginación que estuvieron sometidas las mujeres durante miles de años. Su antepasada tenía luz propia en la mente, vivió en otros continentes y consiguió remediar el hambre de los humanos durante siglos. Para ello se valió del poder de su pensamiento, la punta de los dedos, algunas tierras de colores, un raspador de hueso, una lasca de sílex y otros artilugios que le proporcionaban confianza en su labor visionaria. Ella era observadora y con esos elementos convocó y derrotó el espíritu de las fieras en las profundidades de las cavernas. Cuando ella los pintaba, los rumiantes y depredadores quedaban prisioneros, inanimados y vencidos ante el poder que resoplaba su propia imagen. Una vez convocados en la pintura, atrapados en los resaltes de la piedra, figurados en su declinar hacia el fin de la vida; hasta un niño podía darles muerte física. Entonces, los cazadores; hombres brutos y obedientes al instinto, no tenían otra cosa que hacer que arrastrar las piezas y cuartearlas; los animales ya eran alimento resignado…
A aquella venerable anciana le doy las gracias; con su manera de mirar el mundo no sólo despojó de voluntad a las bestias más terribles, si no que también, cultivó la inteligencia de las manos, la precisión de la mirada y la luz de la razón. A la vez que crecía su pensamiento y nos regalaba sus ojos para que hoy pudiéramos ver los anillos de Saturno, nos explicó en secreto, susurrando en la roca, como vivían entonces...

viernes, 4 de enero de 2013

Hipatia


Posible retrato de Hipatia. Al-Fayyum. Egipto. (Atribución dudosa, pero mejor que la que pintó Rafael Sanzio)

Hipatia                                                        
Cuando era una niña, Hipatia inició sus juegos con un astrolabio, con él miraba el movimiento de los astros del cielo lo mismo que los niños calculan las distancias, la potencia del impulso y el efecto impuesto al juego de las canicas. Teón, su padre, le enseñó matemáticas; aritmética y álgebra, ciencias que asimiló con la misma facilidad que aprendió a andar. Acopló la geometría a su mente igual que lo hizo con el lenguaje hablado; con papiros construía poliedros regulares con la misma facilidad que los otros niños hacían bolitas de barro o molinetes de papel. El lenguaje matemático y la facilidad para resolver incógnitas fue para ella un recurso maravilloso que le llenó espiritualmente hasta el punto de renunciar a otros placeres de la vida. Con su manera de proceder llegó a desentrañar misterios que para otros estaban totalmente ocultos. Reveló secretos sobre la densidad de los líquidos y las cualidades esenciales de los destilados, e inventó artefactos para hacerlos útiles y mejorar la vida cotidiana. Desarrolló las matemáticas como lenguaje abstracto; recurso fundamental para iluminar los aspectos de la realidad que no pueden esclarecerse con palabras.

De las virtudes del cálculo hizo un instrumento fundamental para ordenar las dimensiones y las distancias, así llegó a ser la observadora magistral de las constelaciones del cielo. Fue una astrónoma prestigiosa, tanto que en 1884 le pusieron su nombre al asteroide 238 y en la luna, en el Mar de la Tranquilidad, existe un cráter que también lleva un nombre. Hipatia consiguió un reconocimiento como astróloga, matemática, filósofa y especialmente como maestra de maestros. Fue la gran pedagoga en los momentos convulsos de Alejandría. Su dedicación a la enseñanza fue total y la fluidez de su pensamiento atrajo a los mejores alumnos de las clases altas, tanto cristianas como paganas.
Según la Suda (Enciclopedia bizantina de la antigüedad), se dice que Hipatia renunció a su condición de mujer para destinar su vida al conocimiento, Con su manera ordenada y noble de racionalizar el mundo hizo crecer el prestigio de la academia de su padre; fue un referente en todos los conocimientos de la época. La herencia que tomó del pensamiento platónico hizo que el siglo IV y V fueran momentos de gran crecimiento espiritual y científico. El poeta Paladas S, IV d. C. le dedicó estos versos

Buscando en el Zodíaco, mirando hacia Virgo.
Sabiendo que tu provincia es el firmamento.
Encontrando tu brillo en todo lo que veo.
Te rindo homenaje, reverenciada Hipatia.
Estrella brillante de la enseñanza sin mácula.

 Afirman que aunque se casó con Isidoro el Filósofo, murió virgen. En este punto, en su pensamiento universal, su talante como persona y sus dotes de maestra incide el poema. No valoró su belleza física ni su condición femenina. En cierta ocasión dibujó su disconformidad para con su propia naturaleza; el gesto es realmente revelador! Un pretendiente armado de valor y admiración le declaró su amor; por respuesta, ella le tiró a la cara un paño manchado con sangre menstrual y le dijo.
–De esto estás enamorado; ¡no tiene nada de bello!–
Sobre sus cualidades personales, su talento y feminidad se ha hablado mucho, también sobre sus enemigos y las causas que provocaron su muerte. El saber siempre es molesto para los que sólo pueden gobernar entre sombras. Lo más doloroso de su final fue la ignominia y el horror que se ejerció contra ella. Ya mayor, puede que sesenta años, Hipatia fue “ejecutada” en público, lo hicieron una horda de cristianos embrutecidos por la fe en un momento de declinación del pensamiento clásico. La mataron con el oprobio de Cirilo, patriarca de Alejandría, eminente de la iglesia que llegó a ser santo. Para la confección del crimen se contó también con el consentimiento de la iglesia de Constantinopla. Para humillarla la desnudaron y golpearon, la arrastraron por la calles como a una alimaña y la descuartizaron con piedras cortantes. El final de la jauría fue de embriaguez total; sus restos fueron empujados hacia un callejón siniestro, un lugar maloliente donde estaba el crematorio. Allí la incineraron sin otro honor que la algarabía que producía el bramido de los umbríos.
Hoy la podemos reivindicar como un pensamiento libre; ¡una persona sabia y buena! Hipatia murió por desafiar la oscuridad y aventurarse por la claridad del conocimiento, por tener convicciones propias y dedicarlas al placer de saber y alumbrar el mundo con sus ojos. También por enfrentarse al secuestro irracional de las emociones; mecanismo social que todavía impera en la actualidad. Es la enfermedad más contagiosa en la sociedades modernas; ¡hoy llamadas democracias...!

martes, 1 de enero de 2013

Inanna.



Inanna, representada con sus atributos simbólicos.

Inanna.
Inanna es la diosa del cielo presente y visible en la estrella matutina, el astro de la mañana. Es la reina del amor, no del matrimonio, la que protege la fertilidad y fomenta la seducción entre los seres humanos.  También como Venus es la diosa que nació de la espuma del mar, o como Flora, la que respiró el aliento de Céfiro y con él nos trajo la primavera.
Perdió la corona de la gran llanura en un período de espanto; ¡dicen que llovió a cántaros! Durante 40 días y 40 noches el agua se desplomó del cielo, cubrió la tierra y modificó para siempre el orden de las cosas. Los pobladores del Golfo Pérsico, los pueblos que se habían formado entre los ríos Tigris y Éufrates, desaparecieron en un instante, quedaron sepultados 11 metros bajo las capas de lodo. De los restos de aquella cultura solo quedan leyendas y un reguero de pequeñas esculturas que se encuentran esparcidas por toda la tierra. Eran figuras femeninas, con grandes pechos y caderas voluminosas que representan la fertilidad de la diosa madre. Estas imágenes se hicieron en la mayoría de las culturas agrarias e ilustran una fase de la humanidad donde la mujer tenía una consideración social preponderante, gracia y favor que después perdió en beneficio de los hombres.
Siglos más tarde del gran diluvio (…) los hombres de aquellos lugares mantuvieron el nombre de Inanna y lo relacionaron con Nin- un. (En sumerio, Nin “mujer” un, “cielo”) "Reina del Cielo". En Uruk se hizo un templo en su memoria y se le llamó la casa del cielo y en cierta manera era así, ya que en realidad se trataba del templo de la lujuria, la libertad sensual femenina y las iniciaciones sexuales relacionadas con el amor sagrado.
En las excavaciones de Uruk se encontraron innumerables tablillas de barro que narran la vida de Inanna. Los versos amorosos son ejemplares, las oraciones y cantos a la vida también, y las gestas de Gilgames nos describen otros pormenores a destacar. De estos relatos se puede extraer la importancia que tenía la mujer en aquella cultura y la pérdida de influencia al declinar su poder. A decir verdad la figura de la diosa madre ha pervivido hasta la actualidad. Tuvo su credo entre las culturas andinas con la Pachamama, en Brasil con Yemanjá, diosa venida de los pueblos de África y también en los confines de Asia donde en China le llaman Kuan yin, Los sumerios le llamaron Inanna, o Nanni, Ishtar le llamaron los acadios , Isis los egipcios, Demeter, Afrodita los griegos, Astarté los feniciós, Cibeles, Proserpina los romanos y si abrimos los ojos y admitimos las variables; ¡es la María de los cristianos…!

Inanna era una deidad con atribuciones importantes en la sociedad sumeria de Uruk. Se la representa con grandes pechos acompañada de lechuzas, con alas y garras de águila y con el símbolo de la estrella de ocho puntas, Venus. Controlaba el tiempo con el reloj de su cuerpo, ordenaba las cosechas con los ciclos de la luna, protegía la fertilidad con su sangre menstrual, bendecía los hijos con la leche de sus pechos, contaba las mercancías con los dedos de la mano igual que cuentan los días de falta las mujeres de hoy en día. Lo más importante en su hacer vital era enlazar a los hombres con las mujeres; ¡estaba siempre presente en el lecho del amor! Su templo era el lugar de los encuentros divinos y las relaciones amorosas tenían una conexión directa con lo sagrado. Todavía hoy existe el sentimiento de que el acto amoroso es un ritual de renacimiento y purificación, especialmente si en él media el amor y el deseo y no queda entorpecido por otros intereses.
En la leyenda de Gilgamés se cuenta que Inanna custodió el árbol de Huluppu, quizá es una alusión al árbol del paraíso, el árbol del jardín sagrado. (Ella era agricultora y recolectora y de esta manera se expresa su época por la boca del poeta sumerio.

En los primeros días cuando todo lo necesario fue traído a la existencia
En los primeros días cuando todo lo necesario fue bien nutrido. . .


La madre tierra nutre bien a sus hijos y la mujer supo plantar la higuera y cercar el corral para alimentar a los suyos. Un arrumaco germinal propio de la mujer que riega los geranios, un gesto que todavía se hace en las casas que disfrutan de un pequeño jardín. Ella plantó el árbol de huluppu junto a la puerta de su casa, lo hizo para comer de él, para tener sombra en verano y desfrutar del fresco de la noche y más aún, para mecerse entre sus ramas y sentir el placer de los besos mientras contemplaba los resplandores de la luna. Pero el árbol creció y una gran serpiente empezó a anidar en las raíces, el pájaro abzú se instaló en la espesura alta e hizo el nido para tener sus crías. Para colmo de males, un león merodeaba la casa y dejó a Inanna prisionera en su jardín venerable.
Gilgamés, el héroe masculino, se apiadó de ella y con su gesto “heroico y protector” cambió el curso de la historia. Mató la serpiente, estranguló al león y ahuyentó a abzú; el pájaro dorado huyó motivado por el humo de los saqueos y los incendios. Después de esto Gilgamés se puso a pensar sobre el camino que debía seguir; ¡pienso que de todos es bien conocido lo que siguió después! Cortó el árbol y le dio a Inanna la madera necesaria para hacerse un lecho, palitos para la costura y objetos de música para entretenerse. También pudo hacerse un telar para tejer y un bastidor para bordar. Él se hizo un tambor grande, un instrumento atronador y poderoso para que todos escucharan su voz y temblaran de temor. Con él pudo invocar a sus guerreros y con el resto del tronco hizo construir las armas y forjar los carros de combate; hizo todo lo necesario para derrotar a sus enemigos.
De esta manera el reino masculino desplazó el poder de la diosa madre, figura que quedó relegada a los templos y a los dominios del hogar; ¡triste historia, ni tan siquiera las feministas reivindican su figura!
Cuentan que igual que una semilla cae a la tierra y germina, Inanna bajó al inframundo para pedir cuentas de su derrota o para seguir el curso de la vida y muerte. Dicen que en realidad fue a los funerales de su cuñado Gugalanna, el toro del Cielo.  (Se sabe mucho sobre la fertilidad simbólica de los toros, muy poco sobre el arquetipo sexual). La escusa pública, la que ha dado la historia, es que fue a acompañar en el duelo a su hermana Ereshkigal. Para la ocasión del funeral se vistió la corona de las llanuras y se puso en el cuello el collar con las siete piedras de lapislázuli, en su muñeca lució el aro de oro, en el pecho emplazó el pectoral que aumentaba el valor sensual de sus pechos de madre. En la frente ensortijó sus cabellos y en los ojos se extendió los polvos oscuros, el rímel para atraer a los machos en celo. Sabemos que igual que entonces, la autoridad de los ojos oscuros es hipnótica. Los varones no pueden contener su poder y quedan seducidos al instante, o bien han de bajar la vista para esquivar el embrujo. Los sumerios llamaban a esa coloración tentadora, que venga , que venga. Todavía conserva el poder hechizante y algunas mujeres lo hacen servir para las noches de amor; otras lo pervierten en los cruces de carretera para ocultar los años.
Su fastuoso ajuar no le sirvió de mucho y su ejemplo seductor nos deja sentados en el trono eterno. En el encuentro con el guardián del hades, Inanna tubo que pagar con prendas, en cada control que pasaba le exigían alguna pieza de valor, así atravesó las siete puertas del inframundo hasta encontrar a su hermana. Ante ella quedó substancial y ligera; ¡totalmente desnuda y lúbrica!
Como Ida, su cuerpo se hizo memoria en el lodo, igual que Lucy quedó fundida en la piedra para que el revelado del tiempo nos presente su vida de manera diáfana.
Las cosas han cambiado mucho en este mundo de descreídos, de apáticos irreverentes, pero el arquetipo de la madre será siempre presente mientras las semillas germinen bajo tierra. 

domingo, 30 de diciembre de 2012

Ida y el astrágalo


Ida. Fósil encontrado en Messen Alemania. Darwinius masillae, en honor al 200 cumpleaños del escritor del “Origen de las Especies”


Ida y el astrágalo
Al inicio del Eoceno una columna de fuego rompió los estratos de la litosfera, pasó por grandes bolsas de agua creando vapor hasta que la presión de aquella gigante caldera rompió la capa superficial de la tierra con gran estrépito. Le sucedieron incontables convulsiones del mismo poder hasta que el fuego cedió y un cráter de gigantescas proporciones quedó abierto como testimonio de la terrible danza de los elementos. Primero el cráter se llenó de agua formando un lago de color azul y emanaciones sulfurosas. Su aspecto era sobrecogedor, en el centro se abría la puerta hacia las profundidades del infierno y a su vez, aquella garganta oscura era el futuro y se abría paso hacia la luz de nuestros ojos.
Fue muchos siglos después, en la primavera de una nueva era, cuando las temperaturas templadas y húmedas poblaban hasta los cascos polares, cuando las grandes montañas iniciaron su ascenso y una variedad de mamíferos vivían en Europa, que Ida se ahogó en aquel lago, hoy situado en Messen,  (Alemania).
Ida murió cuando era una niña en un intento de beber como lo hacía todos los días, pero en aquel momento las aguas traspiraban gases mortales. Tras sufrir un desmayo cayó en aquellos humedales y se ahogó en silencio. Su cuerpo se fue al fondo y poco a poco, lentamente, hizo un viaje hasta los lodos profundos quedando oculta entre las capas del tiempo. Desde allí lanzó un alarido, un grito de dolor que ahora resuena en nuestros oídos con la gravedad de la larga espera y el misterio de la evolución revelado. El polvo del tiempo se posó sobre ella, cada partícula le acarició los ojos, se filtró entre el pelo, se coló entre los dientes y la retrató dejando un registro preciso y maravilloso de su cuerpo.
La violencia geotérmica, el movimiento de las placas tectónicas, las altas temperaturas a que fueron sometidas las rocas sedimentarias donde dormía Ida, la dejó impresa en una placa de esquisto. Ida es el fósil de un mono-lémur con uñas, no garras, con el pulgar opuesto en cada mano para coger cosas y el astrágalo del pié preparado para caminar erguida. El astrágalo es la pieza singular que articula los huesos del pié con la tibia y el peroné, es el que permite la marcha bípeda y todavía nos soporta a los humanos 47 millones de años después del desvanecimiento de Ida.
La morfología y el detalle que presenta el esqueleto fósil es una maravilla, el 95 % es descriptible, suficiente como para anunciarnos que se trata del eslabón perdido, el origen de los senderos que dibujan la evolución humana.